QUE ES LA YIHAD PARA LOS MUSULMANES

«Yihad» es una palabra de género masculino en su lengua de origen, el árabe; en las lenguas occidentales que han tomado esta voz suelen emplearla como correlato islámico del concepto de guerra santa, y por esta razón en español, yihad suele interpretarse como sustantivo femenino, en función de su traducción como ‘guerra santa’, y como tal lo recogerá el Diccionario académico en su próxima edición. Algunos arabistas suelen considerar, por el contrario, que debería usarse en masculino no sólo porque sea éste su género en lengua árabe sino porque lo es el de su traducción literal, «esfuerzo». Lexicógrafos como Martínez de Sousa coinciden con el criterio académico y sostienen, sin embargo, que los préstamos no tienen por qué mantener la moción de género de la lengua de la cual proceden, por lo que recomiendan su uso en femenino.

El significado real del término es ampliamente debatido, pues connota un amplio rango de significados que van desde su interpretación como «lucha espiritual» hasta la lucha física, política o militar.[1] Los islamistas implicados en las formas políticas o militares de la yihad suelen ser etiquetados en Occidente con el neologismo yihadista, que implica una interpretación restringida del término yihad.[2]

El término suele aparecer en el Corán en la fórmula «esfuerzo en el camino de Dios», en el sentido de esfuerzo para hacer reinar los derechos de Dios, es decir, para defender el Islam. Es importante entender que el Islam, al contrario que otras religiones, no predica la pasividad ni la mansedumbre sino la lucha individual y colectiva como vía para lograr los valores a los que aspira. Por eso la yihad es considerado por muchos como el sexto pilar del Islam.

Yihad – tarea obligatoria para todos

La yihad es una orden apremiante para cada musulmán. La yihad comprende la sujeción forzosa para todas las personas que no aceptan el Islam. Durante el tiempo de Mahoma, la yihad fue practicado contra cristianos y judíos. Dejemos que el mismo Corán se exprese:

Aquellos que nieguen el Islam deben ser muertos. Si se vuelven (del Islam), entonces cogedlos, matadlos donde los encontréis» (Sura 4, 89 [91] traducción directa del documento alemán que se apoya en la edición inglesa del «Noble Quran»)

Con palabras claras y fuertes, el Corán manda a los musulmanes que fuercen a la conversión a los cristianos y judíos. «¡Los que recibisteis el Libro (judíos y cristianos)! Creed en lo que hemos revelado (a Mahoma) en confirmación de lo que ya teníais, antes de que borremos los rasgos de los rostros (haciéndolos como las nucas, sin nariz, boca ni ojos), y los volvamos hacia atrás o los maldigamos como maldijimos a los transgresores del sábado. La orden de Alá se cumple» (Sura 4, 47; las palabras que aparecen entre paréntesis se encuentran en la edición inglesa. En la versión española de Plaza & Janes Editores S.A. de 1980, el verso citado es el N° 50).

Dominio mundial del Islam

Para los musulmanes la yihad no es opcional; es su deber, porque Alá lo manda así (Sura 9, 29 [+38]). Todos los musulmanes deben, pues, obedecer esta orden con el fin de cumplir con la fe. Las únicas excepciones son los minusválidos, los ciegos o los mutilados (Sura 4, 95 [97]). El propósito de la yihad consiste en el levantamiento del dominio musulmán en todo el mundo. El Islam enseña que Alá es la única autoridad. Es por eso que todos los sistemas políticos deben basarse en las doctrinas de Alá, y en ninguna otra. Los demás sistemas políticos – desde la democracia hasta la dictadura – son considerados obra humana, y por eso sin validez alguna.

Adaptarse para conquistar

La teología islámica conoce tres fases para la yihad. En la fase de debilidad están los casos de cuando los musulmanes se encuentran en la minoría dentro de un país no islámico. En tal caso, la yihad abierta no es lo más adecuado. Los musulmanes tratan de sujetarse a las leyes civiles de los respectivos países.

Sin embargo, se afanan en incrementar el número de ellos. Es en esta fase en la que los musulmanes hacen caso a la palabra que Mahoma recibió en La Meca que dice que en cuanto a la religión no se debe usar la fuerza (Sura 2, 256 [257]). Es este pasaje que se cita con frecuencia para demostrar que el Islam no fuerza a nadie a la conversión. Luego hay otros versos que hablan de la convivencia pacífica y tranquila con los «infieles». Pero tenemos que tener ante la vista que Mahoma escribió estas palabras cuando él y sus feligreses aún eran un grupo pequeño y débil estando en La Meca. Pero después de que su movimiento aumentó en fuerza recibió Mahoma nuevas palabras que reemplazaron dichos versos anteriores.

En la fase de preparación entran cuando hayan llegado a una minoría influyente. Puesto que su meta es la confrontación directa contra su enemigo, se hacen preparativos tanto en lo económico, físico y militar como en lo espiritual. En la Sura 8, 59-60 (61-62) se dice:

«Que los infieles no crean que logren escapar; no podrán frustrar (a Alá). Así que, preparad contra ellos lo que podáis con guerreros y caballos para aterrorizar a los enemigos de Alá y de vosotros, y otros distintos de ellos que Alá conoce». (traducción directa del documento alemán que se apoya en la edición inglesa del «Noble Quran»).

Ahora bien, decir que se trata de «defender el Islam» es, naturalmente, falso tanto en lo referente a los fines como a los medios; en la práctica, yihad designa cosas muy distintas, tantas como, por ejemplo, la palabra lucha en un contexto político. Dado que en Occidente la yihad se ha dado a conocer sobre todo a través de la faceta belicosa y agresiva transmitida por algunos sectores vinculados a diferentes formas de islam político,[3] es frecuente que muchos musulmanes, por contra, suelan poner el acento en sus aspectos espirituales y de lucha o activismo no violento (la prédica, por ejemplo). Sin embargo, a lo largo de la historia el término yihad ha sido usado tanto en uno como en otro sentido.

La defensa del Islam, de los musulmanes o de sus países frente al enemigo externo puede, efectivamente, adquirir el carácter de lucha militar o «guerra santa», y así se halla presente en el Corán, donde se anima a combatir contra los infieles si el islam resulta atacado:

Combatid en el camino de Dios a quienes os combaten, pero no seáis los agresores. Dios no ama a los agresores.
Matadlos donde los encontréis, expulsadlos de donde os expulsaron. la persecución de los creyentes es peor que el homicidio: no los combatáis junto a la mezquita sagrada hasta que os hayan combatido en ella. Si os combaten, matadlos: ésa es la recompensa de los infieles.
Si dejan de atacaros, Dios será indulgente, misericordioso.
[Corán, 2, 186-188]

Se os prescribe el combate, aunque os sea odioso.
Es posible que abominéis de algo que os sea un bien, y es posible que estiméis algo que os sea un mal. Dios sabe, mientras que vosotros no sabéis.
[Corán, 2, 212-213]

Aunque, en otros pasajes, se anima claramente no a defenderse sino a combatir por la expansión del Islam:

Pero aquellos que creen y que dejan su tierra para ir a combatir por la causa de Dios pueden esperar la misericordia divina. Y Dios es clemente y misericordioso.[Corán, 2, 256]

La guerra es obligación del creyente. Rehuir la batalla contra los no creyentes es un gravísimo pecado para un musulmán: quienes lo hagan arderán en el infierno:

Creyentes, cuando os encontréis con no creyentes, preparaos para la batalla y no les volváis la espalda. [Quien esto haga] incurrirá en la ira de Dios y el infierno será su morada, en verdad una horrenda morada.[Corán, 8, 15-16]

Si no lucháis, Él os castigará severamente y pondrá a otros en vuestro lugar.[Corán, 9, 39]

La yihad entendida como combate tiene su origen, como muchos otros aspectos doctrinales del islam, en el judaísmo, concretamente en el concepto de «guerra obligatoria» en defensa de la propia comunidad o miljemet mitzvá[4] :

Perseguiréis a vuestros enemigos, que caerán ante vosotros al filo de la espada.
[Levítico, 26, 8]

El sentido de combate en defensa propia contra el enemigo exterior es el que explica que se haya dado en época contemporánea el nombre de muyahid (plural, muyahidín), que literalmente significa «el que hace la yihad» a combatientes en contiendas en principio no religiosas como la que enfrentó al FLN argelino contra el poder colonial francés, la de la resistencia afgana a la ocupación soviética o, más recientemente, a los milicianos de Hizbullah contra Israel.

Aunque el sentido primero que le da el Corán al combate «en el camino de Dios» sea el de la defensa del islam frente a sus enemigos, dicha defensa es susceptible de ser entendida como acción ofensiva, y en este sentido se entendió ya desde un primer momento, en Medina, como afirma por ejemplo el escritor egipcio Saíd Al-Ashmawy: «El término supera el simple sentido moral para incluir la lucha individual y colectiva contra los paganos de La Meca.»[5] Modernamente el término se utiliza para justificar, por ejemplo, las acciones terroristas dentro o fuera de un territorio musulmán; muchos ven el paradigma actual de este modo de entender la yihad en los atentados del 11-S contra el World Trade Center, y algunos afirman que forma parte de un plan musulmán para «conquistar el mundo».[6] Para los líderes islamistas de la órbita de Al-Qaeda y otros sectores radicales del wah! habismo,[7] se trata de universalizar la yihad, a través de un proyecto ideológico y político de conquista e islamización forzada o destrucción del mundo moderno y no musulmán.[8] Sin embargo, este modo de interpretar la yihad ha sido rechazado tajantemente por otros líderes islamistas[9] como el sudanés Hasan al-Turabi, jefe del antiguo Frente Nacional Islámico de Sudán (hoy Congreso Nacional del Pueblo) o como Muhammad Husayn Fadlallah, uno de los fundadores de Hizbullah. Ambos condenaron los atentados del 11-S por injustos para los estadounidenses y rechazaron la pretensión de Bin Laden de obtener una sanción religiosa que los justificara. Otro líder islamista y mufti conservador de gran predicamento, Yusuf al-Qardaui, hizo otro tanto y emitió una fatwa denunciando el «yihad ilegal» de Al-Qaeda.[10]! La influyente universidad de Al-Azhar, también conocida por su conservadurismo, ha rechazado por parecidas razones el discurso de Al-Qaeda y su entorno. Sin embargo, a juicio de la arabista Anne-Marie Delcambre, incluso la prestigiosa universidad citada sigue teniendo un inequívoco discurso de guerra[11] y pone como ejemplo una fatwa de esta institución islámica manifestando la necesidad para la nación musulmana de poseer armas nucleares.[12]

Los juristas clásicos reglamentaron profusamente los medios y los límites de la yihad militar (respeto a ancianos, mujeres, niños, prisioneros, sacerdotes y templos, etc.) No obstante, en la práctica, las reglas de la yihad violenta son tan flexibles como laxo es el término. Por ejemplo, en rigor, según esa reglamentación clásica, no podría haber combate militar entre musulmanes, y en la práctica se han dado enfrentamientos armados que han sido calificados de yihad por uno y otro bando. Según Majid Khadduri, pese a tales reglamentaciones, todo es posible en nombre de la yihad: se permite desde la esclavitud de los prisioneros hasta su eliminación en masa. Fuera de la «casa del Islam» se considera legitima la guerra para el sometimiento del infiel: incluso un deber, de acuerdo con la frase que el historiador alemán Egon Flaig, en su artículo «El islam quiere conquistar el mundo» atribuye al famo! so historiador Ibn Jaldún (siglo XIV): «En el Islam la Yihad está prescrita por la ley, porque éste tiene un mensaje universal que atañe a toda la humanidad que libremente o por la fuerza deberá convertirse a la religión del Islam».[13]

Aparte del aspecto violento, el más conocido entre no musulmanes, la yihad es también la predicación pacífica, la defensa dialéctica del Islam, la explicación de la doctrina islámica a los no musulmanes, etc. La teoría clásica, especialmente entre moralistas y místicos, entiende que lo anterior, es decir, la lucha exterior, por medios pacíficos o violentos, es el «pequeño yihad», mientras que el «gran yihad» sería la defensa del Islam en uno mismo, es decir, el combate espiritual, o dentro de la propia comunidad. En la actualidad muchos regímenes musulmanes usan el término (gran) yihad para referirse a la lucha contra el subdesarrollo, el hambre, el analfabetismo, al tiempo que la oposición añade la lucha por las libertades, la justicia social, etc. Es decir, que siendo el concepto de yihad tan amplio, a menudo es una bandera que puede enarbolarse para dar legitimidad a todo tipo de políticas y disputas. Autores como Anto! ine Moussali (sacerdote de origen libanés y buen conocedor del árabe literario y del Islam) señala que «es el sentido de guerra santa el que prima, en el Corán, sobre la de yihad interior. La diferencia entre gran yihad (esfuerzo sobre sí mismo) y pequeña yihad se remonta al siglo IX, con el final de la primera oleada de las conquistas islámicas».[

El Islam y otras religiones

La palabra islam deriva de ‘aslama’, que en español significa ‘total sumision u obediencia'(a Dios), aunque comparte la raíz con salam, que significa paz. El Corán enseña que deben respetarse otras religiones Los musulmanes han respetado a los judíos y a los cristianos como «gente del libro», pero aseguran que han abandonado el monoteísmo y corrompido las sagradas escrituras. El Islam tolera a judíos y cristianos, pues les está permitido vivir y practicar su religión en territorios musulmanes aunque tienen que pagar un impuesto especial, la «Yizia», sustitutiva del zakat. El uso de la fuerza para convertir al incrédulo al Islam está prohibido.

El Islam contemporáneo

Si bien el más famoso movimiento del Islam en tiempos recientes ha sido el fundamentalismo islámico, existen diversas corrientes liberales que ven como alternativa el alinear al Islam con los tiempos contemporáneos.

Este movimiento no está dirigido a cuestionar los fundamentos del Islam; sino que trata de aclarar malas interpretaciones o abrir paso a la renovación del Islam como un centro moderno de pensamiento y libertad.

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