REFLEXIÒN.Merecer es una palabra peligrosa

Existe por ahí la idea optimista de que si seguimos las reglas, si nos comportamos de determinada manera, merecemos ciertos premios:

«Me lo deben. Hice todo lo que debía. Por lo tanto merezco la buena vida».
«Hice todo lo que él quiso, merezco algo mejor»
«Seguí las reglas del juego tengo derecho a más»
«Sólo deseo lo que otras mujeres tienen».

Sería positivo eliminar del diccionario las expresiones «merecer», «me lo deben» y «tengo derecho». Lo único que logran es predisponernos a la desilusión, al resentimiento y al rechazo. Si pensamos que merecemos algo, o que no logramos aquello que pensamos que nos merecemos, ¡entonces no cabe duda de que nos engañaron!

Ir por la vida creyendo que nos deben algo, que merecemos o tenemos derecho a algo, es otro hábito emocional negativo. Siembra en nosotros la semilla de la amargura cuando no obtenemos lo que deseamos. Podemos tener la esperanza de obtener algunas cosas. Pero aviados estamos si «esperamos» gratitud, gloria, aplausos y amor.
Cuando comenzamos a pensar que hemos comprado el derecho a la felicidad, nos hemos tendido una trampa a nosotros mismos.

Tenemos que aprender a ser fuertes y maduros para centrarnos en nosotros y no en el entorno.
Los clichés culturales nos atrapan y una vez en sus redes cuesta salir pero se puede.
¿Cómo? «Aprendiendo a desafiar a los, se supone, «no debes y debes».
Aprendiendo a borrar mentalmente esos decretos que nos hicieron ver que somos merecedores de…, que tenemos derecho a…., y que nos deben…
No, no es así, y sentir de esta manera sólo nos expone a la desilusión en forma constante, a sentirnos presas fáciles de los engaños de los demás, víctimas de la amargura y del resentimiento.

«Cuando hayamos adquirido la fortaleza y la madurez suficientes para comenzar a pensar por nosotros mismos, estaremos bien encaminados para romper con la negatividad habitual. Ya podremos tirar por la borda nuestras capas de inseguridad. Podremos dejar de desperdiciar nuestras vidas por medio del suicidio social. Podremos reemplazar los malos hábitos mentales
por creencias positivas que nos ofrecerán la oportunidad de ser felices».

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