Rabinos, imanes y sacerdote cristiano rezan juntos para

Publicado 26/11/2010
Rabinos, imanes y sacerdote cristiano rezan juntos para que llueva en Tierra SantaLos líderes religiosos de Tierra Santa pocas veces están de acuerdo en algo, pero estos días rezan por una causa común: traer la lluvia a la árida región, que vive un mes de noviembre con temperaturas veraniegas.

En iglesias, sinagogas y mezquitas los asistentes al culto no dejan de dedicar desde hace semanas unas palabras para pedir a Dios que les bendiga con las ansiadas precipitaciones, cuya ausencia podría causar estragos en una agricultura que soporta ya siete años consecutivos de sequía.

Unos sesenta imanes y rabinos y un sacerdote cristiano unieron sus fuerzas hace dos semanas en un curioso encuentro en el pueblo palestino de Wallajah para orar juntos por la llegada de un otoño que no se decide a aparecer.

Al poco común rezo inter-confesional han seguido multitud de iniciativas, a cual más original, para conmover a la Divinidad y que se apiade de sus fieles en esta región que alberga algunos de los más importantes lugares sagrados de las principales religiones monoteístas.

Quizás los más activos hayan sido los judíos, cuyos rabinos jefes, el ashkenazí Yona Metzger y el sefardí Shlomo Amar, han dejado claro en una misiva a sus seguidores que «la tierra está seca debido a nuestros muchos pecados», un castigo celestial ante el que sólo cabe esperar la misericordia del Todopoderoso.

Ayer, los rabinos Menashe Malka y Reuven Deri se subieron a un globo aerostático junto a la reina de la belleza Shavit Wiesel (Miss Israel 2010) para pedir desde el cielo del caldeado desierto del Negev que Yavé envíe las lluvias.

El colorido grupo entonó una oración del rabino Mordejai Eliahu, destinada específicamente para este tipo de ocasiones.

También ayer, Metzger y Amar visitaron en la ciudad de Hatzor Haglilit, en el norte del país, la tumba de Honi Hamagel, sabio judío del siglo I A.C. famoso por invocar con éxito la llegada de la lluvia.

En la última quincena, los más altos guías espirituales judíos han convocado a sus feligreses a varias jornadas de ayuno, en las que cientos de creyentes no han comido ni bebido desde el anochecer de un día hasta el del siguiente, como muestra de sacrificio y expiación de los pecados que han llevado a Dios a castigar con la sed a su rebaño.

El miércoles, docenas de rabinos se unieron en una ceremonia multitudinaria con el mismo objetivo a bordo de un barco en el Mar de Galilea, cuyo nivel disminuye medio centímetro cada día y ha superado ya en más de un metro el nivel mínimo de alerta.

Los dos rabinos jefes han diseñado una oración especial que los judíos más religiosos recitan estos días con fervor para luchar contra la alarmante situación.

«Oh, Aquel que escucha las oraciones, por favor, trae la lluvia a esta tierra y bendice al mundo entero con tu bondad, y llena nuestras manos con tus bendiciones y la riqueza de tus regalos. Ten misericordia con nosotros y con nuestras frutas y cultivos. Bendícenos con la lluvia y haznos merecedores de la vida, el sustento y la paz como en los buenos años», dice la plegaria.

El rabino Mezger está convencido de su poder y asegura que: «Hace un año nos encontramos en la misma situación, en la que no había lluvia en mitad del invierno. Después de que distribuyésemos nuestra oración y las sinagogas en todo el país hicieran servicios especiales, llegaron las lluvias al final del invierno y se evitó la sequía».

La relación entre las lluvias y el pueblo judío está plasmada en la Biblia, en el capítulo once del Deuteronomio, en el que se advierte a los judíos de que, si adoran a otros dioses, Yahvé «cerrará los cielos y no habrá lluvia y la tierra no dará sus frutos».

Hoy, a pocos días de finalizar el mes de noviembre, los residentes de Tel Aviv pueden disfrutar de su paradisíaca playa, con una temperatura de 25 grados, mientras en Jerusalén se registran 23 y a las orillas del Mar Muerto se llega a los 30.

El fin de semana será aún más caluroso y el termómetro subirá todavía un par de grados más en esta tierra sedienta, cuyos agricultores miran al cielo con la esperanza de avistar a lo lejos alguna nube que preceda a la tormenta.

Si las cosas no cambian pronto, los peregrinos cristianos podrían llegar a la ciudad palestina de Belén dentro de unas semanas a pasar una calurosa Navidad en camiseta, sandalias y pantalón corto. EFE

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