REFLEXIÒN:Historia de Sabiduría

Emy era una linda niña de 3 añitos. Vivía en algún lugar de los EE.UU. frente al mar. Su familia era cristiana. Iban todos los domingos a la iglesia y también realizaban el culto doméstico. ¡Emy era muy feliz!
Ella amaba a su familia y admiraba los ojos azules de su padre, su madre y sus hermanos. Todos en su casa tenían los ojos azules… ¡Menos Emy!! El sueño de ella era tener los ojos azules como el mar. ¡Cómo lo deseaba!

Un día, en la escuela dominical, oyó a la maestra decir: “¡Dios responde todas las oraciones!”.

Emy pasó el día pensando en eso. En la noche, a la hora de dormir, se arrodilló al lado de su cama y oró: “Papá del Cielo, muchas gracias porque creaste el mar que es tan bonito; muchas gracias por mi familia; muchas gracias por mi vida. Me gustan todas las cosas que has hecho… Pero quiero pedirte un favor. Cuando me despierte por la mañana, ¡quiero tener los ojos azules como mi mamá! En nombre de Jesús, Amén”.

Ella tuvo fe, la fe pura y verdadera de un niño. Y, al levantarse al día siguiente, corrió al espejo. Miró… ¿y cuál era el color de sus ojos? ¡Continuaban castaños! ¿Por qué Dios no oyó a Emy? ¿Por qué no atendió a su pedido? ¿Eso habría fortalecido su fe?
Pues bien, en aquel día… ¡Emy aprendió que un NO también era una respuesta!
La niña agradeció a Dios del mismo modo y, aunque no entendía, sólo confiaba.
Años después, Emy fue como misionera a la India. Ella “compraba niños para Dios”. Esos niños eran vendidos por sus familias, que pasaban hambre, para ser sacrificados en el templo. Y Emy los compraba para liberarlos de ese sacrificio.
Pero para poder entrar en los “templos” de la India sin ser reconocida como extranjera, debía disfrazarse de hindú. Se pasó polvo de café en el cabello, se vistió como las mujeres del lugar y entraba libremente en los locales de venta de niños. Emy podía caminar tranquila en todo el “mercado infantil”, pues parecía una hindú.
Un día, una amiga misionera la miró disfrazada y le dijo: “¡Caramba, Emy! ¿Pensaste ya cómo habrías hecho para disfrazarte si tuvieras los ojos azules que toda tu familia tiene? ¡Qué Dios tan inteligente servimos… Él te dió ojos bien oscuros pues sabía que eso era esencial para la misión que te confiaría después!”.
Esa amiga no sabía cuánto Emy había llorado en la infancia por no tener ojos azules… ¡Pero Emy pudo, finalmente, entender el por qué de aquel NO de Dios hacía tantos años!
¡Dios está en el control de todo! Él conoce cada lágrima que rodó por sus mejillas… Él sabe que tal vez usted quisiera “ojos de otro color”… Él oye, SÍ OYE, todas las oraciones, ¡pero responde sabiamente! No necesitas llorar si tus ojos continúan castaños, o si no fue respondida como te hubiera gustado. ¡Dios tiene el control! Ten esa certeza en tu corazón.

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