Retorno al mundo de lo sagrado y lo inquietante

HONGOS

El siglo XX ha dado tres notables e internacionalmente famosos mitólogos: el rumano Mircea Eliade, el suizo Carl Gustav Jung y el norteamericano Joseph Campbell. A cada uno de ellos los caracteriza la vocación por el rastreo y estudio de los símbolos míticos y sus transformaciones a través del tiempo, pero especialmente los une el interés por encontrar un fondo común que justifique la presencia universal y variada de las manifestaciones del mito. Eliade ha encontrado el fundamento unificador en la historia comparada de las religiones; Jung, en lo inconsciente colectivo y Campbell en la sophia perennis. En los tres casos también ha amalgamado la intuición singular la percepción de lo sagrado como experiencia humana del mysterium fascinosum, augustum y tremendum de “lo totalmente Otro”, anticipada por el fenomenólogo de la religión Rudolph Otto, por la inspiración e influencia efectiva que ejerció en los concurrentes a las reuniones anuales de Azcona. Hay también que reconocer, que de los tres investigadores mencionados el que hizo los mayores esfuerzos para que la relevancia de los mitos y símbolos se difundiera en los planos más accesibles de la cultura occidental durante la segunda mitad del siglo XX, fue Campbell.

Años de formación

Campbell nació en White Plains, Nueva York, en una familia católica, en 1904. Agotará la existencia en Honolulu en 1987, con ochenta y tres años. Estuvo casado durante cuarenta y nueve años con su ex alumna, la bailarina Jean Erdman. Fue docente por cuatro décadas en el Sarah Lawrence College. Poseía una sólida formación humanística, pues había realizado estudios universitarios de lenguas y literatura inglesa medieval, francés antiguo y alto alemán, ampliándolos con el conocimiento del provenzal y el sánscrito. Asimismo era buen conocedor de lenguas modernas, incluido el japonés. Estos instrumentos lingüísticos le permitieron una vez que encontró el suficiente aliciente, familiarizarse con filósofos modernos como Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, pero también con las filosofías hindú, budista y del Extremo Oriente.

Desde niño se sintió atraído por la cultura de los pueblos nativos norteamericanos a través de los artefactos conservados en los repositorios de historia natural, incitada su sensibilidad fue desocultando posteriormente su facultad imaginativa mediante las lecturas de Thomas Mann y de James Joyce, la frecuentación de las obras de arte de Paul Klee y Pablo Picasso y la aproximación personal al novelista John Steinbeck y al biólogo marino Ed Ricketts. Pero gracias especialmente al acceso a los estudios del indólogo Heinrich Zimmer logró estabilizar y profundizar sus aspiraciones de absoluto, encontrando finalmente una base empírica para responder a sus inquietudes espirituales en la psicología psicoanalítica de Carl Jung y en determinadas manifestaciones de la plástica contemporánea.

De este modo fue elaborando una original cosmovisión que expuso sucesivamente en sus libros, e incluso en medios de difusión audiovisuales: El héroe de las mil caras (1949), volumen por el que comenzó a ser conocido y que expone un monomito bajo la denominación del “ciclo del viaje del héroe”; Las máscaras de Dios (1959-l969), obra sistemática en cuatro partes, mitología primitiva, mitología oriental, mitología occidental y mitología creativa en la que organiza mediante el método comparativo sus análisis de mitología y religión, El poder del mito, producción publicada póstumamente (1988) que incluye un amplio análisis de los arquetipos mítológicos, religiosos y psicológicos.

Finalmente nos debemos referir a su obra publicada en vida, Imagen del mito (1974, 619 ps.), el libro traducido al español por Roberto R. Bravo y publicado bellamente por El Hilo de Ariadna que aquí presentamos.

La representación mítica

Imagen del mito organiza la extraordinaria riqueza de sus imágenes (unas 435 ilustraciones) fiel al siguiente esquema de pensamiento que enhebra sus páginas: “Los sueños son una puerta abierta a los mitos, pues éstos son de la misma naturaleza de aquéllos, y que los mitos surgen, como los sueños, y al igual que la vida, de un mundo interior desconocido para la conciencia despierta.

En el Capítulo I abrimos esa puerta a los mitos a través de los sueños, y en el Capítulo II establecemos dos órdenes del mito: el primero, relativamente simple, es el de las tradiciones populares iletradas, de transmisión oral; y el segundo, considerablemente más complejo, el de las grandes culturas poseedoras de escritura, principalmente de Europa y Oriente Próximo, la India, el Lejano Oriente, Mesoamérica y Sudamérica, para culminar históricamente en la gran tríada representada por las “religiones mundiales” del judaísmo, el cristianismo y el Islam. Las estructuras fundacionales de esta mitología inmensamente influyente se identifican en el Capítulo II, mientras que en el Capítulo III se ilustran y discuten algunas diferencias importantes entre sus interpretaciones y aplicaciones en Oriente y Occidente.

Seguidamente, el Capítulo IV presenta en detalle un acercamiento oriental, a través del yoga, a una lectura psicológica de la simbología del mito; y, con el fin de mostrar la relevancia de esta lectura para las formas orientales y occidentales, he incluido ilustraciones de obras maestras tanto recientes y europeas como antiguas y orientales. Este capítulo representa el punto culminante de la exposición, seguido, en el Capítulo V, por un amplio examen comparativo de una serie de tratamientos literarios y populares de una figura ancestral y conocida del dios sacrificado. Por último, el Capítulo VI cierra el libro con una nueva consideración del mito como sueño y como vida, junto con el paradójico misterio del despertar”.

Por tanto, desde un fondo inmanifiesto potente y articulador, el surtidor de lo sagrado, emergen las manifestaciones de la vida, la fluencia de los sueños y la trama del simbolismo mítico que la humanidad transmite. El capítulo primero muestra una selección polifacética de imágenes coherentes que ilustran la afirmación. Para mencionar algunas: desde el nacimiento de Eva que surge del costado de Adán en profundo sueño, según lo ilustra Miguel Angel, pasando por el hindú Vishnu que sueña el universo, y las confirmaciones de Osiris como el juez de los muertos y el nacimiento de Fanes del huevo cósmico de la rapsodia órfica, hasta el alumbramiento de Mitra, la noche del 25 de diciembre, como el Niño Dios del cristianismo. De la oscuridad omnipotente, caos germinal, viene la luz que todo lo ilumina.

Desde el mismo fundamento sin base proviene asimismo el orden cósmico establecido con ritmo en el tiempo y el espacio, en cuyo ámbito se desarrolla la regularidad litúrgica, social, jurídica y comunitaria. Pero el cosmos es inseparable de su fuente nutricia Lo dicho es patrimonio tanto de las culturas ágrafas como letradas. La vertical entre la tierra y el cielo, el eje del mundo, a veces representado por el árbol de la vida, la organización en su torno materializada en calendarios, monumentos funerarios y figurillas afines, verifican el mensaje. La proliferación de pruebas extraídas del Próximo Oriente Antiguo y de las culturas indígenas centroamericanas, de México y de Perú se imponen por su presencia contundente.

La luz interior

Aquí también Campbell se dedica a describir las diferencias que se dan entre expresiones homólogas de los mismos arquetipos sagrados, bien se trate de la felicidad terrestre (Shri-Lakshmi javayana) o trascendente (Prajnaparamita), más próxima a la Sofía occidental, pero siempre ilustrando el modelo de lo eterno femenino. Al mismo tipo de precisiones analíticas conducen las representaciones similares pero de diverso sentido sobre la realización externa o interior y las ilustraciones ofrecidas sobre la Shakti, el paraíso de Amida, un ánfora cretense del penúltimo milenio anterior a Cristo o la imagen japonesa del Gran Sol Buda del siglo XIII d.C. Los apartados dedicados a las aguas inferiores y superiores y a la semilla de oro, examinan igualmente a través de la iconografía sin límites geográficos ni cronológicos los rasgos que adopta dentro del simbolismo sagrado el misterio de la fertilidad.y las delicias del eros, con una confluencia firme en una ciencia tradicional como es la alquimia, según el rescate contemporáneo de C. G. Jung.

El capítulo IV bajo el sugestivo título de “Transformaciones de la luz interior” esclarece el proceso experiencial que conduce hacia la unión con lo libre de sujeciones o absoluto. En este aspecto dentro de la enseñanza hindú el punto de vista yóguico provee de una vía segura que subyace a cualquier enfoque empírico eficaz y las sentencias fusionadas del gnóstico Evangelio de Tomás (77 y 108): “Jesús dijo: “…Yo soy el Todo. El Todo provino de mí y el Todo ha llegado a mí. Llegad a un madero. Yo estoy allí. Levantad la piedra y me encontraréis allí… El que beba de mi boca llegará a ser como yo. Yo también seré como él y las cosas ocultas le serán reveladas”, encierran la culminación de cuanto el hombre puede alcanzar. Imágenes serpentinas, del total desasimiento o vacuidad, bien sean gnósticas, hindúes, budistas, sumero-acádicas, o de la ascética y misticismo medieval convergen hacia este fin. El cultivo y descubrimiento espontáneo de los mándalas, nuevamente con la psicología junguiana, señala hacia la materialización de esta “búsqueda (inagotable) de felicidad”.

Finalmente en la parte final, el libro aborda las temáticas del “Sacrificio” y del “Despertar” y así se ratifica la entrega plena del hombre a lo absoluto, haciéndose sagrado y uno con este vuelco. Las ilustraciones de inmolación y anonadamiento del cierre se retrovierten sobre el conjunto del libro otorgándole un significado rotundo.

El volumen editado y difundido por El Hilo de Ariadna, agrega a la elegante edición, una amplia galería iconográfica, varios centenares de notas aclaratorias, un copioso índice de ilustraciones y otro onomástico y de contenidos. Leandro Pinkler abre la publicación con un prólogo preciso, claro y solvente que invita sin restricciones a la lectura y saboreo de la obra.

“Imagen de mito” se presenta este domingo 12 de mayo a las 19,30 en la Sala Sarmiento del Pabellon Blanco de la Feria del Libro. Leandro Pinkler será el encargado de hablar sobre el texto y su autor.

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