Reflexiones – Ser Moderación

 
Estimados amigos:

Compartimos en esta ocasión Ser moderación, de mi libro Ser humanos.

 

 

Ser moderación

Ser humanos en la moderación es aceptar que las cosas tienen una justa proporción, que el mundo no es ni todo, ni nada. Ser moderados no es recurrir ni al ascetismo de la renuncia ni a la omnipotencia de querer abarcarlo todo. Esos son extremismos, y a nuestros fines de hacernos más humanos resultan inútiles, o hasta contraproducentes. Ser moderados es asumir que la vida es un viaje, y que está plagado de claroscuros, de éxitos y de fracasos, de aciertos y de errores, y que la clave está en buscar el término medio para poder circular por esa senda con dicha y con agradecimiento. Solo un moderado disfruta del viaje. El que está concentrado en el origen o en el destino, se pierde lo que de verdad importa: el camino.

 

¿Cómo se hace la moderación? Acallando las pulsiones, las pasiones y los impulsos, y buscando el tiempo y la disposición para filtrarlos serenamente por el tamiz de la reflexión. Es decir: dejando pasar solo lo que suma, y descartando lo que va en contra de nuestro avance espiritual. Por otra parte, y esto es muy importante, un verdadero ser moderado no espera que esa admonición venga de un tercero, sino que tiene la versatilidad y la sensibilidad necesarias para que ese llamado de atención venga de su propio interior.

 

Ser moderado es tener autocontrol, pero jamás ejercer la censura. Es reconocer nuestros fragmentos, nuestras piezas, y ensamblarlas con el manual de instrucciones de la sensatez y la mesura. Ser moderado es tener principios, pero no un principismo rabioso que no dé lugar al pragmatismo. Ni ser más papista que el papa. Es saber elegir en qué dirección ir y cuándo dar el golpe de timón para corregir el curso de la nave.

 

¿Dónde se refleja, en lo cotidiano, esta moderación de la que hablamos? En las acciones más concretas, en la acción pura. Nos referimos recién a la humildad: Para percibir la humildad de una persona hace falta compartir mucho tiempo con ella, ya que es una virtud de largo aliento, y suele manifestarse más oblicuamente. La moderación no. Basta pasar un par de horas con alguien para distinguir si se trata o no de un ser moderado. Es algo que se percibe en su forma de comer, de beber, de hablar, de tratar a los demás.

 

La moderación, entonces, es una de las virtudes que se aprecian con mayor rapidez, ya que está a flor de piel. Por eso es, también, una de las más sencillas de asumir y de desplegar. Buscar la disciplina puede demandar un arduo y complejo trabajo; pero para llegar a la moderación, en cambio, basta con modificar pequeñas prácticas cotidianas, limar asperezas, filtrar los impulsos y buscar un saludable equilibrio.

 

Por otro lado, hemos abierto un nuevo canal de comunicación: un espacio de espiritualidad basado en el libro Cabala. Un GPS para el alma, donde encontrarán todo lo referido a esta práctica mística de la religión judía, que puede adoptarse como una práctica universal, para cualquier persona de cualquier tradición, de cualquier religión.

Esperamos puedan disfrutarlo y compartirlo con quienes quieran.

 

En amistad y bendición.

7 comentarios en “Reflexiones – Ser Moderación

  1. Deseo saber dónde puedo conseguir el libro de su autoría
    Ser humanos porque, pese a ser contadora me interesa mucho esta temática.
    ¿Cuál es la editorial y cuáles las librerías donde se puede adquirir su texto?
    ¿Es autor de algún otro libro de humanidades?
    Espero su amable respuesta

  2. Es una verdadera lástima que Ser humanos, de su autoría, esté agotado, porque me hubiese interesado saber si todo, absolutamente todo en el mundo humano es una cuestión de moderación, de término medio, o si existen excepciones atendibles.
    Una amiga mía que es bibliotecaria me dijo que existe un catálogo general al que poder recurrir, de modo que sui usted nos envía los títulos de sus libros y la editorial podríamos tal vez saber qué biblioteca dispone de algunos ejemplares.
    Le agradezco su respuesta tan amable

  3. Mi amiga estuvo buscando en el catálogo general Ser humanos, de su autoría, pero desafortunadamente no lo encontró.
    Tampoco consiguió encontrar otros libros de José Antonio Villaverde. ¿Se trataba de ediciones “muy limitadas?
    Leí sus apuntes sobre cabalística, sin duda muy instructivos. Tal vez le haga algunas preguntas al respecto.

  4. Gracias, Sr. Villaverde.
    Mi amiga bibliotecaria y yo aprendimos a preguntar como nuestros profesores del Colegio Nacional Buenos Aires; ellos decían que preguntando se aprende mucho y que las preguntas encierran tanta sabiduría como las respuestas.

  5. ¿Le llegó mi último correo?
    Le decía, señor Villaverde, que no debe preocuparse por informarnos, pues a mi amiga y a mí nos bastan sus respuestas. Ambas somos tan preguntonas como nos enseñaron en el Colegio Nacional de Buenos Aires.
    Hasta pronto

  6. En su interesante libro titulado Historia de la estupidez humana, Paul Tabory menciona a Michel Chasles.
    Se recuerda a este ilustre matemático francés del siglo XIX no sólo por su peculiar talento sino también por su infantil ingenuidad.
    Aprovechando esta circunstancia, Vrain Denis Lucas, un hombre de escasa educación pero de infinito ingenuo utilizó toda su astucia y su falta de escrúpulos para llevarlo de la nariz durante casi una década. Hijo de un campesino de Châteaudun, Lucas fue a París, donde un comerciante de manuscritos raros lo contrató como copista. Cuando el comerciante murió, Lucas compró parte de su instrumental para dedicarse a hacer copias falsas. Fabricante de falsos árboles genealógicos, de documentos apócrifos de importantes figuras de la ciencia como Newton, Galileo, Descartes, de cartas de amor de Cleopatra a Julio César, de Abelardo a Eloísa, de Laura a Petrarca, de Alejandro Magno y Aristóteles, Vrain Lucas llevó de la nariz a Chasles durante casi una década logrando venderle 27 344 documentos falsificados. El impostor tejió su red con una lógica perfecta inventando explicaciones razonables y convincentes para todas las incongruencias -¿Cómo podía Galileo escribir cuando estaba afectado por la ceguera?, ¿por qué las cartas de Alejandro Magno y Aristóteles se hallaban escritas en un impecable francés?-
    No dispuesto a rendirse, juraba con inusual cinismo la autenticidad de las más escandalosas falsificaciones. Pese a ello terminó mal, muy mal, como suelen terminar todos los impostores, debiendo enfrentar un duro proceso.
    ¿Por qué le recuerdo esta historia? Porque entiendo que aquí no hay lugar para la moderación o el justo medio y me inclinaría a pensar que el término medio debe ceder casos con éste en beneficio de lo que usted denomina rigorismo principista.

  7. Mi hermano conoció muy bien a Borges porque cursó literatura inglesa con él en la Facultad de Filosofía y Letras hace ya mucho, muchísimo tiempo, y como usted podrá imaginar, no es fácil olvidar a Borges, sobre todo porque Borges, que no fue una persona dada a “fáciles elogios” lo aprobó con “distinguido”

    A ambos nos consta que empleó muy sabiamente el recurso ficcional a las falsas atribuciones. Muchas de sus obras ponen de manifiesto esta predilección suya. Pero volvamos a lo central: ni la inobjetable autoridad intelectual de Borges ni su entrañable amistad con él ni el “distinguido” de mi hermano resultan pertinentes a la hora de argumentar porqué no aceptar el principismo o porqué aceptarlo y cuándo. Usted ya me lo explicó, de modo que no volveré a preguntárselo

    Yo personalmente me refería a un impostor “de esos” llamado Vrain Denis Lucas, que con su impostura, perpetró una estafa “casi de antología literaria”; la víctima fue Michel Chasles a quien Vrain Lucas le sustrajo sin pausa y con una prisa arrolladora una verdadera fortuna.

    Me queda claro el disenso y su amistad con Borges, pero lo que no me quedó claro es qué libros escribió usted y a qué editoriales pertenecen. Sería interesante saberlo, realmente, porque alguien como usted, dueño de conocimientos nada despreciables, seguramente tendrá obras de una manifiesta
    calidad intelectual. ¡Es muy interesante, sin duda, su selección de textos! Hacer antologías o editar requiere una potencia intelectual nada despreciable.

    Nosotros los contadores tenemos intereses humanísticos Recuerdo en tal sentido a muy importantes economistas como Bernardo Kliksberg y Amartya Sen, claros exponentes de ello ocupados en conciliar la ética con la economía.

    No seguí tras las huellas de mis profesores del Nacional Buenos Aires, pero recogí sus enseñanzas, y sobre todo sus interrogantes, como le comenté con anterioridad. También sus perplejidades.

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