Ruptura sindical en tiempos borrascosos

Tras la llegada al poder de Aramburu, la Confederación General del Trabajo (CGT) fue intervenida. Dos años después se convocó a un Congreso normalizador, cuyo resultado más tangible fue el nacimiento de las 62 Organizaciones.
El triunfo de la “Revolución Libertadora”, en septiembre de 1955, significó un reposicionamiento del movimiento obrero en general y del sector peronista en particular, que mantuvo una relación de acercamiento con el gobierno de Eduardo Lonardi. Su breve gestión, que intentó llevar al plano sindical-laboral su consigna “ni vencedores ni vencidos”, sufrió las acechanzas de los grupos antiperonistas más liberales dentro de la coalición cívico-militar en el poder. Fue la antesala de una política de confrontación con la mayoría del sindicalismo -en especial peronistas y comunistas-, con excepción de los sectores gremiales afines a la nueva administración, liderados por socialistas y anarquistas. Tres días después de ser desplazado Lonardi y sus funcionarios de la Casa Rosada, el nuevo presidente, Pedro E. Aramburu, firmó el decreto-ley 3032/55 a través del cual dispuso la intervención de la CGT, que hasta el momento seguía controlada por el peronismo, y designaba en el máximo cargo al capitán de navío Alberto Patrón Laplacette. En el decreto figuraba sólo como “Don Alberto Patrón”. El Laplacette (apellido materno) fue agregado para evitar suspicacias del tipo: “un patrón en la casa de los obreros”. En el mismo texto se declaraba ilegal la huelga por tiempo indeterminado impulsada tras la asunción de Aramburu, y se creaba una “Comisión Investigadora Administrativa Especial”, a cargo del coronel de intendencia Francisco José María Paso Viola, con el fin de detectar supuestas irregularidades en la central obrera en tiempos del peronismo. Un día antes del decreto, había asumido Raúl Carlos Migone como ministro de Trabajo, que se había desempeñado hasta el golpe en instancias internacionales. La situación laboral, signada por la pérdida del nivel adquisitivo del salario y los conflictos sindicales1, obligó al gobierno de Aramburu a utilizar cuatro ministros en poco más de dos años. Otra muestra del cambio de política laboral que encaró el nuevo gobierno fue su aproximación a la dirigencia de los sindicatos antiperonistas. En ese objetivo, Aramburu tentó al dirigente gráfico Sebastián Marotta con el cargo de ministro de Trabajo, pero el veterano militante anarquista rechazó esa propuesta, aunque mantuvo un contacto estrecho con los funcionarios “libertadores” durante toda la administración. “Señor Presidente, le agradezco enormemente su ofrecimiento pero no puedo aceptarlo. Créame, general, que soy mucho más útil en mi organización. No tome a mal mi rechazo”, le respondió Marotta a Aramburu. El mismo día en que el nuevo mandatario firmó el decreto de intervención de la CGT, Patrón Laplacette se dirigió al edificio de la central obrera, que le fue entregado por sus máximas autoridades: Andrés Framini y Luis Natalini. En la flamante misión, el marino se rodeó de colaboradores de su misma arma para los cargos principales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *