RELIGION EGIPCIA-Reforma monoteísta de Aken-Atón

En el Imperio Nuevo, durante la dinastía XVIII, tiene lugar el primer caso de intento de reforma monoteista de la historia de las religiones. El faraón que lo intentó es Amenofis IV (1370-1354), si bien pudo hacerlo bajo la influencia posible de su padre Amenofis III o de su hermana-esposa, la famosa reina Nefertiti. La capital imperial del momento era Tebas, siendo el dios principal del panteón tebano Amon-Ra, cuyo nombre teóforo llevaba su dinastía faraónica. Pues bien, no se sabe muy bien por qué razón, Amenofis IV renunció a su nombre familiar, así como a su adscripción religiosa al culto tebano de Amón, cuyo sacerdocio y santuario estaba en la vecina Karnak-Luksor, para asumir el nombre de Aken-Aton (=servidor de Aton), que era la divinidad suprema de la enéada de Heliópolis, en el Delta, con su propia casta sacerdotal.

Aken-Aton emprende la reforma radical monoteista en todo Egipto, obligando a dejar el culto de todos los demás dioses, con una verdadera persecución religiosa antipoliteista. Parece que incluso intentó construir un templo a Atón en Karnak , en lugar del de Amón. Pero la reacción del sacerdocio amonita fue muy fuerte y obligó al faraón a dejar la capital Tebas y construir una nueva ciudad imperial más cerca del Delta, con el nombre de Aket-Atón, en el actual Tel El-Amarna, donde construyó un templo a Atón. Ahí centró su intento de reforma monoteista, de la cual se conserva sobre todo el famoso Himno a Atón , descubierto precisamente en las ruinas de El-Amarna, donde se encontraron también las momias del faraón Aken-Aton y de su mujer, la reina Nefertiti.

El descubrimiento de El-Amarna ha permitido reconstruir este primer intento monoteista, así como darse cuenta de la impopularidad que tuvo, no sólo entre los sacerdotes tebanos amonitas, sino también entre el pueblo que vio amenazada su esperanza en poder llegar a la inmortalidad, gracias al culto a Osiris, que ahora pretendían arrebatarle como resultado del puritanismo «monoteista» funcional al absolutismo imperial. En efecto, el intento emprendido por Akén-Aton conllevaba el regreso al absolutismo faraónico del Imperio Antiguo, recuperando sólo para el faraón ese privilegio divino de la resurrección.
Todo esto hizo que el primer intento histórico de monoteismo emprendido por Akén-atón fracasara, y que el mismo faraón, junto con la reina Nefertiti, fueran asesinados, desapareciendo su memoria de la tradición egipcia por largo tiempo. De hecho su sucesor y yerno, Tutank-Amón retornó de inmediato, como lo muestra su mismo nombre, a la tradición politeista y al culto tebano tradicional centrado particularmente en Amón. A partir de entonces es cuando el sacerdocio amonita logró desarrollar su culto de forma más notable, por lo que puede apreciarse en textos de espiritualidad, de los más elevados de la tradición religiosa egipcia, junto con el mismo himno a Atón. Por su parte, el pueblo pudo también mantener su esperanza en la inmortalidad, gracias a su culto a Osiris.

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