PSICOMOTRICIDAD

Psicomotricidad
El sistema postural en los trastornos graves del desarrollo
En muchos trastornos graves del desarrollo las posturas producen incomodidad y dolor, y también inseguridad y miedo. El psicomotricista, mediante las técnicas a su alcance, puede ayudar a revertir esas posiciones, fortaleciendo no sólo el tono muscular, la postura y el equilibrio sino también la autoestima y la comunicación, aunque el paciente posea una capacidad limitada o nula de verbalidad, a través del lenguaje corporal. Aquello incómodo y doloroso puede transformarse en una actividad placentera.

Referirse al sistema postural implica comprender la interrelación constante de tres componentes fundamentales: el tono muscular, la postura y el equilibrio. Al primero de éstos podemos definirlo como el estado de semicontracción permanente en el que se encuentran los músculos estriados del cuerpo, sirviendo de fondo a las actividades motrices, posturales y emocionales. A su vez, la postura puede definirse como la actividad refleja de un organismo respecto de su adaptación al espacio, es la posición que adopta nuestro cuerpo para actuar, para comunicarse, para aprender, para esperar, etc. El último componente, el equilibrio, depende del sistema laberíntico y plantar y de todo un conjunto neuro-fisiológico que debe actuar en condiciones. Comprende un estado en el cual el sujeto puede mantener diferentes actitudes o gestos, permanecer inmóvil o lanzar su cuerpo al espacio, resistiendo el efecto de la gravedad.
La Psicomotricidad es una disciplina que tiene una mirada particular de este sistema postural en el sujeto y especialmente en la patología, mirada que constituye la especificidad del trabajo del psicomotricista y le permite diferenciarse de otras disciplinas que también trabajan en el ámbito terapéutico.
El psicomotricista ve al sistema postural en su componente motor, pero le agrega el elemento relacional, vivencial, experencial de cada sujeto.
En terapia psicomotriz se parte de la base de que el cuerpo es lenguaje y que los trastornos que se muestran en el movimiento tienen que ver con la vivencia, con la historia de cada sujeto, más allá de que puedan existir causas orgánicas que los ocasionen. Se trabaja a partir de estas posibilidades limitadas de organizar sistemas posturales, siempre partiendo del deseo del paciente, brindando nuevas experiencias corporales, buscando generar placer en el movimiento y en el uso del cuerpo.
Para lograr esto es esencial, en primer lugar, el establecimiento de un vínculo lúdico corporal, el cual se entiende como el “soporte del desarrollo psicomotor; como aquella modalidad de interacción donde se ponen en juego simultáneamente el cuerpo del niño y el del adulto. En este vínculo se expresan las emociones a través del diálogo corporal espontáneo, se despliegan la gestualidad, las praxias y los sonidos y favorece el encuentro y la comunicación con el Otro y con el mundo de manera particular”.
Poniendo en juego su cuerpo, ofreciéndolo y brindándolo como sostén, el psicomotricista permite que este sistema postural se convierta en un medio de comunicación, en un intercambio entre ambos cuerpos. Las modificaciones tónicas son señales, son expresión del sujeto, que tal vez carece de otros medios para comunicarse. La postura es una clave a comprender, en ella puede depositarse todo el conflicto del sujeto a partir de su repliegue o su inestabilidad constante. El equilibrio se constituye como la base de la seguridad, el psicomotricista trabaja a partir del ofrecimiento de experiencias que permitan la asunción de este sentimiento.
En los trastornos graves del desarrollo, donde se ve comprometido el lenguaje verbal y el sujeto carece de esta forma de comunicación, ¿cómo establecer un vínculo que permita discriminar los estados emocionales y comprender qué necesita el paciente en cada momento si no es partir del cuerpo? El psicomotricista es un terapeuta que, gracias a su formación personal, puede intervenir a nivel corporal, elaborando un verdadero diálogo entre ambos cuerpos, sin necesitar de la palabra como soporte esencial del tratamiento. ¿Cómo se establece este diálogo? Justamente a partir del sistema postural, pudiendo leer y significar estas producciones corporales que se dicen a partir de las posturas, de la utilización del espacio, de las modificaciones tónicas, de la seguridad equilibratoria. Se busca esencialmente poder transformar un simple movimiento en un gesto, significar la acción, mostrarle al paciente que su cuerpo puede ser utilizado para expresarse, para relacionarse con los demás y actuar sobre el mundo que lo rodea.
Para esto es importante partir de aquello que puede realizar el paciente, respetar su deseo y su forma de ser y de estar privilegiada en el mundo, lo que constituye su expresividad psicomotriz (Aucouturier, 1985).
El contacto corporal en el trabajo con estos sujetos con patologías graves es fundamental, ya que es el que permite un registro de las diferentes sensaciones, tanto interoceptivas (provenientes de los músculos lisos y de los sistemas neurovegetativos, como la respiración), las exteroceptivas (provenientes de los sentidos, en este caso especialmente del tacto) y las propioceptivas (provenientes de los músculos estriados: movimientos, actitudes). Pe-ro como ya fue explicado, es fundamental partir siempre de la demanda del paciente, y muchas veces este contacto corporal es rechazado en un primer momento, por lo que el uso de diferentes mediadores se hace necesario para permitir justamente la evolución hacia formas de comunicación centradas en el cuerpo a cuerpo. Sábanas, pelotas grandes o cajas son recursos materiales que utiliza el psicomotricista para este fin, elegidos de acuerdo a la demanda del sujeto y siendo justamente mediadores de este contacto corporal vehiculizadores de futuras situaciones de fusionalidad.
En estos trastornos graves del desarrollo generalmente existen perturbaciones del tono, que no permiten que el sujeto pueda actuar según su propio deseo y que genera la persistencia de posturas incorrectas. La hipotonía, la hipertonía o la distonía son claros ejemplos de estas situaciones, que, además de perjudicar el querer y el poder hacer del sujeto, muchas veces ocasionan dolor e incomodidad. El psicomotricista permite registrar, a partir del vínculo establecido, esta utilización del tono, y mediante el contacto corporal y el placer generado en esta relación, posibilitar (en la medida de lo posible) la distensión tónica.
Una de las técnicas que utiliza el psicomotricista es la relajación, la cual “permite mejorar la postura mediante la supresión de tensiones musculares superfluas al mismo tiempo que contribuye a la elaboración de la imagen corporal a través de la experimentación de un estado tónico particular” (Bucher, 1982). El registro de cada segmento corporal, pudiendo distinguir los elementos corporales y ayudando a regular los ajustes posturales, es un trabajo esencial que realiza el psicomotricista en estos casos, el cual permite trabajar directamente sobre los músculos, el control del cuerpo y la capacidad inhibitoria, sin necesidad de realizar ejercicios forzados en donde el deseo y la necesidad del sujeto no es tenida en cuenta, como sucede muchas veces en otras intervenciones terapéuticas.
Este trabajo a partir del cuerpo en estos trastornos graves del desarrollo (entiéndase por éstos parálisis cerebrales graves, TGD, autismo, entre otros) permite un desbloqueo del sujeto, dándole una apertura al mundo y logrando coartar esta pasividad y persistencia de posturas por horas y horas, las cuales repliegan al sujeto en una actividad estereotipada, es decir, sin sentido ni finalidad.
El investimiento del cuerpo por parte del paciente, gracias a la libidinización que realiza el terapeuta, permitirá la elaboración de una imagen y esquema corporal, elaboración que concomitantemente llevará a un perfeccionamiento de los sistemas posturales.
De esta manera entiende la Psicomotricidad al sistema postural en los trastornos profundos como una vía posible de diálogo, de interacción, capaz de generar placer a pesar de sus limitaciones. Cuando un psicomotricista se encuentra frente a un sujeto con limitaciones muy graves de su motricidad, o con un cuerpo que no pudo ser adueñado por el sujeto que lo porta, no ve al sistema postural como un obstáculo para la interacción, sino como un recurso esencial a trabajar, descubriendo qué nos puede mostrar ese sujeto con su postura, con su tono y con su equilibrio.

Luisina Eijo*

* Luisina Eijo es psicomotricista y acompañante terapéutico.
E-mail de contacto:
luisinaeijo@hotmail.com

Bibliografía:
– Aucouturier, Darrault, Empinet, La práctica psicomotriz. Reeducación y terapia, Editorial Científico Médica, Barcelona, 1977.
– Chokler, Myrtha, Los organizadores del desarrollo psicomotor, Ediciones Cinco.
– Da Fonseca, Vitor, Manual de observación psicomotriz. Significación psiconeurológica de los factores psicomotores, INDE Publicaciones, Barcelona, 1998.
– Levin, Esteban, La clínica psicomotriz. El cuerpo en el lenguaje, Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 1998.
– Bottini, Pablo (compilador), Psicomotricidad: prácticas y conceptos, Editorial Miño y Dávila, Buenos Aires,

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