PROFECÍA Y NORMALIDAD

Casi se excluyen. Parece que hablar de profetas es hablar de lo extraordinario. Sólo en lo que se sale de lo frecuente somos capaces de depositar la admiración… Gestos heroicos y únicos usamos como ejemplo. Todo lo que llame la atención, es bienvenido. Da la sensación de que sólo lo que lleve el precinto de nuevo nos resulta valioso. Ahí quizá resida la fuerza de algunas noticias. Nuestro mundo ha temblado con fuerza en Japón por los misterios de la tierra y tiembla en el norte de África, por las fuerzas de intereses menos confesables. Acontecimientos que, sin duda, nos conmueven y para los que tenemos pocas palabras. Acontecimientos que necesitan profecía y normalidad. La vida religiosa está manos a la obra antes de que surja la tragedia o el choque. Cuando suceden, también tiene sus manos, entre otras, “a pie de obra”. Es el cuerpo ágil de la Iglesia y se nota.

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