Sanar con el tacto

Los accidentes cerebrovasculares se consideran una de las mayores causas de invalidez. Los fármacos actuales pueden desobstruir arterias si se atiende a las víctimas a tiempo. Sin embargo, cuanto más se retrase la ayuda, más neuronas perecerán por falta de sangre. También con mejores métodos para impedir ese daño cerebral se beneficiaría la vida de las personas afectadas. Un equipo de neurocientíficos ha dado con un método de tecnología mínima que evita por completo el daño cerebral en los múridos: rozarles los bigotes.
Los investigadores, dirigidos por el profesor Ron Frostig, de la Universidad de California en Irvine, indujeron ictus en ratas bloqueando una arteria que va al cerebro. Después, estimularon los bigotes de los roedores con el fin de medir la actividad cerebral de los animales y averiguar cuánto mermaban sus funciones sensoriales. Descubrieron, en cambio, que si hacían vibrar una sola de esas barbas antes de transcurridas dos horas del bloqueo vascular, las neuronas que normalmente hubieran perecido, continuaban funcionando. Las ratas no padecieron ni parálisis ni déficits sensoriales. No se sabe con certeza el mecanismo exacto del efecto protector, pero parece implicar una redistribución de sangre a través de vasos cerebrales no lesionados.
Una investigación de seguimiento, publicada en Stroke en febrero de 2011, reveló que no importa la pauta del estímulo (aunque más es mejor). Otras investigaciones del laboratorio de Frostig han mostrado que la estimulación no tiene por qué ser táctil: los pitidos acústicos previenen asimismo las lesiones.
La implicación de esos resultados en personas afectadas de un ictus resulta apasionante, sin embargo, no existen garantías de que estimular a estos sujetos con música o palparles áreas sensibles, como la cara o las manos, vaya a ejercer el mismo efecto que en los múridos. El tamaño del encéfalo de la rata, muchísimo menor, podría haber facilitado la recuperación. No obstante, Frostig se muestra cautamente optimista. «Se podría ayudar a las víctimas antes de que llegase la ambulancia; mucho antes de que recibieran cualquier tratamiento». Con todo, tampoco perjudicaría a los afectados hablarles o apretarles la mano de camino al hospital, opina el investigador.

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