Relaciones peligrosas

De manera recurrente, los músicos populares van en busca de las orquestas para explorar cómo se desempeña su repertorio en una sonoridad tan ajena a la propia tradición. De la composición de obras sinfónicas al refuerzo orquestal de las formaciones que se utilizan habitualmente, los coqueteos entre ambos mundos recorren una variedad inmensa de opciones, con una variedad no menos inmensa de resultados. Sting y Peter Gabriel, Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati, por ejemplo, ensayaron sus versiones. La Royal Philharmonic Orchestra de Londres tuvo que crear una agrupación paralela para satisfacer la demanda de adaptaciones de Pink Floyd, Oasis, Queen, R.E.M., U2, ABBA y demás.

Aquí, a fines de noviembre, coincidieron en el Teatro Coliseo el concierto Tango Sinfónico , de Rodolfo Mederos junto a la Orquesta del Festival de Ushuaia, y Hay otra canción, en el que un grupo de cantautores del circuito independiente presentó sus canciones con la Orquesta Académica de Buenos Aires, dirigida por Carlos Calleja. ¿Cuáles son las razones de esta tendencia? ¿Qué obtienen los géneros populares con ella? ¿Pierden algo? Si las orquestas siguen sin incluir música popular en su programación habitual, ¿se terminan reforzando jerarquías que parecían superadas? Para Alvy Singer, uno de los cantautores de Hay otra canción, que fue contrabajista en la Orquesta Académica del Colón, las razones del fenómeno son muchas: “A veces los músicos populares (acomplejados) ven en esta apuesta una ‘legitimación’ (¿o es la sociedad acomplejada la que necesita legitimarlos?) o una oportunidad para mostrarse en un marco más elegante o un desafío musical para afrontar o una manera de demostrar que las clasificaciones y las etiquetas son más difusas de lo que pensamos, que la ejecución de una obra es muy importante en la manera en la que percibimos esa obra, que con los cambios de vestuario sonoro se nos revela en su esencia, nos muestra su solidez o sus flaquezas”. El músico considera que “en general son más los patinazos que los aciertos”, pero que hay orquestadores de mucho talento, como Carlos Villavicencio, Carlos Franzetti y Alejandro Terán.

Nicolás Posse, quien hizo los arreglos de aquel espectáculo, coincide en que no muchas veces el desenlace es convincente. “Un tema de Queen hecho por una orquesta que no se juega a hacer algo más es como un chistecito del momento. Después querés seguir escuchando el original. Yo nunca quise emular el arreglo original. Siempre traté de que sea otra cosa, como si fueran ‘variaciones sobre un tema de…’”.

“La música popular ha desarrollado a lo largo de mucho tiempo sus propios vehículos de expresión”, analiza el violinista Ramiro Gallo, que lidera su propia agrupación de tango pero también compone para organismos sinfónicos. “A veces uno puede salirse de ese vehículo de manera exitosa y otras no. Tiene que haber un motivo. La orquesta sinfónica se considera casi unánimemente (esto no siempre es consciente), en el imaginario de la gente y de los músicos, incluso profesionales, como la culminación de las agrupaciones musicales en la música occidental. Por este imaginario, el hecho de abordar algo en un lenguaje sinfónico podría, de por sí, aparentemente, hacer que nos dé un resultado de calidad.” La principal ventaja del cruce, coinciden todos, es la posibilidad de explorar una paleta de timbres mucho más amplia. Atilio Stampone, uno de los arregladores más singulares que dio el tango, dirige actualmente la Orquesta de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, integrada por más de cuarenta intérpretes y dedicada a tocar música popular. “La Filiberto me permite usar clarinetes, fagotes, trompetas, cornos, percusión, una masa de violines importante, chelos… Hace falta conocer todos los instrumentos, saber cuáles son los límites y las dificultades de cada uno”, opina. Para él, que ha hecho tango con las sinfónicas Nacional, de Mar del Plata, de Madrid y de México, es necesario utilizar alternativamente distintas secciones de la orquesta y sorprender con la armonía: “Cuando hago los arreglos para la Filiberto siempre los acordes tienen que tener una segunda menor para generar una tensión que no te da ningún otro intervalo. Esto no lo inventé yo, ya lo hace Ravel. Por eso hay que estudiar a los grandes maestros”.

Una mirada similar sustenta el trabajo de Posse. “Empiezo con el oboe, sigo con el clarinete, aparece el chelo… Nunca a una melodía la lleva uno solo. Es como si constantemente cambiara el foco. Ese es un poco el secreto. Tengo una concepción impresionista: para darte un color, te lo doy con dos o tres.” La otra premisa que aplicó en Hay otra canción fue “escapar a cierto facilismo de poner una batería y una guitarra adelante y atrás a la orquesta. Que sea la orquesta sinfónica y ellos solos”.

El trompetista Hugo Lobo, director del grupo de ska Dancing Mood, acuerda en que cambia mucho la forma de arreglar si al frente hay una banda con batería, guitarras y teclados. No obstante, decidió conservar la formación original cuando reforzó la propuesta con la orquesta Deluxe, una nutrida sección de cuerdas, más flauta, oboe, corno y clarinete. Una de las razones, además de su participación en orquestas en sus años de formación, fue su simpatía por los grandes formatos que escuchó en la infancia: las big bands , los solistas con orquesta, los arreglos sinfónicos de géneros como la salsa o el bolero… Para él, sumar una orquesta “te transporta un poco a esa época, y al estilo lo jerarquiza un montón. Armónicamente, enriquece muchísimo. Y, más pedagógicamente, en el circuito en que nos movemos, el del rock, hay gente que nunca vio una orquesta en vivo. Esto incentiva que los pibes puedan conocer otros instrumentos y, quién sabe, se les ocurra estudiar música también”.

La apuesta por la orquesta no está exenta de riesgos. Es factible que, a la par de un enriquecimiento sonoro, se empobrezcan otros aspectos. “Siempre hay una traición en la traducción de un idioma a otro”, plantea Singer. “Por ejemplo, hay una especie de swing que tienen las agrupaciones pequeñas que es muy difícil de lograr cuando hay 70 músicos tocando a la vez. Se gana en profundidad, paleta de colores e intensidad.” “En el caso del tango –completa Gallo–, la orquesta típica tiene una determinada masa sonora que el género requiere para ciertos efectos. Cuando uno pasa de cuatro u ocho violines a 32 violines el resultado no siempre es el mejor porque se necesitan ciertas articulaciones que en una masa mayor, como la de una orquesta sinfónica, no se consiguen. Saber que ese es un problema no significa que yo no pueda encararlo. Va a ser un desafío”.

Uno de los que asumió ese desafío, Atilio Stampone, declara que “el tango es tango en cualquier orquesta, según cómo se hace. Gershwin, cuando escribió Rhapsody in Blue ,Porgy & Bess o sus conciertos, estaba escribiendo sobre jazz música seria. ¿Pero no era jazz? Uno de los géneros del mundo que amerita eso es el tango. Ahora, si vos lo tocás con una sinfónica no esperes que sea una cosa bailable”.

La cuestión del baile aparece más de una vez mencionada en relación a qué pierde la transcripción. Con la orquesta parece encontrar su última frontera la dilatada tendencia de la música popular hacia la escucha en relativa pasividad. Aunque esa pérdida no implique siempre un balance negativo. “Si vos hacés una cumbia y yo la paso a una orquesta, ¿pierde? –pregunta Nicolás Posse–. Y lo vas a bailar mejor como cumbia, pero el medio es el mensaje y, si es otro medio, es otro mensaje. Es más importante la orquesta que el tema. Pasa a ser: ‘Uauh, 60 tipos leyendo una partitura para que se cante ‘Mambeado’, de Onda Vaga”.

Dancing Mood no quiso renunciar al carácter bailable de la música jamaiquina. Por eso, Lobo, que aclara que no es orquestador profesional, escribe desde el interior del género. “Al conocerlo, uno sabe hasta dónde va a cambiar y hasta dónde no. Con las limitaciones que tiene, con sus pros y sus contras. Creo que no hay que engolosinarse, sobrearreglar y que se deforme demasiado. El tema está compuesto para otra cosa.” La jerarquía entre la música escrita y la música de tradición oral ya no opera con la fuerza del siglo pasado. Hasta la propia distinción es puesta en cuestión: “La música académica fue en algún momento la popular”, apunta Singer. “Era la música que se bailaba, que se comentaba y tenía un impacto en la sociedad. Hoy se hace más difícil hablar en esos términos. ¿Música popular? ¿Cuál es? ¿El folclore de las peñas reaccionarias? ¿El tango para turistas en Caminito? ¿El rock aburrido de los festivales futbolizados? Ojo, hay mucha música popular muy buena. El tema es si podemos seguir usando esa denominación. En nuestro caso [el de los solistas de Hay otra canción], siempre le esquivamos a las típicas instrumentaciones, así que tenemos un diálogo permanente con los instrumentos de la orquesta.” Sin embargo, aunque las orquestas se presten ocasionalmente a los cruces, pocas veces incluyen en sus programaciones habituales obras de extracción popular. ¿Es esto un síntoma de que las jerarquías siguen vigentes? Tanto Posse como Singer destacan que en la definición de esos programas intervienen factores muy complejos –pujas estéticas al interior de la música académica, cuestiones políticas– entre los que la exclusión de lo popular queda en segundo plano. Hugo Lobo, a su vez, advierte que la música de películas o el jazz se suele introducir en los conciertos pedagógicos o en escenarios no tradicionales. Pero coincide en que “las orquestas sinfónicas están para tocar música clásica. Está bueno que no se transforme su repertorio, más allá de Bernstein o Gershwin, que tienen algo de popular. Se tiene que respetar eso y que uno pueda disfrutarlo”.

“Me parece súper válido que las orquestas intenten abrirse a nuevos repertorios”, reflexiona Ramiro Gallo. Lo que más preocupa al violinista, igualmente, no es la conformación del programa sino que no todos los músicos clásicos están dispuestos o preparados para abordar la música popular con el compromiso que requiere: “Cuando tu obra entra dentro de las orquestas no siempre la encaran con la misma seriedad que a Brahms. Hay, por supuesto, honrosas excepciones”.

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