Rabina Graciela de Grynberg – Una Reflexión de Shabat

Una Reflexión de Shabat

B’H – בה

7 de Kislev de 5772 – 3 de Diciembre de 2011

Encendido de velas el viernes: 19:35 horas

Parasha: Vaietzé / Génesis 28:10-32:3 (*)

Haftara: Oseas 12:13-14:10 (**)

Conclusión del Shabat: 20:35 horas

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Sergio, es dueño de un rancho.

Muchas veces usa su casa para organizar actividades destinadas a reunir fondos para programas de ayuda a los jóvenes en peligro.

En una oportunidad, presentó a una persona diciendo:

Quiero decirles por que la dejo a Javier, usar mi casa.

Todo se remonta a la historia de un muchacho que era hijo de un itinerante entrenador de caballos, que iba de un establo a otro, de una pista a otra, de una granja a otra, de un rancho a otro entrenando caballos.

Como consecuencia de ello, los estudios del muchacho se veían siempre interrumpidos.

Cuando ya estaba en el secundario, le pidieron que escribiera un trabajo sobre lo que quería ser y hacer cuando fuera grande.

Esa noche, escribió una redacción de siete páginas en la que describía su meta, de tener algún día un haras.

Escribió un sueño con muchos detalles y hasta dibujó un croquis del rancho de cien hectáreas, en el que señaló la ubicación de todos los edificios, los establos y la pista.

Después dibujó un plano detallado, de una casa de mil trescientos metros cuadrados que se levantaría en el rancho soñado de cien hectáreas.

Puso mucho de su corazón en el proyecto y, al día siguiente, se lo entregó al profesor.

Dos días más tarde recibió de vuelta su trabajo. Pero para su asombro, el profesor lo había reprobado y leyó una nota que decía: ven a verme la semana que viene.

El chico del sueño fue a ver al profesor después de clase y le preguntó, ¿por qué me aplazó?

El profesor le dijo: es un sueño poco realista para un chico como vos. No tienes recursos, para tener un haras hace falta mucho dinero.

Luego de lo cual, el profesor agregó: si vuelves a hacer el trabajo con un objetivo más realista, reconsideraré tu nota.

Después de reflexionar durante una semana, el chico entregó el mismo trabajo, sin hacer un solo cambio. Y dijo: puede quedarse con mí reprobado profesor, yo me quedaré, con mi sueño.

Sergio se volvió al grupo y les dijo: les cuento todo esto porque están sentados en mi casa de mil trescientos metros cuadrados, en mi haras de cien hectáreas.

Todavía tengo aquel deber del colegio enmarcado en mi chimenea.

Luego agregó: lo mejor de la historia es que hace dos años, ese mismo profesor, trajo a acampar a treinta chicos a mi rancho durante una semana.

Cuando se iba me dijo: mira Sergio, ahora puedo decírtelo. Cuando era profesor tuyo, era una especie de ladrón de sueños. Durante años robé un montón de sueños de niños.

Por suerte, tuviste suficiente sentido común como para no abandonar el tuyo…

No dejes, que nadie, te robe los sueños.

Esta semana leeremos en la Tora acerca del sueño que tuvo Jacob, en el cual había una escalera donde ángeles subían y bajaban. Y allí le dice Dios que a su descendencia dará ese lugar y serán cual polvo de la tierra y los bendecirá y los protegerá.

Como pueblo nunca perdimos la esperanza de volver a nuestra tierra. Hoy el Estado de Israel, es una realidad.

Como hombres y mujeres, al igual que Sergio, nunca perdamos las esperanzas de concretar nuestros sueños, no importa cuán grandes y lejanos parezcan o cuantas personas quieran robarlos.

¡Shabat Shalom!!!

Rabina Graciela de Grynberg

Comunidad Benei Tikva

Celestino Vidal 2049 Tel.: (.54.11) 4781-9392

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rabinato@beneitikva.org.ar

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(*) Vaietzé / Génesis 28:10-32:3

Capítulo 28

10 Jacob partió de Berseba y se dirigió hacia Jarán.

11 De pronto llegó a un lugar, y se detuvo en él para pasar la noche, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso como almohada y se acostó allí.

12 Entonces tuvo un sueño: vio una escalinata que estaba apoyada sobre la tierra, y cuyo extremo superior tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban ángeles de Dios.

13 Y el Señor, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra donde estás acostado.

14 Tu descendencia será numerosa como el polvo de la tierra; te extenderás hacia el este y el oeste, el norte y el sur; y por ti y tu descendencia, se bendecirán todas las familias de la tierra.

15 Yo estoy contigo: te protegeré dondequiera que vayas, y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta haber cumplido todo lo que te prometo».

16 Jacob se despertó de su sueño y exclamó» «¡Verdaderamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía!».

17 Y lleno de temor, añadió: «¡Qué temible es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo».

18 A la madrugada del día siguiente, Jacob tomó la piedra que la había servido de almohada, la erigió como piedra conmemorativa, y derramó aceite sobre ella.

19 Y a ese lugar, que antes se llamaba luz, lo llamó Betel, que significa «Casa de Dios».

20 Luego Jacob hizo este voto: «Si Dios me acompaña y me protege durante el viaje que estoy realizando, si me da pan para comer y ropa para vestirme,

21 y si puedo regresar sano y salvo a la casa de mi padre, el Señor será mi Dios.

22 Y esta piedra conmemorativa que acabo de erigir, será la casa de Dios. Además, le pagaré el diezmo de todo lo que me dé».

Capítulo 29

1 Jacob reanudó la marcha y se fue al país de los Orientales.

2 Allí vio un pozo en medio del campo, junto al cual estaban tendidos tres rebaños de ovejas, porque en ese pozo daban de beber al ganado. La piedra que cubría la boca del pozo era muy grande.

3 Solamente cuando estaban reunidos todos los pastores, podían correrla para dar de beber a los animales. Luego la volvían a poner en su lugar, sobre la boca del pozo.

4 Jacob dijo a los pastores: «Hermanos, ¿de dónde son ustedes?». «Somos de Jarán», respondieron.

5 El añadió: «¿Conocen a Labán, hijo de Najor?». «Sí», dijeron ellos.

6 El volvió a preguntarles: «¿Se encuentra bien?». «Muy bien», le respondieron. «Precisamente, ahí viene su hija Raquel con el rebaño».

7 Entonces él les dijo: «Aún es pleno día; todavía no es hora de entrar los animales. ¿Por qué no les dan de beber y los llevan a pastar?».

8 «No podemos hacerlo, dijeron ellos, hasta que no se reúnan todos los pastores y hagan rodar la piedra que está sobre la boca del pozo. Sólo entonces podremos dar de beber a los animales».

9 Todavía estaba hablando con ellos, cuando llegó Raquel, que era pastora, con el rebaño de su padre.

10 Apenas Jacob vio a Raquel, la hija de su tío Labán, que traía el rebaño, se adelantó, hizo rodar la piedra que cubría la boca del pozo, y dio de beber a las ovejas de su tío.

11 Después besó a Raquel y lloró de emoción.

12 Entonces le contó que él era pariente de Labán –por ser hijo de Rebeca– y ella fue corriendo a comunicar la noticia a su padre.

13 Labán, por su parte, al oír que se trataba de Jacob, el hijo de su hermana, corrió a saludarlo; lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. Y cuando Jacob le contó todo lo que había sucedido,

14 Labán le dijo: «Realmente, tú eres de mi misma sangre». Después que Jacob pasó un mes entero en compañía de Labán,

15 este le dijo: «¿Acaso porque eres pariente mío me vas a servir gratuitamente? Indícame cuál debe ser tu salario».

16 Ahora bien, Labán tenía dos hijas: la mayor se llamaba Lía, y la menor, Raquel.

17 Lía tenía una mirada tierna, pero Raquel tenía una linda silueta y era muy hermosa.

18 Y como Jacob se había enamorado de Raquel, respondió: «Te serviré durante siete años, si me das por esposa a Raquel, tu hija menor».

19 «Mejor es dártela a ti que a un extraño», asintió Labán. «Quédate conmigo».

20 Y Jacob trabajó siete años para poder casarse con Raquel, pero le parecieron unos pocos días, por el gran amor que le tenía.

21 Después Jacob dijo a Labán: «Dame a mi esposa para que pueda unirme con ella, por el plazo ya se ha cumplido».

22 Labán reunió a toda la gente del lugar e hizo una fiesta.

23 Pero al anochecer, tomó a su hija Lía y se la entregó a Jacob. Y Jacob se unió a ella.

24 Además, Labán destinó a su esclava Zilpá, para que fuera sirvienta de su hija Lía.

25 A la mañana siguiente, Jacob reconoció a Lía. Entonces dijo a Labán: «¿Qué me has hecho? ¿Acaso yo no te serví para poder casarme con Raquel? ¿Por qué me engañaste?».

26 Pero Labán le respondió: «En nuestro país no se acostumbra a casar a la menor antes que a la mayor.

27 Por eso, espera que termine la semana de esta fiesta nupcial, y después te daré también a Raquel, como pago por los servicios que me prestarás durante otros siete años».

28 Jacob estuvo de acuerdo: esperó que concluyera esa semana, y después, Labán le dio como esposa a su hija Raquel.

29 Además, Labán destinó a su esclava Bilhá, para que fuera sirvienta de su hija Raquel.

30 Jacob se unió a ella, y la amó más que a Lía. Y estuvo al servicio de Labán siete años más.

31 Cuando el Señor vio que Lía no era amada, la hizo fecunda, mientras que Raquel permaneció estéril.

32 Lía concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Rubén, porque dijo: «El Señor ha visto mi aflicción; ahora sí que mi esposo me amará».

33 Luego volvió a concebir, y tuvo otro hijo. Entonces exclamó: «El Señor se dio cuenta de que yo no era amada, y por eso me dio también a este». Y lo llamó Simeón.

34 Después concibió una vez más, y cuando dio a luz, dijo: «Ahora mi marido sentirá afecto por mí, porque le he dado tres hijos». Por eso lo llamó Leví.

35 Finalmente, volvió a concebir y a tener un hijo. Entonces exclamó: «Esta vez alabaré al Señor», y lo llamó Judá. Después dejó de tener hijos.

Capítulo 30

1 Al ver que no podía dar hijos a Jacob, Raquel tuvo envidia de su hermana, y dijo a su marido: «Dame hijos, porque si no, me muero».

2 Pero Jacob, indignado, le respondió: «¿Acaso yo puedo hacer las veces de Dios, que te impide ser madre?».

3 Ella añadió: «Aquí tienes a mi esclava Bilhá. Únete a ella, y que dé a luz sobre mis rodillas. Por medio de ella, también yo voy a tener hijos».

4 Así le dio por mujer a su esclava Bilhá. Jacob se unió a ella,

5 y cuando Bilhá concibió y dio un hijo a Jacob.

6 Raquel dijo: «Dios me hizo justicia: él escuchó mi voz y me ha dado un hijo». Por eso lo llamó Dan.

7 Después Bilhá, la esclava de Raquel, volvió a concebir y dio un segundo hijo a Jacob.

8 Entonces Raquel dijo: «Sostuve con mi hermana una lucha muy grande, pero al fin he vencido». Y lo llamó Neftalí.

Los hijos de Zilpá

9 Lía, por su parte, viendo que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá y se la dio como mujer a Jacob.

10 Cuando Zilpá, la esclava de Lía, dio un hijo a Jacob,

11 Lía exclamó: «¡Qué suerte!». Y lo llamó Gad.

12 Después Zilpá, la esclava de Lía, dio otro hijo a Jacob.

13 Lía dijo entonces: «¡Qué felicidad! Porque todas las mujeres me felicitarán». Y lo llamó Aser.

14 Rubén salió una vez mientras se estaba cosechando el trigo, y encontró en el campo unas mandrágoras, que luego entregó a su madre. Entonces Raquel dijo a Lía: «Por favor, dame algunas de esas mandrágoras que trajo tu hijo».

15 Pero Lía respondió: «¿No te basta con haberme quitado a mi marido, que ahora quieres arrebatarme también las mandrágoras de mi hijo?». «Está bien, respondió Raquel, que esta noche duerma contigo, a cambio de las mandrágoras de tu hijo».

16 Al atardecer, cuando Jacob volvía del campo, Lía salió a su encuentro y le dijo: «Tienes que venir conmigo, porque he pagado por ti las mandrágoras que encontró mi hijo». Aquella noche Jacob durmió con ella,

17 y Dios la escuchó, porque concibió una vez más, y dio a Jacob un quinto hijo.

18 Entonces Lía exclamó: «Dios me ha recompensado, por haber dado mi esclava a mi marido». Y lo llamó Isacar.

19 Luego Lía volvió a concebir y dio un sexto hijo a Jacob.

20 «Dios me hizo un precioso regalo», dijo Lía. «Esta vez mi marido me honrará, porque le he dado seis hijos». Y lo llamó Zabulón.

21 Finalmente tuvo una hija, a la que llamó Dina.

22 Dios también se acordó de Raquel, la escuchó e hizo fecundo su seno.

23 Ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces exclamó: «Dios ha borrado mi afrenta».

24 Y lo llamó José, porque dijo: «Que el Señor me conceda un hijo más».

25 Después que Raquel dio a luz a José, Jacob dijo a Labán: «Déjame volver a mi casa y a mi país.

26 Dame a mis mujeres, por las que te he servido, y a mis hijos, para que pueda irme. Porque tú sabes muy bien cuánto trabajé por ti».

27 Pero Labán le respondió: «Si quieres hacerme un favor, quédate conmigo. Yo he llegado a saber, por medio de la adivinación, que el Señor me bendijo gracias a ti.

28 Por eso, siguió diciendo, fíjame tú mismo el salario que debo pagarte».

29 Entonces Jacob añadió: «Tú sabes bien cómo te he servido, y cómo prosperó tu hacienda gracias a mis cuidados.

30 Lo poco que tenías antes que yo llegara se ha acrecentado enormemente, ya que el Señor te bendijo gracias a mí. Pero ya es hora de que también haga algo por mi propia casa».

31 «¿Qué debo darte en pago?», preguntó Labán. Y Jacob respondió: «No tendrás que pagarme nada. Si haces lo que te voy a proponer, yo volveré a apacentar tu rebaño y a ocuparme de él.

32 Revisa hoy mismo todo tu rebaño, y aparta de él todas las ovejas negras y todas las cabras moteadas o manchadas. Ese será mi salario.

33 Y más adelante, cuando tú mismo vengas a verificar mis ganancias, mi honradez responderá por mí; si llego a tener en mi poder alguna cabra que no sea manchada o moteada, o alguna oveja que no sea negra, eso será un robo que yo he cometido».

34 «Está bien, dijo Labán, que sea como tú dices».

35 Pero aquel mismo día, Labán separó los chivos rayados y moteados, todas las cabras manchadas y moteadas –todo lo que tenía una mancha blanca– y todos los corderos negros, y los confió al cuidado de sus hijos.

36 Después interpuso entre él y Jacob una distancia de tres días de camino. Mientras tanto, Jacob apacentaba el resto del rebaño de Labán.

37 Jacob tomó unas ramas verdes de álamo, almendro y plátano, y trazó en ellas unas franjas blancas, dejando al descubierto la parte blanca de las ramas.

38 Luego puso frente a los animales, en los bebederos o recipientes de agua donde iba a beber el rebaño, las ramas que había descortezado. Y cuando los animales iban a beber, entraban en celo.

39 De esta manera, se unían delante de las ramas y así tenían crías rayadas, moteadas o manchadas.

40 Además, Jacob separó a los carneros y los puso frente a los animales rayados y negros del rebaño de Labán. Así pudo formar sus propios rebaños, que mantuvo separados de los rebaños de Labán.

41 Y cuando los animales que entraban en celo eran robustos, Jacob ponía las ramas en los bebederos, bien a la vista de los animales, para que se unieran delante de las ramas;

42 pero cuando los animales eran débiles, no las ponía. Así los animales robustos eran para Jacob, y los débiles para Labán.

43 De esta manera Jacob se hizo extremadamente rico, y llegó a tener una gran cantidad de ganado, de esclavos, esclavas, camellos y asnos.

Capítulo 31

1 Jacob se enteró de que los hijos de Labán andaban diciendo: «Jacob se ha apoderado de todos los bienes de nuestro padre, y a expensas de él ha conseguido toda esta riqueza».

2 Y también advirtió que la actitud de Labán para con él ya no era la misma de antes.

3 Entonces el Señor le dijo: «Vuelve a la tierra de tus padres y de tu familia, y yo estaré contigo».

4 Jacob mandó llamar a Raquel y a Lía para que fueran a encontrarse con él en el campo donde estaba el rebaño,

5 y le dijo: «He advertido que el padre de ustedes ya no se comporta conmigo como antes, pero el Dios de mi padre ha estado conmigo.

6 Ustedes saben muy bien que yo puse todo mi empeño en servir a mi suegro.

7 Sin embargo, él se ha burlado de mí y ha cambiado diez veces mi salario. Pero Dios no le ha permitido que me hiciera ningún mal.

8 Si él establecía: «Los animales manchados serán tu salario», todo el rebaño tenía crías manchadas; y si él decía: «Los animales rayados serán tu paga», todo el rebaño tenía crías rayadas.

9 Así Dios lo despojó de su ganado y me lo dio a mí.

10 Una vez, durante el período en que el rebaño entra en celo, yo tuve un sueño. De pronto vi que los chivos que cubrían a las cabras eran rayados, manchados o moteados.

11 Y en el sueño, el Ángel de Dios me llamó: «¡Jacob!». «Aquí estoy», le respondí.

12 Entonces él me dijo: Fíjate bien: todos los chivos que cubren a las cabras son rayados, manchados o moteados, porque yo me he dado cuenta de todo lo que te hizo Labán.

13 Yo soy el Dios que se te apareció en Betel, allí donde tú ungiste una piedra conmemorativa y me hiciste un voto. Ahora levántate, sal de este país, y regresa a tu tierra natal».

14 Raquel y Lía le respondieron diciendo: «¿Tenemos todavía una parte y una herencia en la casa de nuestro padre?

15 ¿Acaso no nos ha tratado como a extrañas? No sólo nos ha vendido, sino que además se ha gastado el dinero que recibió de nosotras.

16 Sí, toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre es nuestra y de nuestros hijos. Procede como Dios te lo ha ordenado».

17 Inmediatamente Jacob hizo montar en los camellos a sus hijos y a sus mujeres,

18 y se llevó todo su ganado y todos sus bienes –el ganado de su propiedad, que había adquirido en Padán Aram– para ir a la tierra de Canaán, donde se encontraba Isaac, su padre.

19 Como Labán estaba ausente, esquilando sus ovejas, Raquel se adueñó de los ídolos familiares que pertenecían a su padre.

20 Y Jacob engañó a Labán, el arameo, porque huyó sin decirle una palabra.

21 Así escapó Jacob con todo lo que tenía, y apenas estuvo al otro lado del Éufrates, se dirigió hacia la montaña de Galaad.

22 Al tercer día notificaron a Labán que Jacob había huido.

23 Labán reunió a sus parientes y lo persiguió durante siete días, hasta que al fin lo alcanzó en la montaña de Galaad.

24 Pero esa misma noche, Dios se apareció en sueños a Labán, el arameo, y le dijo: «Cuidado con entrometerse para nada en los asuntos de Jacob».

25 Cuando Labán alcanzó a Jacob, este había instalado su campamento en la montaña. Labán, por su parte, acampó en la montaña de Galaad.

26 Labán dijo entonces a Jacob: «¿Qué has hecho? ¡Me has engañado y te has llevado a mis hijas como prisioneras de guerra!

27 ¿Por qué has huido ocultamente y me has engañado? Si me hubieras avisado, yo te habría despedido con una fiesta, con cantos y con música de tambores y liras.

28 Pero tú ni siquiera me has permitido saludar con un beso a mis nietos y a mis hijas. Realmente te has comportado como un insensato.

29 Yo tengo poder suficiente para hacerles una mala jugada a todos ustedes. Sin embargo, ayer por la noche, el Dios de tu padre me dijo: «Cuidado con entrometerte para nada en los asuntos de Jacob».

30 De todas maneras, está bien: tú te has ido porque añorabas tu casa paterna. Pero ¿por qué robaste mis dioses?».

31 «Yo estaba atemorizado, respondió Jacob a Labán, pensando que podías quitarme a tus hijas.

32 Y en lo que respecta a tus dioses, si llegas a encontrarlos en poder de alguno de nosotros, ese no quedará con vida. Revisa bien, en presencia de nuestros hermanos, a ver si hay aquí algo que te pertenece, y llévatelo». Por supuesto, Jacob ignoraba que Raquel los había robado.

33 Labán entró en la carpa de Jacob, en la de Lía, y en la de las dos esclavas, y no encontró nada. Al salir de la carpa de Lía, entró en la de Raquel.

34 Pero Raquel había tomado los ídolos, los había guardado en la montura del camello y se había sentado encima de ellos. Después que Labán registró toda la carpa sin obtener ningún resultado,

35 Raquel dijo a su padre: «Que mi señor no lo tome a mal; pero no puedo ponerme de pie ante él, porque me sucede lo que es habitual en las mujeres». Y por más que buscó, no logró encontrar los ídolos.

36 Jacob se llenó de indignación, y reprochó a Labán diciéndole: «¿Qué delito o falta he cometido para que me acoses de esa manera?

37 Acabas de registrar todas mis cosas y no has encontrado un solo objeto que te pertenezca. Si lo has encontrado, colócalo aquí, delante de tu gente y de la mía, y que ellos decidan quién de nosotros tiene razón.

38 En los veinte años que estuve contigo, tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, y jamás me comí los carneros de tu rebaño.

39 Nunca te llevé un animal despedazado por las fieras: yo mismo debía reparar la pérdida, porque tú me reclamabas lo que había sido robado tanto de día como de noche.

40 De día me consumía el calor, y de noche, la helada; y el sueño huía de mis ojos.

41 De los veinte años que pasé en tu casa, catorce trabajé por tus dos hijas, y seis por tu rebaño, y tú me cambiaste el salario diez veces.

42 Y si el Dios de mi padre –el Dios de Abraham y el Terror de Isaac– no hubiera estado de mi parte, me habrías despedido con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi opresión y mi fatiga, y ayer por la noche pronunció su fallo».

43 Labán replicó a Jacob: «Estas mujeres son mis hijas, y estos muchachos, mis nietos; y también es mío el rebaño. Todo lo que ves me pertenece. Pero ¿qué puedo hacer ahora contra mis hijas y mis nietos?

44 Por eso, hagamos una alianza, y que haya un testigo entre tú y yo».

45 Entonces Jacob tomó una piedra y la erigió como piedra conmemorativa.

46 Labán por su parte, dijo a sus hermanos: «Recojan unas piedras». Ellos las recogieron, las amontonaron y comieron allí, sobre el montón de piedras.

47 Y Labán le puso el nombre de Iegar Sahadutá, mientras que Jacob lo llamó Galed.

48 Después Labán declaró: «Este montón de piedras será siempre un testigo entre tú y yo, como lo es ahora». Por eso lo llamó Galed.

49 Además, le puso el nombre de Mispá, porque dijo: «Que el Señor nos vigile a los dos, cuando estemos lejos el uno del otro:

50 si tú maltratas a mis hijas o te unes a otras mujeres además de ellas –aunque no haya nadie entre nosotros– recuerda que Dios está como testigo entre tú y yo».

51 Luego añadió: «Mira este montón de piedras, y mira la piedra conmemorativa que yo erigí entre tú y yo:

52 una y otra cosa serán testigos de que ninguno de los dos iremos más allá de este montón de piedras y de esta piedra conmemorativa, con malas intenciones.

53 Que el Dios de Abraham y el Dios de Najor sea nuestro juez». Entonces Jacob prestó un juramento por el Terror de Isaac.

54 Luego ofreció un sacrificio sobre la Montaña, e invitó a sus hermanos a participar del banquete. Ellos comieron y pasaron la noche en la Montaña.

Capítulo 32

1 A la madrugada del día siguiente, Labán abrazó a sus nietos y a sus hijas, los bendijo, y regresó a su casa,

2 mientras que Jacob prosiguió su camino. De pronto, le salieron al paso unos ángeles de Dios.

3 Al verlos, Jacob exclamó: «Este es un campamento de Dios». Por eso dio a ese lugar el nombre de Majanaim.

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(**) Oseas 12:13-14:10

Capítulo 12

13 Jacob huyó a los campos de Aram. Israel sirvió por una mujer y por una mujer, cuidó los rebaños.

14 Pero, por un profeta, el Señor hizo subir a Israel de Egipto, y por un profeta él fue protegido.

15 Efraím apenó a Dios amargamente: su Señor arrojará sobre él la sangre vertida, y le devolverá sus agravios.

Capítulo 13

1 Cuando hablaba Efraím cundía el terror, él se había encumbrado en Israel, pero se hizo culpable a causa de Baal y murió.

2 Ahora siguen pecando: se fabrican estatuas de metal fundido, hacen con su plata ídolos de su invención. ¡Obra de artesanos es todo eso! Luego dicen: «Ofrézcanles sacrificios». ¡Hombres besan a terneros!

3 Por eso serán como nube de la mañana, como rocío que pronto se disipa, como paja aventada lejos de la era, como humo que sale por la ventana.

4 Pero yo soy el Señor, tu Dios, desde el país de Egipto: no conoces a otro Dios más que a mí, y fuera de mí no hay salvador.

5 Yo te conocí en el desierto, en la tierra de la aridez.

6 Al llegar a sus campos de pastoreo, ellos se saciaron; y una vez saciados, se enorgulleció su corazón;: por eso se olvidaron de mí.

7 Yo seré para ellos como un león, como un leopardo estaré al acecho junto al camino;

8 los atacaré como una osa privada de su cría, desgarraré las fibras de su corazón, los devoraré allí mismo como una leona, y las fieras los destrozarán.

9 ¡Ahí estás maltrecho, Israel! ¿Quién podrá socorrerte?

10 ¿Dónde está tu rey, para salvarte, y tus jueces, para defenderte, aquellos de los que decías: «Dame un rey y príncipes»?

11 En mi ira, yo te di un rey y en mi furor, te lo quitaré.

12 La iniquidad de Efraím está guardada bajo sello, su pecado, escondido en lugar seguro.

13 Llegan los dolores del parto para que él nazca, pero es un hijo que no se da maña: ¡llegada la hora, no atina a salir del seno materno!

14 ¿Y yo voy a rescatarlos del poder del Abismo? ¿Voy a redimirlos de la muerte? ¿Dónde está, Muerte, tu pestilencia? ¿Dónde están tus plagas, Abismo? La compasión se oculta a mis ojos.

15 Por más que Efraím prosperes entre sus hermanos, llegará el viento del este, el soplo del Señor, que sube del desierto, y se agotará su fuente, se secará su manantial. El despojará el tesoro de todos los objetos preciosos.

Capítulo 14

1 Samaría tendrá que expiar, porque se ha rebelado contra su Dios. Ellos caerán bajo la espada, su recién nacidos serán estrellados y abrirán el vientre de las embarazadas.

2 Vuelve, Israel, al Señor de tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer.

3 Preparen lo que van decir y vuelvan al Señor. Díganle: «Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios.

4 Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más «¡Dios nuestro!» a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión».

5 Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos.

6 Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano;

7 sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano.

8 Volverán a sentarse a mi sombre, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano.

9 Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto.

10 ¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.

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