Rodríguez Juliá: “El vecino nos interesa sólo cuando nos molesta”

Lo familiar y lo nacional se tocan en la obra del puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá (1946). Y esa es una decisión de vida en un país colonizado. Aquí, en la redacción de Ñ en la Feria del libro, algo trasluce esta historia cuando habla de La piscina (Corregidor), su nueva novela, un retrato crudo de una generación que es la suya. Juliá toma distancia de los autores caribeños que eligieron escribir en inglés, habla de la porosidad de nuestras fronteras, y se queja del poco espacio que hay en los medios para la crónica.  En ese sentido, admite que en Internet ha visto cosas buenas, pero advierte sobre lo que considera un problema: “la disciplina que imponían los diarios no la imponen los blogs”.

También, de manera tangencial, habla de política Rodríguez Juliá, cuyas crónicas más famosas han sido publicadas en nuestro país bajo el sello Beatriz Viterbo. Allí retrató a Fidel, por ejemplo, una figura de la que habla con ternura pero sin ahorrarse una sola crítica. Justamente, en este último libro, cuenta el desenlace de un partido de béisbol entre Puerto Rico y Cuba, un año antes de la revolución.  Una especie de marca para las relaciones en el Caribe. Lo que sigue es la entrevista con un autor que siempre escribió contra su comunidad, una grata sorpresa en esta buena idea que es el diálogo de escritores latinoamericanos en la feria.

Yendo al contexto, al caribe, a Puerto Rico, un país colonizado, ¿qué espacio hay para discutir los grandes temas desde la literatura, la intelectualidad?
Cada vez menos. Es una sociedad, como todas, muy mediatizada por el consumismo y muy coartada para la reflexión. Hay poca reflexión sobre lo que se escribe. Sí hay una opinadocracia que es parte de ese consumismo degenerado de nuestra sociedad.
Vamos mal entonces, la forma y el contexto del periodismo, la crónica, la escritura, decaen. 
Yo soy muy pesimista. (risas)
Pero no ha dejado de escribir…
Claro, yo sigo escribiendo crónicas, lo que pasa es que son secretas, porque el periódico ya no me las publica. De hecho ahora estoy escribiendo una crónica autobiográfica. El arco de la música, la salsa, el jazz, la música clásica, a través de mi vida. Pero no se qué voy a hacer con eso. Estoy volviendo a la novela, porque la crónica, que me apasionó durante tantos años, ya no tiene espacio. Y no tengo tanto nombre a nivel internacional como para poder publicar fuera de Puerto Rico.
Los escritores caribeños, sobre todo los de Puerto Rico tienen ese problema, no trasvasan la frontera, a excepción de los cubanos, claro…
En realidad los únicos conocidos son los cubanos. La literatura cubana tiene excelentes escritores, pero la nuestra también. Quizá la nuestra sea menos preciosista que la cubana, porque (José) Martí le dio esa cualidad aún en la crónica. Mencióname un escritor dominicano…
Junot Díaz
Sí, pero escribe en inglés. Y eso es un problema para nuestra literatura. Yo pasé por una experiencia traumática, en Venezuela. Un autor uruguayo me dijo que si yo quería tener éxito, debía ser gringo, escribir en inglés. Estamos tan cerca en la memoria pero tan lejos en la lengua.
Bueno, la política tiene mucho que ver en esto. Ahora, en el presente, qué influencia tiene el proceso venezolano o el cubano, ambos en transición, sobre la mirada puertorriqueña…
En 2000 escribí un retrato de Fidel Castro, una crónica sobre mi visita a Cuba. Y ya era un retrato de la decadencia. Y lo de Chávez me interpeló mucho. Yo le decía a mi amigo Sergio Ramírez que si tuviera 20 años menos estaría en ese entierro. Me provoca mucho la realidad de la cuenca caribeña, pero ya he tomado cierta distancia.
En ese sentido, La piscina, su último libro, es un símbolo de esa distancia, de este tiempo suyo…
Sí. Porque tiene una preocupación fundamental, por la edad y la época. Edad porque cubre un arco autobiográfico, y época porque es el tiempo de la transformación de esa sociedad. Me costó mucho escribir esta novela, hubo un momento en que no tenía la técnica, la sabiduría ni la ecuanimidad emocional para hacerlo. Y bueno, aquí está, y no está tan mal, yo considero que aquí va todo lo que podría decir sobre mi persona y sobre esa sociedad.
Dicho así, suena a despedida.
Es que estoy planificando una piscina (risas)
El personaje del libro es un arquitecto, ¿usted se dedicará a eso?
Quise ser arquitecto, pero la razón fundamental por la que no lo fui, se debe a mi dificultad con la matemática. Y es un libro de mi generación, porque allí esta retratada gran parte de la problemática existencial y social de mi generación.
Una vida compleja, que atraviesa por situaciones difíciles, interpeladoras, termina conformándose con la piscina. Es conformista, pero sobre todo nihilista…
Sí, es el desconsuelo del tiempo y del fracaso. He conocido a mucha gente de mi generación muy derrotada. Yo no me identifico en ese sentido con el personaje. Pero conozco a mucha gente que, sobre todo en los años más recientes, ha tenido esa tesitura.
¿Qué tan palpable es ese sentimiento de derrota?
Imagina que es una generación que nace en los 40, todavía con la ruralía. Llegan los Estados Unidos, muchos de nosotros nos formamos en los EE.UU. Viene también la guerra de Vietnam, muchos de nosotros fuimos a esa guerra. Es demencial. Y luego está la modernidad, con el problema social de las drogas. Y están nuestras tensiones raciales, que fueron fundamentadas con la esclavitud.
También hay humor en el libro. A través del sexo, o con ese partido de béisbol entre los cubanos y ustedes, que es algo premonitorio, terminan a los golpes…
Claro, fue el último año en que participó Cuba en la serie del Caribe. Al año siguiente vino la revolución.
¿Y cuál es el valor simbólico de esa pelea?
Cubanos y puertorriqueños nos hemos llevado casi siempre bien. Pero ese fue un umbral. Los imperios nos separaron. El bloque soviético y los imperialistas nos separaron. Se rompió el tránsito a nivel humano, aunque a nivel ideológico siempre hubo mucha comunicación. Y a nivel cultural también, yo he participado en Casa de las Américas como jurado. Pero la proximidad humana que había entre nosotros se rompió.

¿Sobre qué escribe ahora, qué temas le interesan después de esta obra final?
Cada vez me interesa más el tema criollo que va a Europa y vuelve, como Oller (el pintor). Ahora estoy escribiendo una novela de Antonio Paoli, un tenor de la talla de Caruso, que estrenó aquí en el Colón. Su vida se fue achicando, degradando con el regreso a Puerto Rico. Murió en 1946, pero su último tiempo fue muy penoso.

Son temas latinoamericanos. ¿También lee literatura latinoamericana? ¿A quiénes ha descubierto?
La literatura me interesa como práctica. Pero entre los últimos escritores que he descubierto, hay muchos argentinos. César Aira fue una gran revelación. Y con Saer quedé deslumbrado. Y estoy releyendo a Roberto Arlt. Me entusiasma Tom Toibin, releo siempre a Henry James.

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