Sectas: crueldad sin límites en Coronel Suárez

El horror por lo ocurrido con el secuestro y tortura de Sonia Molina, no deja de alarmar a propios y ajenos. Si bien, por la pequeña estructura del grupo, muchos sostienen que no se trata de una secta, el caso muestra hasta dónde puede llegar la manipulación psicológica. Especialistas analizan el caso para INFOnews

Sonia Marisol Molina vivió una verdadera pesadilla. El sometimiento del que fue víctima, por parte de la pareja Olivera – Heit, desembocó en una escena mucho más cruel que las que pueden verse en cualquier película de terror. Fue secuestrada y torturada durante tres meses por una pareja en Coronel Suárez. Pero, ¿cómo es posible tanta maldad? ¿Por qué una persona se somete a semejante dominación?

Jesús Olivera, el hombre acusado de sometimiento, detenido.

Jesús Olivera, el hombre acusado de sometimiento, detenido.

De acuerdo al médico psiquiatra, Harry Campos Cervera, lo sucedido en Coronel Suárez tiene que ver con “un sistema de creencias patológicas no muy distantes de las que tienen varias religiones. De hecho, durante la inquisición, la Iglesia católica forzaba a la tortura en nombre de Dios. Porque en nombre de Dios parece que todo es posible”.

De este modo, Cervera sostiene que el caso no tiene elementos de perversión ni de psicopatía, porque el sometimiento del que Sonia Molina fue víctima se desarrolló en el marco de una “humillación santa”.

Ahora bien, ¿Por qué una persona podría entregarse a semejantes torturas? “La persona que es víctima de un sistema patológico de creencias está convencida de que el maltrato que sufre es necesario, su voluntad está apoderada por un ideal”, aseguró el médico psiquiatra. ¿Cómo se llega a semejante estado de dominación? Ni más ni menos que mediante mecanismos de manipulación psicológica.

“La manipulación es la vieja técnica de lavado de cerebro. Se humilla a la víctima hasta quebrarla, y una vez que su Yo quedó destruido se le ofrece una posibilidad de salida, de resurrección, y así se va construyendo un ideal nuevo, diferente”, explicó Campos Cervera.

Estefanía Heit, la periodista que participó del secuestro y las torturas

Estefanía Heit, la periodista que participó del secuestro y las torturas

De esa manera se desarrolló el caso de Coronel Suárez, donde Jesús Olivera –el principal sospechado por el sometimiento- se presentó ante Sonia Molina como un pastor con múltiples proyectos solidarios, que hasta la ayudaría a cumplir su sueño de estudiar abogacía. Con ese discurso consiguió que su víctima se fuera alejando de su familia, hasta construirle un universo de mentiras donde Olivera parecía ser el único salvador posible.

Afortunadamente, en la víctima “primó el instinto de supervivencia por sobre el del ideal religioso”, analizó el psiquiatra. Es posible que Sonia haya detectado “el nivel de locura de sus captores o que haya temido por su propia vida”, lo que le permitió salir del cautiverio; hecho que antes no había sido posible, cuando la policía indagaba sobre su paradero.

¿Cualquier persona podría ser víctima de una secta? “Eso depende de las habilidades que el grupo religioso tenga para detectar las carencias de la víctima y ofrecerle propuestas de salida”, alertó Campos Cervera.

“Las víctimas están convencidas de que el maltrato que sufren es necesario, su voluntad está apoderada por un ideal”

El aprovechamiento de crisis personales

Por su parte, el periodista especializado en sectas, Alfredo Silletta, asegura que el caso de Coronel Suárez, por su pequeña estructura, no es producto del accionar de una secta, sino más bien de un grupo que ejerce “manipulación psicológica sobre la víctima”.

El autor de Sectas, el paraíso es un infierno, entiende que Sonia estaba atravesando una “crisis personal, de inestabilidad emocional o laboral” frente a la cual sus secuestradores sacaron provecho, y mediante “el bombardeo del amor” la llevaron a aceptar la invitación de mudarse junto a ellos a Corones Suárez –Sonia era de Río Negro-.

“Ya en la vivienda sufrió las típicas técnicas de manipulación y quiebre del pensamiento. Aislamiento social, presiones psicológicas, físicas, anulación de la privacidad, privación del sentido del tiempo, rechazo de valores anteriores, abuso verbal, abuso sexual, cambio de dieta y toda clase de tormento para convertirla en la primer adepta del grupo”, comentó el investigador en sectas en su columna publicada en Diagonales.com. Y más allá de lo terrible y asombroso que resulta el caso, hay una pregunta que la propia madre de Sonia hizo públicamente, y que resulta inquietante: ¿Cuántas más Sonias estarán siendo sometidas en este momento?

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