REFLEXIÒN.DESEO DE CONVENCER

El que tiene deseo sincero de convencer, usa la fuerza del
ejemplo, mucho más que la predicación de la palabra.

Es interesante observar cómo nosotros hemos actuado de
un modo distinto al de Cristo Jesús. El hablaba siempre
después de practicar un signo, un hecho, un milagro.

Nosotros acostumbramos hablar y hablar y, sólo
después, hacemos algo.

Merece el reino de los cielos no el que habla, sino el que
hace: «No todo el que dice, Señor, Señor, entrará en el
reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre».

J.S. Nobre

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *