Retomando a Agueda y a las Amazonas

El imaginario mitológico y la historia nos proveen una fuente inmejorable para rescatar memorias que languidecen en la psique colectiva femenina que se recrean y se reinventan en nuestro presente vivencial y retante.

Cuenta la leyenda griega de unas mujeres guerreras habitantes de Capadocia, región de Asia Menor. Éstas se estirpaban el seno derecho para tensar mejor el arco y así lograr un tiro más acertado que les facilitara ser victoriosas en sus combates. Andaban con cascos, armaduras, arcos de bronce, escudos en forma de media luna y fueron las primeras mujeres que se organizaron en una caballería. Vivían en tribus matriarcales y se procreaban mediante relaciones esporádicas con los hombres, criando sólo a las hijas que nacieran. Se dice que construyeron el templo de Efeso, una de las siete maravillas del mundo. Distintas versiones relatan que las amazonas se enfrentaron al indomable Hércules quien las persiguió y casi las exterminó. Las amazonas que sobrevivieron esta espantosa matanza se escondieron en los montes de Albania o se esparcieron por distintas tierras hasta desaparecer como grupo.

La historia también nos cuenta de unas amazonas en Libia quienes invadieron a Egipto y partes de la Arabia donde fundaron cuidades hasta que fueron derrotadas, dejando un matriarcado replegado en Grecia, Asia Menor y África del Norte. También existen algunos datos imprecisos históricos y antropológicos sobre las Amazonas en Asia y en África específicamente en Dahomey donde fueron desapareciendo con la colonización francesa para finales de 1880. Inclusive hay referencia a ellas en América donde Orellana, un explorador del siglo XVI, encontró a un tribu de mujeres guerreras cerca de un río que luego llamó el Río Amazonas. Similarmente, por el río Orinoco de Venezuela hubo una tribu de “mujeres masculinas… de señalado valor…”

Lamentablemente, se desconoce que les sucedió a las distintas tribus de mujeres amazonas, ni si todas se cercenaban el seno derecho como nos cuenta la mitología griega, ni dónde fueron sus últimas moradas. Cierto es que han perdurado como una fuerza invencible en nuestro imaginario colectivo.

Por otro lado, nos cuenta la historia cristiana que para el tercer siglo existía en Sicilia una joven muy dedicada al cristianismo llamada Agueda. Su hermosura había atraído al gobernador romano de esa provincia, Quintianus, pero ella no le correspondía, ni se dejaba amedrentar por sus artimañas posesivas. Ante tal postura, que él consideraba insólita, atrevida e intolerable, Quintianus ordenó que Agueda fuera atada a un poste y que sus senos fuesen cortados con unas tijeras descomunales y su cuerpo embadurnado con vidrios. Por la noche, sin embargo, sus heridas sanaron y sus senos reaparecieron luego de aparecérsele San Pedro. Furioso con este milagro, Quintianus ordenó que quemaran a Agueda pero cuando la llevaban a la hoguera ocurrió un terremoto que frustró dicha orden. Agueda fue regresada a prision donde murió un 5 de febrero.

Agueda se ha convertido en la patrona de los senos y protectora de las mamas. Fue la primera mujer que sufrió la pérdida de sus senos, una mastectomía cruel y abusiva, y que logró sobrevivir y experimentar una transformación. Ella está consagrada en la Letanía de los Santos y en el Canon de la misa cristiana.

Redescubrir a las Amazonas y la valentía incalculable de Agueda abona al proceso sanador durante la experiencia paradójica del cáncer del seno. Paradójica por que el enfrentamiento insoslayable con el potencial mortífero del cáncer a la vez desencadena en la mujer su potencial de resistencia para rescatar y luchar por reestablecer el sistema inmunológico amenazado por el descontrol de células malignas y para luchar por la vida misma.

Vencer la trampa inicial del miedo, de la preocupación, del desconocimiento a lo que ocurrirá, de la desmoralización, entre tantos afectos y estados de ánimo, es emprender un reto re-energizante e irrefrenable. Es redescubrir a las amazonas luchando valientemente en un eterno campo de batalla sin horizontes, sin fronteras tensando sus arcos contra pechos sin un seno para que cada flecha acierte victoriosamente su meta. Es retomar y fortalecerse con la fuerza reparadora de Agueda para que la crisis del cáncer del seno sea transformada en oportunidad y en reto. Los sabios Chinos escriben la palabra “crisis” con dos caracteres: uno significa peligro y el otro significa oportunidad. Ante estas diversas y ricas enseñazas se abre una agenda muy distinta, no sólo sobre el cáncer en sí, sino de cómo proceder con nuestras vidas. No bastará con tratar medicamente al cáncer, en eliminarlo a como de lugar. El mismo se desencadenó en una mujer con múltiples aspectos, experiencias y realidades que cohabitan a la vez tanto en un cuerpo psico-biológico como en un cuerpo social contextualizador.

Desde esta perspectiva, recuperar la salud biopsicosocial se convierte en un proceso integral de sanación, en una oportunidad de crecimiento y transformación para la mujer y sus seres queridos, en reapropriarse de sus recursos y esos de su entorno, y en lanzarse a reconstruir y re-escribir su historia. Las mujeres que estamos luchando con cáncer del seno nos sanamos al nutrir nuestro espíritu, al envigorizar nuestra mente, al articular creativamente nuestros sentimientos y emociones, al orientar a nuestros seres queridos en como nos pueden ayudar a transformarnos y transformarse a ellos también. Necesitamos ejercitarnos, traer oxigeno a nuestros cuerpos para estrangular las células malignas aneróbicas y regocijarnos en espacios de relajamiento y visualización liminal. Más, es imprescindible mantener una alimentacion anticancerígena que abunde en crucíferos, frutas, vegetales, antioxidantes, que elimina la carne, los enlatados repletos de aditivos nocivos y los ahumados, que aumenta los granos, la fibra. Igual de imprescindible es nutrir el goce, la creatividad y estimular el humor y la risa reparadora. Entonces nos movilizaremos hacia el reto irrefrenable de una sanación integral, comprensiva, participativa, irrebatible, combativa; en fin, solidaria o llena de soles para darnos luz.

Ante el cáncer como un discurso social de las fuerzas tumorogéncias de nuestra sociedad descontrolada, afirmemos la resistencia amazónica de mujeres reinventándonos y celebrando la recuperación de la vida.

Nota: Versión revisada del artículo publicado en La Era de Ahora, mayo, 1998, y en 2001 en la Revista de la Red Latinoamericana de Mujer y Salud.

 

 

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