Retazos de biosfera

Un arreglo sencillo permite estudiar cómodamente la evolución de pequeños ecosistemas cerrados.


Sabemos que la vida es evolución y cambio, y que los organismos son seleccionados en función de su adaptación al medio. Sin embargo, la observación de estos fenómenos no resulta fácil. El motivo: la complejidad de los organismos y de la biosfera. Por suerte, no se trata de una empresa inalcanzable. Mediante unos sencillos medios de cultivo, cuyo desarrollo debemos a Sergei Winogradsky (1853-1956), podemos adentrarnos en algunas sutilezas de la vida en ecosistemas cerrados.
Se cuentan por millones las especies vivas de nuestro maravilloso planeta. Muchas son macroscópicas y presentan numerosos requerimientos vitales, lo que suele plantear problemas al científico doméstico que pretende convertirlas en sujetos experimentales (pensemos en un sencillo acuario, que reclama tediosos trabajos de mantenimiento). Pero, para nuestra fortuna, abundan también las especies microscópicas, tan diversas y mudables que el aficionado puede cultivarlas sin dificultad. En ello se basan las columnas de Winogradsky: ecosistemas cerrados en los que se introducen nutrientes y agua sobre un sustrato sembrado con microorganismos, que se seleccionan luego mediante la regulación de la luz, la temperatura y la composición del medio.

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