ROBESPIERRE Y LA REVOLUCIÒN

Robespierre y la Revolución

Tras su caída del poder y su ejecución en la guillotina, Robespierre fue vilipendiado por muchos, que le culparon de los excesos del Terror revolucionario y lo presentaron como un fanático. En realidad, Robespierre, sostenido por los jacobinos, encarnó la tendencia democrática de la Revolución, y su obra de gobierno se caracterizó por la lucha en favor de la igualdad real de todos los ciudadanos.

 

¿Dónde forjó Robespierre el carácter serio y disciplinado que le caracterizaría durante toda su vida? El líder revolucionario perteneció a una familia de simples burgueses, tuvo cuatro hermanos y quedó huérfano a los 8 años al morir su madre durante un parto. Posteriormente, su padre abandonó a los niños dejándolos a cargo del abuelo y varias tías. Convertido casi en cabeza de familia cuando aún era un niño, Robespierre dedicó muchas horas al estudio –leyó con pasión a Rousseau y Montesquieu– y probablemente se solidarizó con la causa de los pobres. Su abuelo le consiguió una beca de estudios para ingresar en el Louis le Grand de París, donde fue un pobre en un colegio de ricos. Pero una vez más destacó por su esfuerzo y dedicación, por lo que en 1775 fue elegido para pronunciar, en nombre del colegio, un discurso de bienvenida a Luis XVI y a Maria Antonieta, justo después de que los monarcas hubiesen sido entronizados. En 1787, con la Revolución a punto de estallar, Robespierre aún consideraba que un proceso revolucionario en Francia no serviría para curar los males. Sin embargo, una vez elegido diputado del tercer estado de Arras –y representando al gremio de zapateros– durante la convocatoria por Luis XVI de los Estados Generales, radicalizó su actitud en torno a la nobleza y la Iglesia. Un noble expresó el temor de que Languillete, el jefe de los zapateros, pudiera llegar a ser un día alcalde de Arras. Robespierre, el día de su elección, respondió: “Todo va a cambiar en Francia; si, muy pronto este pobre Languillete no podrá reposar: los Languillete se convertirán en alcaldes y los alcaldes serán personas como Languillete”. Robespierre fue uno de los más brillantes oradores de la Revolución, pero también se le imputó ser artífice del Terror, organizando la represión contra los enemigos de los ideales revolucionarios.

 

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