PUEBLOS ORIGINARIOS-BERINGIA

Imagen satelital del Estrecho de Bering.
Vínculos
Apéndices El período geológico que transcurrimos el Holoceno, comenzó hace unos 10.000 años, con la última glaciación del planeta.
Las glaciaciones, ocurrieron en el período anterior, el Pleistoceno, fenómenos climáticos que modificaron profundamente el relieve continental y el nivel del mar; la masa de agua de los mares se reducía y con ello el nivel descendía en proporción a la masa de hielo sobre los continentes.

Hace casi 40 mil años, cuando el mar alcanzó su nivel más bajo, entre 100 y 150 metros, afloró una masa terrestre de casi 2.000 kilómetros, de norte a sur, conocida como Beringia, dándose las condiciones óptimas que permitieron el paso a los habitantes del extremo noroeste de Siberia hacia América.

Con la última glaciación, en el estrecho de Bering el mar descendió alrededor de 50 metros, de tal manera Siberia y Alaska, quedaron unidos por una llanura de la que sobresalían unas montañas, que ahora son las Islas Diomedes.

El actual estrecho de Bering lo forman las aguas que cubren la plataforma continental que une a la península siberiana de Chukchy con la península de Seward en Alaska. Su profundidad media es de sólo 37 metros.

Huellas de antiguos cazadores en el Ártico

A fines del año 2.003, científicos rusos, dirigidos por Vladimir Pitulko del Instituto de Historia de la Cultura Material de San Petersburgo, hallaron varias herramientas de piedra, marfil de mamut y tarro de rinoceronte.
Esta serie de artefactos encontrados en Siberia confirman la presencia de humanos en la zona hace unos 30.000 años. Junto a los instrumentos de caza, en depósitos congelados cerca del río Yana en el norte de Siberia, había huesos de mamut, bisonte y caballo.

Como el lugar del hallazgo está situado relativamente cerca del estrecho de Bering, el descubrimiento también sugiere que América del Norte pudo haber sido poblada antes de lo que se creía.

«El asentamiento muestra que las personas se adaptaron a este entorno inhospitalario, de alta latitud, en el pleistoceno tardío, mucho antes de lo que se pensaba», escriben los investigadores en un artículo publicado en la revista Science.

Sin embargo, es imposible saber si los seres humanos vivieron en esa zona, situada a unos 500 kilómetros al norte del círculo polar ártico, durante mucho tiempo. No se puede descartar la posibilidad de que sólo fueran a cazar en la región y vivieran en zonas relativamente más cálidas.
Beringia ofrecía a las bandas de cazadores que moraban en ella una gran diversidad de recursos alimenticios. Cerca de la costa había focas, morsas, leones marinos, peces y moluscos, así como aves acuáticas de varias especies. Tierra adentro, la principal fuente de recursos provenía del caribú, el bisonte, el caballo y el mamut lanudo, que podían alternarse con algunas raíces, plantas y bayas.

Buscando climas más propicios se desplazaron hacia el sur, bordeando los Montes Rocallosos, poblando las llanuras centrales y las costas de California y Oregón en Norteamérica y Sudamérica posteriormente.

Los sitios geográficos del extremo nordeste de Siberia están en suelos conocidos como permafrost. Dichos suelos están continuamente helados. Cuando en esas altas latitudes cercanas al Ártico llega el tenue verano, solo la superficie de la tierra alcanza temperaturas de descongelamiento. Apenas desciende nuevamente la temperatura, las aguas infiltradas, vuelven a congelarse bajo la superficie, lo que genera que el subsuelo sea un bloque de hielo permanente. El permafrost no sólo imposibilita el delicado trabajo de excavar superficies finas de tierra en los sitios arqueológicos, sino que explica los importantes grados de de perturbación de dichos suelos desde el inicio del Holoceno. Los materiales arqueológicos en los yacimientos reptan, se desplazan y hunden en el lodo veraniego hasta sacar de contexto al sitio, y hacerlo irrecuperable como fuente precisa de conocimiento.

En Alaska y en las áreas cercanas del Canadá, se han realizado diversos proyectos de investigación contando con amplios recursos, sobre sitios específicos en los cuales no hubo, o fueron mínimas las perturbaciones. Los resultados obtenidos señalan no sólo la existencia de los colonizadores en América, sino la presencia en los sitios de fauna hoy extinguidos, como mamuts y rinocerontes cohabitando con los humanos.

Las primeras referencias escritas, de las migraciones asiáticas, las encontramos en 1590 con la publicación del libro «Historia Natural y Moral de las Indias», de José de Acosta, suponía que los habitantes de América habían llegado del norte de Asia «…lo hicieron no tanto navegando por mar, como caminando por tierra; y este camino lo hicieron muy sin pensar, mudando sitios y tierra poco a poco…». En esa época no se conocía bien el norte de América, y menos el oeste, así que de Acosta pensó que habrían pasado por algún territorio desconocido para la época. Según él estos pobladores habrían sido cazadores que … «hayan penetrado, y poblado poco a poco aquel mundo…» persiguiendo animales.

Ya en el siglo XIX el rigor científico comenzó a liderar las teorías. Alexander von Humboldt, en 1810, decía que las poblaciones americanas eran de origen asiático y que habrían llegado por el estrecho de Bering.

Fue Ales Hrdlicka, padre de la «escuela americana», le dio envergadura a la teoría, siendo generalmente aceptada hasta mitad del siglo XX, cuando la posibilidad de dataciones más precisas con carbono 14, plantearon interrogantes y discusiones. Ya en 1940 investigadores de la Universidad de Harvard, admitían diferencias en los grupos humanos americanos que reconocían como provenientes de aportes proto-australoides, proto-negroides, mediterráneos, caspianos y alpinos. Esto se debía a que los antiguos tipos de Asia oriental ya presentaban mezclas en su constitución física al momento de su ingreso en América.

El antropólogo norteamericano Marvin Harris, explica como se produjeron las migraciones por el estrecho de Bering: «El puente de Beringia existió antes del 35.000 a. C., estuvo sumergido entre el 32.000 y el 28.000 a. C., volvió a emerger entre el 28.000 y el 13.000 a. C., y está sumergido desde entonces». Pero los cazadores que

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