RIÑAS A PROPOSITO DE TOROS Y COMEDIAS

La vida del Montevideo Colonial resulto más de una vez sobresaltada por reyertas entre las autoridades, que si no redundaron en beneficio alguno para la ciudad, al menos sirvieron de sustancioso entretenimiento y pasto de habladurías al vecindario. Así fueron las que protagonizo un malhumorado gobernador de esta plaza, don Antonio Olaguer y Feliu , a fines del siglo XVIII, quien tuvo encontronazos con el Cabildo de entonces, generalmente por cuestiones de protocolo y precedencias. Así, el 24 de noviembre de 1794 se celebraba en Montevideo una corrida de toros. Y durante su transcurso se produjo una escandalosa trifulca entre algunos cabildantes y el ayudante del Gobernador, Estevan Liñan. Parece que era costumbre que los cabildantes tuvieran su palco propio y exclusivo en la Plaza, en el cual nadie mas que los regidores podía permanecer. Y este Liñan penetro al palco para plantear un asunto relativo a uno de los toreros que participaba esa tarde en la corrida; pero concluido el tema que lo había llevado, el hombre no se retiro. Inmediatamente el Alcalde de Segundo Voto, de muy buenas maneras, le hizo notar que debía marcharse del palco del Ayuntamiento. El otro protesto, se entablo una acalorada discusión, y al final Liñan se marcho enfurecido. Pero corrió a darle parte de lo ocurrido al Gobernador Olaguer y Feliu. Dos días después, este, en un oficio, le pide cuentas airadamente al Cabildo de su actitud. Le replica el Cabildo que quiso evitar una infracción a las ordenanzas en vigor y observar la costumbre tradicional de no permitir ninguna presencia ajena en el palco del Ayuntamiento; pero esta explicación no satisfizo al iracundo Gobernador, quien le advirtió al Cabildo que de ningún modo iba a permitir que se le negase la entrada a su ayudante. Atemorizado, el Cabildo termino, aceptando sumisamente la imposición para evitar mayores escándalos. Y tan lejos fue en su acatamiento, que hasta autorizo al Ayudante del Gobernador a dar la señal de comenzar la corrida , contraviniendo asi las ordenanzas, que indicaban expresamente que debía hacerlo el Alcalde de Primer Voto.

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