Respuestas a objeciones de quienes están a favor del «matrimonio» homosexual

La «blogósfera» católica norteamericana se vio enfrascada en un intenso debate cuando uno de los bloggers católicos más leídos señaló que como católico no podía «condenar» el deseo de loa homosexuales de casarse, y se declaraba partidario del reconocimiento legal de las uniones homosexuales. La declaración suscitó una de las más extensas y comprensivas respuestas de parte de un blogger católico que ACI Prensa presenta en español en su integridad. Los hipervínculos originales conducen a textos y documentos en inglés, salvo allí donde se han encontrado versiones en español de los mismos.

Gerald,
He escrito esto en respuesta a los comentarios en tu blog y en el mío sobre homosexualidad y uniones homosexuales. Mi objetivo es demostrar que la actividad homosexual y las uniones homosexuales son un problema serio dentro de la Iglesia Católica y la sociedad, que la actividad homosexual y las uniones homosexuales y la aceptación de tales cosas es contraria a la enseñanza de la Iglesia y la ley natural, que existe un esfuerzo ampliamente difundido en los medios para minar la moral tradicional con respecto a los asuntos de la actividad homosexual y las uniones homosexuales, y que las mentiras, distorsiones, alertas emocionales y falacias lógicas están siendo utilizadas para manipular a las personas para que acepten la actividad homosexual y las uniones homosexuales. Tú pareces estar cooperando con estos esfuerzos por algunos de tus comentarios, así que espero podamos dialogar en una manera respetuosa, para poder llegar a la verdad.

Aunque considero que tus criterios y comentarios sobre el asunto de permitir el reconocimiento legal de las uniones homosexuales están salpicadas de falsas analogías y falacias lógicas, estas cosas sí reflejan algo del entendimiento de estas realidades desde una perspectiva civil y secular. Sin embargo, con mucho respeto digo que tu comentario finalmente revela que no estás en línea con las enseñanzas de la Iglesia sobre el asunto de permitir el reconocimiento legal de las uniones homosexuales.

Eres libre de creer lo que mejor te parezca, pero no eres libre de insistir en que algunas perspectivas heréticas pueden reconciliarse con la enseñanza de la Iglesia. Espero que las personas tengan claro que tus afirmaciones no se pueden reconciliar con la enseñanza de la Iglesia y que no pueden ser sostenidas por católicos que dicen estar en unión con el Magisterio.

Apoyar el reconocimiento de las uniones homosexuales no es compatible con el catolicismo.

La base para mi afirmación es este documento: Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales
Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales es enseñanza de la Iglesia. Notarás que el documento está en el sitio web del Vaticano y fue autorizado por algunas de las mismas personas que autorizaron el Catecismo de la Iglesia Católica, una de las cuales es el actual Papa.

Hablando del Catecismo de la Iglesia Católica, considera esta sección:
Castidad y homosexualidad
2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’ (CDF, decl. «Persona humana» 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.
2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

Notarás que el Catecismo precisa varias cosas claramente:
1) La Sagrada Escritura presenta los actos homosexuales como actos de grave depravación.
2) La Tradición siempre ha declarado que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados».
3) La inclinación hacia los actos homosexuales es intrínsecamente desordenada.
4) Los actos homosexuales son contrarios a la ley natural porque están cerrados al acto sexual de dar vida y no proceden de una complementariedad genuinamente afectiva ni sexual.
5) Bajo ninguna circunstancia los actos homosexuales pueden ser aprobados.
6) Todo signo de discriminación injusta contra personas con tendencias homosexuales debe evitarse. (Nota: el uso de la palabra «injusto» significa que existe algo considerado discriminación «justa». Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales explica eso detalladamente)

Catholic Answers tiene un excelente artículo titulado Gay Marriage, que es una buena investigación y precisa en detalle las distintas enfermedades y patologías asociadas con la homosexualidad. El artículo proporciona muchas razones por las cuales la sociedad, como un todo, debe buscar proteger el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer y no otorgar protección legal para las uniones homosexuales, como tales.

Aquí hay algunas citas importantes:
El matrimonio es más que solo sentimientos de dos personas. Los sentimientos son importantes, pero no son el todo de ello. Todos sabemos que los sentimientos cambian y que cualquier matrimonio tiene sus altas y bajas. Un buen matrimonio tiene más altas que bajas, uno malo más bajas que altas, pero las emociones cambian de un día para otro. Algunas veces son muy amorosos, algunas veces son muy negativos.
El matrimonio involucra sentimientos muy personales, pero no significa que es una mera situación privada. Ya sea que tenga éxito o que fracase, un matrimonio tiene un impacto enorme en la pareja, los hijos, los que están alrededor, y la sociedad entera. Como institución, el matrimonio es asunto de todos en la sociedad. Es necesario bastante más que las meras emociones para mantener unido a un matrimonio.
En 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association) sacó a la homosexualidad de su lista de desórdenes. En retrospectiva, esta decisión parece haber sido inspirada por presión política en vez de por evidencia médica.
Homosexuales de ambos sexos son 14 veces más proclives para intentar suicidarse y tres veces y media más de cometerlo exitosamente. Hace 30 años, esta tendencia hacia el suicidio era atribuida al rechazo social, pero los números han permanecido estables desde entonces y pese a la gran aceptación pública desde 1973. Estudio tras estudio se demuestra que los homosexuales masculinos y femeninos tienen muchas más altas tasas de desadaptación, depresión, desórdenes de conducta, abuso de menores (sexual y violento), violencia doméstica, alcoholismo y drogadicción, ansiedad, y dependencia de cuidado psiquiátrico. Mucho más que los heterosexuales. La esperanza de vida de los hombres homosexuales era de solo 48 años antes de que el SIDA apareciera en escena; y ha bajado a 38 ahora. Solo 2 por ciento de los hombres homosexuales viven después de los 65 años.
Los hombres homosexuales son proclives al cáncer (especialmente el cáncer anal, que es poco conocido entre hombres heterosexuales) y una serie de enfermedades de transmisión sexual como la uretritis, laringitis, prostatitis, hepatitis A y B, sífilis, gonorrea, clamidia, herpes y heridas genitales (que son causadas por el virus del papiloma humano, que también causa cáncer en los genitales). Las lesbianas tienen un riesgo más bajo de este tipo de enfermedades de transmisión sexual pero un riesgo más alto de cáncer de mama. Los homosexuales de ambos sexos tienen una alta tasa de abuso de drogas como la cocaína, marihuana, LSD, y otros psicodélicos, barbitúricos y nitrato de amil.
Los homosexuales masculinos son particularmente proclives a desarrollar enfermedades de transmisión sexual, en parte por el alto grado de promiscuidad que poseen. Un estudio en San Francisco reveló que 43 por ciento de homosexuales hombres había tenido más de 500 compañeros sexuales. 79 por ciento de sus compañeros sexuales fueron extraños. Solo 3 por ciento había tenido menos de 10 compañeros sexuales. La naturaleza de la sodomía contribuye al problema entre homosexuales hombres. El recto no está diseñado para el sexo. Es muy frágil. Por ello, esta fragilidad y la tendencia a sangrar es un factor que hace del sexo anal un medio muy eficiente para transmitir los virus del SIDA y la hepatitis.
Por su parte, las lesbianas son menos promiscuas que los homosexuales hombres, pero más promiscuas que las mujeres heterosexuales. Un amplio estudio demostró que 42 por ciento de las lesbianas tuvo más de diez compañeras sexuales; un porcentajes sustancial de los cuales fueron extraños. Las lesbianas comparten la tendencia de los homosexuales por el abuso de drogas, los desórdenes psiquiátricos y el suicidio.
Las estadísticas hablan por sí mismas. Si los homosexuales de cualquier género están encontrando satisfacción, ¿por qué la búsqueda de sexo con un desproporcionado número de extraños?
En vista de la evidencia, los homosexuales no logran establecer relaciones exclusivas. La promiscuidad es un hábito difícil de romper para cualquiera, heterosexual u homosexual. Los heterosexuales promiscuos con frecuencia fracasan en el aprendizaje de la fidelidad, los homosexuales varones están mucho más allá en la promiscuidad que los heterosexuales, y por lo tanto tienen más probabilidades de fracasar. Las lesbianas son más promiscuas que las mujeres heterosexuales. Hay poca buena información sobre la estabilidad de las relaciones lésbicas, pero es razonable especular que sus altas tasas de promiscuidad y los distintos problemas psicológicos profundos las predisponen a la inestabilidad en relaciones a largo plazo. Evidencia existente sostiene esta especulación.

Los activistas homosexuales más radicales usan como bandera su promiscuidad, utilizándola como arma contra lo que llaman «respetabilidad burguesa». Pero incluso los más conservadores abogados del matrimonio homosexual como el editor de New Republic, Andrew Sullivan, admiten que para ellos, la «fidelidad» no significa monogamia completa, sino cierto tipo de promiscuidad restringida. En otras palabras, admiten que nunca tendrán exclusividad. Y sin ésta, sus «matrimonios» tendrán poco significado.
Sullivan afirma que el matrimonio civiliza a los hombres, pero la antropología precisa que el matrimonio con mujeres civiliza a los hombres. Los humanos varones, homosexuales o heterosexuales, están más interesados que las mujeres en el sexo al azar con personas que no conocen. Los hombres necesitan ser civilizados, que se les enseñen las alegrías del sexo con compromiso y esa lección deben aprenderla de casarse con mujeres, no por otros hombres que tienen que aprender de ellos mismos. Esta aparente inestabilidad de relaciones lesbianas sugiere que las lesbianas entienden esa lección menos que las mujeres homosexuales. La exclusividad no se dará, y sin exclusividad, el matrimonio no existe.
Sin exclusividad, las relaciones permanentes e incondicionales tampoco se darán. Por definición, una relación que permite ‘engaños’ será superficial y mutuamente explotadora, del mismo modo en que funciona el sexo con extraños es superficial y mutuamente explotador. Hasta ahora, los matrimonios del mismo sexo van 0 a 3: muy probablemente no sean ni exclusivos, ni incondicionales ni permanentes.

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