SAMURAIS -LOS GUERREROS DEL JAPÓN

Samuráis, los guerreros de Japón
En el siglo XVII los samuráis se quedaron sin guerras en las que combatir. No
abandonaron por ello la práctica de las armas, ni su ética basada en la lealtad y el
sacrificio. De hecho fue entonces cuando se forjó su mito.

La figura del samurái, el guerrero japonés, está tan envuelta por
el mito y el romanticismo que se hace extremamente difícil
separar la leyenda de la realidad. Sí que es cierto que el samurái
fue un producto de las circunstancias históricas de Japón, de
una larga evolución social y política que culminó en los siglos
XVII y XVIII con la configuración de una verdadera cultura
samurái, que persiste hasta la actualidad. Tras haber defendido
las fronteras de Japón durante siglos y librado interminables
guerras feudales, finalmente en el siglo XVII llegó la paz, pero la
figura del guerrero japonés siguió causando admiración por su
original ética y su maestría en las artes marciales. En los siglos
IV y III a.C. aparecieron en Japón unas élites armadas en los
grupos tribales que formaban pequeñas entidades sociales y se
fueron convirtiendo en grandes clanes sometidos al poder
imperial. Había hasta 17 categorías de samuráis y se esperaba
de ellos que respondieran lealmente a su señor, y acudieran a
la guerra aportando su caballo y sus armas, principalmente
arcos y sables. La vida de los samuráis se guiaba por los valores
del bushido, o «vía del guerrero», el código de honor samurái
que cristalizó en el siglo XVII, pero que ya estaba presente desde
el siglo VIII: sus valores eran la bravura, la justicia, el honor y la
fidelidad. Además, junto con el principio del cumplimiento del
deber, a los jóvenes samuráis se les inculcaba el desprecio a los
bienes materiales, al dolor y, sobre todo, a la muerte.

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