REFLEXION POLITICA

Lunes 9 de enero de 2012 – Nº29
Mahmoud Ahmadinejad en Latinoamérica

¿Es, acaso, sorprendente que un tirano visite países latinoamericanos? Para nada. En ese marco se inscribe la actual gira latinoamericana del presidente de la República Islámica de Irán, el señor Mahmoud Ahmadinejad, a Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Cuba. La sola presencia en el Hemisferio Occidental de un conocido negador del Holocausto, patrocinador de terrorismo, represor político, constructor de un programa nuclear ilícito y, además, incitador al genocidio, es genuina causa de alarma. Pero al considerar la naturaleza de los gobiernos que lo reciben, vemos en realidad cuan aislado está Irán.
Teherán ya lleva unos cuantos años invirtiendo capital político y económico en América Latina y el propio Ahmadinejad ha visitado la zona en más de una oportunidad. Fue recibido antaño en varias naciones latinoamericanas en tanto que líderes latinoamericanos han viajado a Teherán. Entre los varios objetivos perseguidos por Irán aquí cabe señalar el ganar cobertura diplomática en foros de las Naciones Unidas donde está expuesto a la sanción global, crear mercados económicos alternativos ante las restricciones mundiales que pesan sobre sí, difundir la vertiente religiosa del chiísmo, reforzar y expandir las varias células operativas de Hezbollah, y erigirse como un contrapeso a los Estados Unidos de América en el mismo continente americano. Hasta el momento, solamente Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela han evidenciado entusiasmo en aliarse a Irán. Brasil, en los últimos tramos del gobierno de Lula Da Silva se sumó a este grupo, pero desde la elección de Dilma Rouseff retomó el camino de una política exterior más prudente. Uruguay y la Argentina, cada cual a su modo, han tenido algún acercamiento al régimen iraní, pero las relaciones de ambas naciones con Teherán distan de asemejarse a las que mantiene el grupo comúnmente denominado bolivariano.
Resulta claro cual es el interés de Irán en sembrar vínculos con países de la región. Cada vez más aislado mundialmente; desafiado por su propia ciudadanía oprimida; y ahora que ha quedado definitivamente expuesto por la Agencia Internacional de Energía Atómica su vocación nuclear no pacífica, sometido al peso de sanciones potencialmente efectivas; la necesidad iraní de ampliar sus relaciones internacionales es real. Lo que resulta menos claro es en que se beneficiaría América Latina en su conjunto al mostrarse hospitalaria con la dirigencia de una nación tan universalmente -y legítimamente- cuestionada. La decisión de cada país en torno a su posicionamiento ante Irán es soberana. Pero la sabiduría de esa decisión es pasible de ser debatida e incluso, objetada.
La DAIA, representación política de la comunidad judía argentina, considera que en las actuales circunstancias y dada la naturaleza del régimen que gobierna Irán, hacer justamente eso, es un imperativo político y moral.

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