Salieri, ¿el envenenador de Jorge Luis Borges?

HONGOS

“Todos somos Bioy”, dice uno de los asistentes que acaba de subir las escaleras y Nélida Pessagno asiente: “Todos somos Bioy”, repite y se da la vuelta y vuelve a saludar a la gente que empieza a llegar hasta el primer piso de la Casa Leopoldo Lugones, una de las sedes de la Sociedad Argentina de Escritores, donde ella es vicepresidenta. Cada asistente sostiene en sus manos fotocopias de la entrevista a María Kodama publicada en La Nación, que se reparten en la entrada, donde se acusó a Bioy Casares no sólo de ser “un cobarde” por revelar las conversaciones privadas con su amigo sino también de ser “el Salieri de Borges”. Para eso se organizó esta reunión: quieren desagraviar al autor de La invención de Morel. La convocatoria estuvo a cargo de Alejandro Vaccaro, contador público y coleccionista, y hoy también presidente de la SADE. En la misma mesa, Roberto Alifano escucha las adhesiones a esta reunión y se prepara para intervenir con el recuerdo de uno de los diálogos que mantuvo con Borges (Alifano es autor, entre otros, del libro El humor de Borges) en el que a pesar de que Borges le llevaba a Bioy más de diez años, el autor de El Aleph reconocía que, en muchos aspectos, “Bioy era en realidad, y secretamente, el maestro”. Alifano comienza su intervención con lugares comunes (“Borges y Bioy tuvieron una amistad muy intensa: una entrañable amistad de 56 años”) para continuar con extrañas sentencias (“Buena parte de la obra de Borges está hecha en colaboración con Adolfo Bioy Casares”). Y, por último, Alifano se empeña en contextualizar esa afirmación (Bioy, “Salieri de Borges”) porque para él decir eso, “además de ser una ofensa gratuita, es un verdadero disparate”. Y se explica: “Primero porque Salieri no fue un deshecho humano; no fue una mala persona y tampoco fue, como está demostrado, el que envenenó a Jorge Luis Borges”. (Silencio). Vaccaro mira a Alifano, Alifano mira a Vaccaro. “Perdón, a Mozart. (Risas tímidas). “Un acto fallido”, intenta arreglarla Alifano y la reunión continúa con el peso de ese acto fallido y las críticas a Kodama: “Creo que estas palabras hay que tomarlas de quien viene: una señorita que, bueno, lo acompañó a Borges, fue un poco la enfermera de Borges, y tiene intereses… económicos, obviamente. Ella vive de los derechos de Borges”, concluye Alifano. Y ellos, digamos, viven de las sobras.

 

El amanecer de los muertos

Es madrugada de domingo y por la zona de Juan B. Justo y Charcas deambulan dos novias adolescentes, con ramos desvencijados, abrazadas a otro sujeto pintado y vestido de negro. No enfilan hacia una fiesta de disfraces. Ni tienen intenciones de organizar una heterodoxa ceremonia de casamiento. Pocas horas después participarán de la 6° edición de la Zombie Walk Buenos Aires. La caminata comenzó en Plaza San Martín y participaron miles de personas manchadas con sangre de fantasía. Además de la propuesta de caminar como zombie por las calles del microcentro hasta el Obelisco, el evento tuvo un lema (“sea un zombie solidario”) y un objetivo: donar alimentos no perecederos a la Fundación Sol Naciente. Son diversos los títulos recientes que intentan analizar este fenómeno global.The Walking DeadApocalipsis zombi ya (Errata Naturae) o Quédense dentro y cierren las ventanas (Consonni), pueden ser sólo dos ejemplos, donde varios autores analizan tanto la producción televisiva como la figura del zombie en el arte contemporáneo. Espejo invertido de la figura del indignado, contraparte nerd del activista, para los filósofos políticos Michael Hardt y Antonio Negri el zombie es la metáfora más apropiada para caracterizar el dominio del capital. Por su parte, Jorge Fernández Gonzalo, que además de poeta español, es autor del ensayo Filosofía Zombi (Anagrama), intenta sumergirse en el concepto desde La epopeya de Gilgamesh hasta la posmodernidad, para tratar de entender “el entorno mediatizado que nos rodea: desequilibrios financieros, pasiones reducidas al pastiche de su expresión hiperreal, modelos de pensamiento afianzados por el poder y consolidados en la puesta en práctica de la maquinaria capitalista”. El autor termina por relacionar al muerto-vivo con el Narciso, ese hombre que se tiene a sí mismo como ideal, cuya vida es esclava de sus apetitos en cada instante y que, por tanto, va perdiendo su identidad. Inquietante.

 

Los editores quieren romances, no cuentos

Hace tiempo que Santiago Roncagliolo tiene ganas de publicar un libro de cuentos. Ya está escrito. Ya lo tiene el editor. Y sin embargo nunca sale. Así se lo contaba al argentino Guillermo Martínez en el cóctel que organizó El Ateneo en el festejo de su centenario. El escritor peruano confiaba que los editores nunca están desesperados por publicar cuentos. Ese es un problema. Y el otro problema es que él trabaja demasiado. Siempre entrega un nuevo libro. Por estos días, además de ser jurado del Premio Clarín de Novela, presenta El amante uruguayo, una investigación sobre Enrique Amorim, el amor oculto de García Lorca.

 

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