Protección fetal

La placenta no solo alimenta a la descendencia en el útero, sino que además moldea el desarrollo del cerebro.

La placenta es un órgano extraordinario, esencial para la vida humana, pero fugaz. En su breve tiempo de duración actúa como una barrera protectora vital para el feto. Sus vasos sanguíneos –que se asemejan a las raíces de los árboles en esta imagen de Norman Barker, profesor de patología en la facultad de medicina de la Universidad Johns Hopkins– también suministran el oxígeno y nutrientes desde la madre hacia el bebé en desarrollo. Sin embargo, la importancia de la placenta se ha infravalorado en gran medida. Los que la estudian en detalle han descubierto que representa mucho más que un simple conducto: protege al feto y moldea el desarrollo neurológico.
En un estudio publicado el verano pasado, investigadores británicos demostraron que cuando se priva de alimento a una hembra de ratón gestante, la placenta se autodestruye para nutrir al cerebro del feto. Por otro lado, un equipo del Instituto Neurogenético Zilkha (ZNI), en la Universidad de Carolina del Sur, y otros colaboradores echaron abajo un dogma de la biología de varios decenios de antigüedad cuando anunciaron que la placenta, y no la madre, suministraba la hormona serotonina al prosencéfalo del feto en su desarrollo inicial. Debido a que las hormonas desempeñan una función esencial en las interconexiones neuronales del cerebro, incluso antes de que actúen como neurotransmisores, las alteraciones en la placenta pueden influir en el riesgo de padecer depresión, ansiedad e incluso autismo. Según Pat Levitt, director del ZNI y coautor del estudio, debemos prestar mayor atención a la salud y buen funcionamiento de la placenta.
La disciplina que investiga la influencia de la placenta en el desarrollo del cerebro es tan nueva que aún no ha recibido nombre alguno. Anna Penn, neurobióloga del desarrollo y neonatóloga de la Universidad Stanford, la ha denominado «neuroplacentología». Penn está estudiando el efecto de las hormonas placentarias en el desarrollo cerebral del feto desde la vigésima semana de gestación. En concreto, intenta identificar cómo se ven afectados los bebés prematuros por la retirada de las hormonas tras el parto y, en última instancia, busca una manera de compensar ese déficit. La antigua forma de entender la placenta está cambiando, dice Penn, pero todavía hay mucho que aprender.

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