Religión y Cosmovisión de los aztecas

Para facilitar al lector la comprensión de la investigación, expondré un resumen sobre la religión de los mexicanos, para dar una idea de lo que para ellos iba a significar la Aparición Guadalupana. En esta línea, la orientación de la exposición será hacia la RELIGIÓN de los indígenas, y no me meteré mucho en detalles sobre su organización social, su educación, su ciencia, su tecnología, su alimentación, su arte, etc., que requerirían de un estudio aparte.

Antecedentes en otras culturas mesoamericanas

La cultura mexica fue una de las últimas culturas mesoamericanas, pues a ella anteceden la olmeca, la tolteca, la maya, la teotihuacana, la mixteca, la zapoteca, la purépecha, etc.
MESOAMÉRICA fue una franja que se extiende por todo el Altiplano Mexicano, llega hasta el norte de Veracruz, y se extiende de Este a Oeste, desde la costa veracruzana hasta la costa michoacana. Abarca todo el Centro y Sur de México, incluida la península de Yucatán, y por el sureste, Guatemala, Belice, El Salvador y Honduras se consideran también parte de Mesoamérica. De hecho, no es difícil que la cultura maya y posteriormente la influencia política de los mexicas, haya llegado hasta Nicaragua y Panamá.

Haremos un breve resumen de las principales culturas antecedentes a la mexica:

Los olmecas:

La cultura olmeca fue una de las más antiguas de Mesoamérica, y tuvo lugar en el Istmo de Tehuantepec, principalmente en los estados de Veracruz y Tabasco.

Sus principales centros ceremoniales fueron La Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo.
De su cultura son las grandes cabezas de piedra, progresos matemáticos como la noción del cero.
Su principal figura religiosa era el JAGUAR, a quien consideraban símbolo de la fuerza de la selva.
Los teotihuacanos:

Teotihuacán fue un centro comercial y ceremonial situado al noreste de la actual Ciudad de México, fue «la Ciudad de los Dioses», conocida por su célebre Calzada de los Muertos y por las pirámides del Sol y la Luna.
Su importancia fue clave, pues su cultura la heredaron los toltecas, y estos a su vez se la transmitirían a los mexicas. En su tiempo de gloria, Teotihuacán dominaba todo el Valle de México.
En Teotihuacán ya encontramos a dos dioses que más adelante adorarían los aztecas: Quetzalcóatl y Tláloc.
Los mayas:

La civilización de los mayas es representativa del Periodo Clásico (1 D.C.-1000 D.C.), y se desarrolló en el sureste de México y en parte de Centroamérica, y los testimonios arqueológicos más importantes de su cultura son los antiguos centros ceremoniales de Palenque, Chichen Itzá, Bonampak, Uxmal, Tikal, Tulum, Copán, etc.
Los mayas desarrollaron una civilización artística y científica muy interesante, con un sistema numérico y con adelantos astronómicos lo suficientemente avanzados como para predecir eclipses y comprender el equinoccio de primavera y el solsticio de invierno.
En cuanto a religión, sus dioses eran los propios de un pueblo agrícola, destacando dos dioses similares a los de Teotihuacán, Kukulkan (el Quetzalcóatl de los teotihuacanos, toltecas y mexicas), y Chaac Mol, dios de la lluvia.
Los libros de Chilam Balam y el Popol Vuh, escritos después de la conquista, nos muestran las historias, leyendas y tradiciones del pueblo maya.
Zapotecas y Mixtecas:

Estos dos pueblos habitaron en el Valle de Oaxaca. Los zapotecas tenían como gran centro ceremonial a Monte Albán, cuyo esplendor se sitúa en la misma época que Teotihuacán (hacia el 800 A.C.).
Desarrollaron un sistema de escritura similar en su importancia al sistema maya. Influyó sobre culturas menores, como la totonaca y la tlaxcalteca, pues se nota la herencia zapoteca en construcciones como Cacaxtla y El Tajín.
Rendían culto, como pueblo agricultor, al sol, la lluvia, la tierra y el maíz.
Por su parte, los mixtecas eran un pueblo un tanto más guerrero, que ocupó zonas de Puebla, Guerrero y Oaxaca, y dominó varias de las antiguas ciudades zapotecas, siendo su principal centro ceremonial Mitla, adornada con grecas.
Fueron excelentes artesanos, destacando sobre todo en la orfebrería.
Los toltecas:

Este grupo vino del norte del país, de modo parecido a como vendrían los aztecas. Dirigidos por Mixcoatl, y luego por su hijo Ce Acatl Topiltzin, llegaron al actual estado de Hidalgo, donde tomaron contacto con los nonoalcas, descendientes de los teotihuacanos, a los que sometieron fundando el centro ceremonial de Tula.
Los toltecas fueron la cultura que más rasgos heredó a los aztecas, quienes a través de ellos tuvieron contacto con la herencia cultural maya y teotihuacana.
Los toltecas hablaban náhuatl, construyeron los grandes Atlantes de Tula, y sobre todo, heredarían a los aztecas una de las leyendas más importantes en su religión y que tendría consecuencias importantísimas para la Conquista: La Leyenda de Quetzalcoátl, de la que hablaremos en el siguiente capítulo.

Quetzalcóatl VS Huitzilopochtli-Tezcatlipoca

Los aztecas tenían un número exagerado de dioses, según las diferentes citas de los cronistas, quienes mencionan por su nombre a algunos, destacando López de Gómara, Bernal Díaz del Castillo, y Fray Bernardino de Sahagún, quien dedicó un capítulo entero a hablar «de los dioses que adoraban los naturales de esta tierra que es la Nueva España» en su monumental obra Historia General de las Cosas de Nueva España.

Las leyendas pintan a Quetzalcóatl como un jefe venerable, justo, casto y sereno, amante de la sobriedad y de la rectitud, quien gobernó a los toltecas. Esto se explica porque Ce Acatl Topiltzin, líder de los toltecas, tomó por nombre «Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl».

Pero Quetzalcóatl rechazaba los sacrificios humanos, y muchos hechiceros y dioses violentos, que querían alimentarse con sangre, empezaron a urdir intrigas contra el Gran Rey.
Sahagún narra en su libro 3, capítulos del 2 al 14, cómo gobernaba Quetzalcóatl en Tula, hasta que llegaron ante él tres hechiceros malignos, y uno de ellos, Huitzilopochtli, consiguió hacerlo beber vino blanco de la tierra (pulque), con lo que lo hizo emborracharse.
En su borrachera, Quetzalcóatl hizo cosas vergonzosas, y dándose cuenta de su falta (la borrachera era un pecado gravísimo entre los indígenas), se dio por vencido ante Huitzilopochtli, y huyó hacia el Oriente, a Tlapallan, pero prometió que un día volvería, y que recuperaría lo que era suyo.

La fecha que profetizó para su regreso resultó en una coincidencia tan increíble como providencial, pues en 1519 del calendario cristiano, año Ce-Acatl, tenía que regresar Quetzalcoatl, quien muchos años antes había partido por el mar, en una balsa de serpientes.

Mientras Quetzalcóatl estaba ausente, el dios más poderoso era Huitzilopochtli-Tezcatlipoca, dios de la guerra, dios tribal de los mexicas, quien sin embargo temía la vuelta de Quetzalcóatl, como a todos los huey tlatoanis se les anunciaba en su entronización.
Cuando llegaron los españoles, de piel blanca como Quetzalcoátl, Motecuhzoma Xocoyotzin, huey tlatoani de Tenochtitlán, no pudo sino dar por hecho que Quetzalcóatl regresaba a vengarse de Huitzilopochtli, y en sus titánicos esfuerzos por detener al Antiguo Rey, envió contra Cortés un grupo de hechiceros de Tezcatlipoca, quienes intentarían vencer a Quetzalcoátl como antaño, y que en este caso, nada conseguirían.

Es importante reseñar esto, porque la leyenda de la rivalidad entre Quetzalcoátl y Huitzilopochtli tendría gran importancia al momento de la Conquista, que para los indígenas significó no una invasion extranjera, sino el regreso de un antiguo, sabio y prudente gobernante… quien sin embargo revelaría ser muy diferente al antiguo dios de los toltecas, pareciéndose más a Xolotl, el alter ego maligno de Quetzalcóatl.

Coatlicue-Tonantzin

El distinguido investigador Justino Fernández, en su clásica obra acerca de Coatlicue, estética del arte indígena antiguo, se ocupó precisamente de estudiar el enjambre de formas y relaciones cosmológicas y sagradas que integran la imponente estatua de la diosa madre de los mexicas.

Si se recuerda el mito mexica del nacimiento y primeras hazañas de Huitzilopochtli, se pueden comprender mejor los alcances del pensamiento del pueblo del Sol en torno a Coatlicue y a su hijo, el supremo numen protector de Tenochtitlán. De modo portentoso ocurrió la concepción de Huitzilopochtli, al introducirse en el vientre de Coatlicue una pequeña bola de plumas finas.
Al quedar encinta la diosa, sus otros hijos, Coyolxauqui (la de la máscara de cascabeles), y los Centzon Huiznahua (los cuatrocientos surianos), se encolerizaron, viendo que su madre estaba embarazada sin tener ya esposo, y por lo mismo, de manera deshonrosa.
Todo esto ocurrió en Coatepec, «la montaña de la serpiente», Coyolxauqui, identificada con la Luna, y sus hermanos, identificados con las estrellas, se pusieron en camino para matar a Coatlicue, pero Huitzilopochtli, en el seno de su madre, le hablaba y la tranquilizaba.

Cuando los cuatrocientos guerreros del sur, dirigidos por Coyolxauqui, iban llegando para asesinar a Coatlicue, nació Huitzilopochtli, quien se vistió de inmediato con insignias de capitán, y armado con una serpiente de fuego, decapitó a Coyolxauqui y exterminó a los Centzon Huiznahua.

Coatlicue, diosa de la tierra y diosa-madre, representa una «cosmovisión mitificada» en palabras de Justino Fernández, y también se le llamaba Tonantzin (nuestra madre), cuyo templo estaba en el cerro del Tepeyácac, según constata el p. Sahagún en su obra.
La ubicación del templo es lo importante, porque críticos antiguadalupanos, de religión protestante principalmente, sugieren que la Virgen de Guadalupe no es sino la antigua diosa Tonantzin de los aztecas, madre de Huitzilopochtli y de los aztecas. A ese punto se dedican unos párrafos en un capítulo posterior.
Por ahora asentamos que efectivamente, ahí hay una conjunción entre la religión azteca y la religión cristiana, Síntesis y no Sincretismo, como anota el p. José Luis Guerrero. Ahora bien, ya Sahagún condena el culto a la Tonantzin, manifestando que es necesario aclarar a los indígenas que sus divinidades son «ídolos diabólicos».

Ometéotl, el Señor del Dos

La Cosmovisión Azteca del mundo era bastante interesante, y una de las mejores obras que la estudian es La Filosofía Náhuatl, del dr. Miguel León Portilla.

León Portilla sostiene que los nahuas, grupo étnico de habla náhuatl (del cual formaban parte los aztecas), tuvieron una verdadera filosofía, es decir, una visión coherente y unitaria de la realidad, visión en relación a la cual las creencias que, a primera vista parecen las más disparatadas y aberrantes, como la de los sacrificios humanos, tienen un sentido como elementos de planteamiento de cuestiones, las más fundamentales, sobre la realidad, y como elementos de un intento por resolverlas.
Este tipo de cuestiones son las mismas que inquietan al hombre de hoy en día, y han inquietado a los hombres de todos los tiempos.

Sobre el tiempo, los nahuas creían que el mundo no ha sido ahora siempre como es, sino que ha pasado por una serie de existencias o creaciones, que iban de uno a cinco soles, y era el Quinto Sol el que existía cuando llegaron los españoles.

En el principio solo existía Ometéotl, señor y señora de nosotros. Este dios «dual» creó a los cuatro primeros dioses: Camaxtle o Tezcatlipuca el Rojo, Tezcatlipoca el Negro, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli.
Después de una serie de creaciones de soles, el Quinto Sol surgió como resultado de la penitencia de los dioses, quienes se sacrificaron para crear a los hombres, dándoles su propia sangre.

Pese al prolijo politeísmo que parece predominar entre los aztecas, ya historiadores tempranos, como Torquemada, Sahagún, Mendieta y el p. Ríos, notaron una clara aproximación al monoteísmo, y una filosofía que apuntaba a la existencia de un solo Dios.

Concretamente, mencionemos dos testimonios contemporáneos, cuyo valor es indudable, ya que provienen de Fray Bernardino de Sahagún y de Diego Muñoz Camargo. El primero declara expresamente sus objetivos de acabar con la religión indígena, y el segundo, mestizo pero españolista, no es tampoco simpatizante de la cultura india.
No se les puede acusar, por lo tanto, de testimoniar falsedades, además de que sus datos concuerdan con los papeles y códices aztecas de los cuales también hablaremos.

En el Archivo Secreto del Vaticano, A.A. Arm. I-XVIII, 1816, Cartaceo, Folios 3 y 3v, se conserva una Carta inédita que escribió el venerable F. Bernardino de Sahagún al entonces Papa San Pío V, fechada el 25 de diciembre de 1570, donde dice:

«Entre los philosophos antiguos unos dixeron qye ninun dios avia y desta opinion fueron muchos: Ximocrates dixo que avia ocho dioses y nomas. Antistenes dixo que avia muchos dioses populares, pero solo un todo poderoso criador y governador de todas las cosas. Esta opinión o creencia es la que e hallado en toda esta nueva españa. Tienen que ay un Dios que es puro espíritu, todopoderoso, criador y gobernador de todas las cosas.[..] A este atribuyan toda sabiduría y hermosura y bienaventuranza…»

Muñoz Camargo dice en su Historia de Tlaxcala, Libro I Cap. 16:
«Antes de que prosigamos más adelante, será razón que tratemos del conocimiento que tuvieron de un solo Dios y una sola causa, que fue aquel decir que era substancia y principio de todas las cosas; y es ansí, que como todos los dioses que adoraban, eran los dioses de las fuentes, ríos, campos y otros dioses de engaños, concluían con decir: Oh Dios en quien están todas las cosas, que es decir el Teotloquenahuaque, como si dijéramos agora, aquella persona en quien asisten todas las cosas acompañadas, que es sólo una esencia. Finalmente este rastro tuvieron, de que había un solo Dios, que era sobre todos los dioses.»

Podría pensarse que ese conocimiento de un solo Dios era cosa de los más sabios e iniciados, como de hecho hizo Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, ensalzando a su antepasado Netzahualcóyotl, el rey poeta de Texcoco. Pero otro descendiente del mismo Netzahualcóyotl, Juan Bautista Pomar y Zurita, explica a Felipe II en una encuesta que contienen sus Relaciones de Texcoco y de la Nueva España:

«..aunque tenían muchos ídolos que representaban diferentes dioses, nunca, cuando se ofrecía a tratar los nombraban a todos en general ni en particular a cada uno, sino que decían en su lengua in Tloque in Nahuaque [..]: señal evidentísima de que tuvieron por cierto no haber más de uno; y esto no sólo los más prudentes y discretos, pero aun la gente común..»

En este monismo, más que monoteísmo, Ometeotl es el único y verdadero Dios, y todos los demás «dioses» no son sino expresiones de Ometeotl, cuyas características, guerras y rivalidades no son sino apreciaciones limitadas de los humanos, para quienes la grandeza de Ometéotl es inaccesible. No es que haya muchos «dioses», sino que los humanos, en su insuficiencia, toman muchos «dioses» para semi-entender el Universo y lo Divino.

Por sus atributos es como mejor se conoce a un Dios, y un mismo dios tenía varios nombres, lo cual aumentaba la confusión:

Yoalli-ehécatl: El «Invisible», el «Impalpable», títulos citados muchas veces por Sahagún como atributos de Tezcatlipoca, pero que León Portilla demuestra que se refieren a Ometéotl.

In Tloque Nahuaque, «El Señor del cerca y del junto»; que señala la Omnipresencia de Ometéotl, pero no en sentido meramente espacial, sino ontológico, significaría «cabe quien está el ser de todas las cosas, conservándolas y sustentándolas».

Ipalnemohuani: «Aquel por quien se vive», o como traduce ángel Ma. Garibay, «dador de la vida».

Tonacatecutli y Tonacacíhuatl; es decir, «Señor y Señora de nuestra carne o nuestro sustento», similar al que San Pablo atribuye al Dios de los cristianos en Hechos 17:28.

Moyocoyani Teyocoyani; «El que se piensa, se crea a sí mismo, el que está creando a las personas y a las cosas», títulos que ya suenan pasmosamente similares a las definiciones del Dios dadas por teólogos cristianos y por la propia Biblia, como el YO SOY EL QUE SOY del éxodo.

Ilhuicahua Tlatipoque Mictlane, o sea «Nuestro Señor, dueño del Cielo, dueño de la Tierra y dueño del mundo de los muertos».

Si tomamos en cuenta tan singulares descubrimientos, resulta totalmente injusta la acusación de los conquistadores y los evangelizadores, en el sentido de que los indígenas eran brutos e ignorantes en cuestiones religiosas.

Los aztecas estaban conscientes de que hay ciertas contradicciones y oscuridades que dificultan el acceso del hombre a Dios, pero que al mismo tiempo, este Dios quiere ser conocido, y en su cosmología, hay un camino para atisbar parte de la Verdad Suprema: «In Xochitl in Cuícatl»: LA FLOR Y EL CANTO.
Ambos elementos representaron para los aztecas lo más sublime, lo más grande y bello que puede experimentar el hombre, poesía, filosofía, religión, arrobo místico, y que a través de su belleza, permiten conocer un fragmento de la Belleza Eterna.

¿Por qué extendernos sobre esto?; Por dos razones:
La primera: Conociendo la suma importancia que tenía para los indios la Flor y el Canto, resulta lógico el que la Señora del Tepeyac apareciera en medio de cantos celestiales y que hiciera florecer el Tepeyac, usando como tarjeta de presentación para sus hijos indígenas, «Flor y Canto», que ellos usaban para buscar La Verdad.

La segunda: Los títulos de Ometéotl mencionados se encuentran también en los diálogos de la Virgen y Juan Diego. La Guadalupana se presenta como Madre de Ometéotl (no por este nombre, sino por sus atributos), como se lee en el texto del Nican Mopohua -texto al cual dedicaremos un capítulo aparte-; de ahí que la teoría de un «engaño de los españoles» no tiene absolutamente ni pies ni cabeza.
Por principios de cuentas, los españoles -y los frailes sobre todo-, no concebían que los indios conocieran a Un Solo Dios Supremo, Soberano, Omnipresente, Creador y Conservador: De ahí que nunca pudieron elaborar un relato así.
¿Tal vez un engaño indígena…? Esta teoría también tiene una grave objección: Para los indios, Ometéotl era el Principio de Todo, Padre y Madre de todo lo creado, así que la idea de una Madre de Ometéotl les resultaba novedosa, desconocida hasta el momento.

Es difícil afirmar, desde estos puntos preliminares, que el relato original, el Nican Mopohua, sea un engaño indígena o español…

Reseña de la Cosmovisión Indígena

Vale la pena extenderse un poco más en la Cosmovisión Azteca -y con ella de otros pueblos de México-, sobre todo para buscar los orígenes de su Filosofía y la forma en que se relacionaban con ella. Mientras mejor se entienda a la cultura india, mejor se entenderá el por qué de las Apariciones Guadalupanas y se verán poderosas razones para aceptar su autenticidad.

El Valle de México

Una parte importante en la religión azteca es el propio lugar en que se desarrolló; el Valle de México. Este valle, o mejor dicho cuenca, ofrece contrastes desde los accidentes del terreno. En sus aproximadamente 10 mil kilómetros cuadrados, hay llanos, lomas, sierras que llegan hasta las montañas de nieves perpetuas como son los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, en la parte sur, llena de bosques de coníferas, hay muchas y abundantes lluvias, en cambio en el norte, hacia Cuauhtitlán, el clima es más bien desértico.
Por su situación tropical pero a más de 2000 metros de altura sobre el nivel del mar, en el Valle de México hay temperaturas muy variables y contrastantes, calor y frío en distintos periodos del año.

Desde hace millones de años, los movimientos telúricos provocaron el surgimiento de la Sierra del Ajusco y la de Milpa Alta, que cerraron el valle. Así, la precipitación pluvial y la fluvial que venía de las montañas, se concentraba en la parte baja del Valle, formando el gran Lago de Texcoco y los demás lagos a su alrededor, donde, por la composición de su suelo, los lagos del norte eran salados, y los del sur dulces.

Notaron los aztecas, y también los castellanos cuando llegaron, la serie de contrastes en el Valle de México; bosque húmedo y desierto, lagos salados y dulces, hielo eterno en los volcanes con fuego en su interior… la yuxtaposición de lo opuesto, la unidad de lo dual.

La cuestión universal

Como todos los pueblos y culturas, los mexicanos enfrentaron la necesidad de comprender el Universo y su papel en el mismo, en base a sus observaciones y necesidades del mundo. ¿Qué es la VERDAD? ¿Qué es la REALIDAD? ¿Puede el ser humano recibir y entender la clave de su existencia? ¿Qué es la VIDA? ¿Qué es la MUERTE?, cuestiones que se nos presentan todo el tiempo, y que hoy siguen recibiendo explicaciones diversas.
Para la cultura occidental, Platón y Aristóteles expusieron ideas filosóficas al respecto; en el pensamiento platónico el ser humano experimenta falacias, y para llegar a la realidad tiene que penetrar a través de recuerdos fugaces de un mundo superior del que fue expulsado. Para Aristóteles, las cosas no son realmente lo que son, pues son en potencia una cosa y en acto otra cosa.

Los mexicanos concordaron con Platón en que el hombre ve falacias, y que los antagonismos y dualidades en el mundo son sólo aspectos ilusorios y defectuosos, pues TODO forma parte de una sola Verdad, de una sola Realidad, una realidad única, completa y armoniosa: DIOS, a quien dieron el nombre personal de Ometéotl, esto es: «Señor del Dos».

Y de acuerdo a los títulos de Ometéotl estudiados en el subtema precedente, vemos ya que Ometéotl, en la cultura india, era la única causa incausada, creador de todo lo existente, dueño de todo lo existente, donde los demás dioses son sólo simplificaciones de lo divino para poder ser captado por los humanos.

El camino para encontrar la Verdad

La Filosofía Náhuatl, sin embargo, difería de la Platónica en un punto esencial; para los mexicanos, no es cuestión de encontrar la verdad a través de retrospectivas, sino que este mundo, por imperfecto e insignificante que sea, recibe un rayo de luz del Infinito, y ese rayo de luz son LA FLOR Y EL CANTO.

De entre las flores que conocían, utilizaban en rituales y ceremonias plantas alucinógenas, que aunque hoy son droga (daño) en la sociedad occidental, para ellos tenía un significado y una importancia tales, que la reverencia que merecían puede compararse a la que los cristianos damos al Santísimo Sacramento Eucarístico.
León-Portilla explica detalladamente como la Flor y el Canto significaban para los antiguos mexicanos lo mejor y más perfecto que puede imaginar el ser humano, los pequeños retazos de la verdad suprema que puede intuir, dada la fugacidad y engañosidad de este mundo (como ellos lo concebían), mediante la poesía, el hombre podía balbucear un poco de lo que percibe de la Realidad.

El Equilibrio del Omeyocan; Flores y Cantos divinos

Los mexicanos creían que el plano donde estaba Ometéotl era el Omeyocan, el plano de la dualidad, el lugar de la fusión y la armonía, y que el Tlaltípac, el mundo de los hombres, donde vivían ellos, estaba a 13 «cielos» de distancia, o sea, que la armonía del Omeyocan llegaba hasta ellos desfigurada a la treceava potencia, lo cual explicaba que el mundo para ellos fuera tan limitado, tan imperfecto, tan paradójico, y por esto mismo ellos eran incapaces de comprenderlo en su totalidad.

La verdad viene por lo tanto del Omeyocan, y de una flor con raíces en el cielo, esto es, la Flor y los Cantos de Ometéotl, que los nahuas buscaban con fervor sagrado:

«Sólo te busco a tí, Padre Nuestro, Dador de la vida [..]
Busco el deleite de tus flores,
la alegría de tus cantos, tu riqueza!» .

«Flores con ansia mi corazón desea,
sufro con el canto, y sólo ensayo cantos en la tierra,
quiero flores que duren en mis manos [..]
¿Yo dónde tomaré flores hermosas, hermosos cantos?
Jamás las produce aquí la primavera…» .
Vemos aquí un fragmento de los poemas prehispánicos compilados por ángel María Garibay en su Historia de la Literatura Náhuatl Tomo 1 cap. 3.
El anhelo de los mexicanos por las flores y cantos divinos era su búsqueda de la Verdad Suprema, del Nelli Teotl (Verdadero Dios), que explica mucho mejor el por qué de los cantos que escuchó Juan Diego y las flores que brotaron en el Tepeyac y que envió la Santísima Virgen al Obispo. Y responde también a los cuestionamientos que hacen algunos críticos, en el sentido de que no eran señal milagrosa unas florecitas, pues no lo eran para los españoles, pero Sí, e inmejorablemente, para los indios.

El papel del hombre en el Universo y los «Cinco Soles»

El hombre, creación de Ometéotl a través de los «dioses» menores, era «semejante y hermano» de ellos, en palabras del p. Juan Tovar (Códice Ramírez, pag. 65), fue creado cuatro veces, en Cuatro «Soles» o mundos consecutivos, que perecieron por descuido o errores de sus habitantes.
El Quinto Sol, que era en el que existía este mundo, surgió después de que el Sol (Huitzilopochtli), venció a sus hermanastros (los Centzon Huiznahua) y Coyolxauqui -como vimos en el subtema de Coatlicue-Tonantzin.
Después de la Creación del Mundo, Quetzalcóatl descendió al Mictlán (el mundo de los infiernos), y robó al dios Mictlantecutli huesos de anteriores hombres, y con el sacrificio de los dioses, entre los que estaba Tezcatlipoca, les dieron su propia sangre a los hombres, y comenzó un mundo estable, el Quinto Sol, con Tierra, Cielo y Sol, sin Luna ni Estrellas, donde los hombres eran «merecidos por la penitencia», esto es, vivían gracias a que los Dioses se habían sacrificado por ellos. Tengamos esto presente, pues los indios que escucharon la predicación de los frailes oían exactamente lo mismo: Un Dios que moría para dar VIDA a los hombres, de ahí que la idea de la Redención Cristiana no les resultó extraña o incoherente.

Pero la Luna y las Estrellas se recuperaron de su anterior derrota, y mataron al Sol, con lo que el mundo hubiera perecido. Pero los hombres intervinieron, dando al Sol parte de su sangre -que recordemos, era del mismo Sol-, y así inició una Lucha Celeste interminable entre el Sol, la Luna y las Estrellas. Mientras este conflicto perdurara, el hombre podía vivir, ya que no podía vivir solo con el Día o solo con la Noche.
Pero para esta lucha se requería que el Sol siguiera recibiendo sangre de sus hijos, los hombres, y si le llegaban a faltar los sacrificios humanos, la lucha terminaría, y el Quinto Sol perecería, al igual que sus cuatro precedentes.

Claro que para Ometéotl esto no tenía importancia, pues él, en su Omeyocan, era ajeno a estos conflictos que se hallaban a 13 cielos de distancia de él. Pero los hombres, si querían seguir existiendo, tenían que alimentar al Sol con SANGRE. La Sangre era, pues, un elemento sagrado, la Teóatl (Agua de Dios), Chalchíhuatl (Agua de Jade o Joya Líquida).

Los Sacrificios Humanos; un privilegio incomparable

En este orden de ideas, para los antiguos mexicanos no era ningún asesinato el Sacrificio Humano, sino una glorificación, una gracia insigne que recibían los guerreros muertos en combate y los que morían en la piedra del sacrificio, para que su corazón fuera elevando, chorreante, en tributo al Sol.
El sacrificio era divinización, pues el sacrificado participaba de ahí en adelante de la lucha divina entre el Sol, la Luna y las Estrellas, y de ahí que los conceptos indígenas sobre la guerra y la muerte fueran incompatibles con las ideas cristianas de los españoles.

No hay por lo tanto, el escandaloso politeísmo que aún hoy muchos creen ver en la religión azteca, ni «idolatría satánica» en los sacrificios humanos, pues estos eran una expresión de total entrega religiosa, acorde con una sólida moral -equivocada desde luego desde las enseñanzas del Evangelio y la Fe Cristiana-, pero sincera, coherente y llena de buena fe y deseos de servir y honrar al único Dios Verdadero.

Como podremos ver más adelante, en un capítulo posterior, la Cosmovisión Indígena iba a resultar en un CHOQUE DEMOLEDOR contra los Conquistadores Españoles, diferentes de pies a cabeza

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