Preguntas que se le hacen a un matemático (ya que uno no tiene ni idea de qué es lo que hace, ni para qué lo hace)

Como escribí antes, en general si a una persona le preguntan ¿qué hace un matemático? o ¿qué es la matemática?, la enorme mayoría de las personas contesta: ¿Es la ciencia de los números? (y responde con temor, porque no está muy seguro de que lo que está diciendo está bien o mal).
Peor aún: es el único ejemplo que tengo de que los padres de los chicos que van al colegio tienen la tendencia a aceptar como lógico que sus hijos acepten con resignación que no entienden «nada de matemática”; porque ellos mismos tuvieron múltiples problemas con ella. Luego, ¿cómo no comprenderlos? Pero no sólo eso: no conozco ningún otro ejemplo en el que la gente se ufane de que no entiende nada. Como si saborearan que fuera así, como si lo disfrutaran. ¿Ustedes conocen algún otro ejemplo en donde alguien diga casi con orgullo… «yo, de esto, no entiendo nada»?
Veamos aquí algunas preguntas que les (nos) hacen a los matemáticos:

  1. ¿De qué trabajas?
  2. ¿Para qué se usa eso que hacés?
  3. ¿Siempre te dan las cuentas?
  4. 132 por 1.525. Vos que sos rápido para eso… ¿Cuánto da?
  5. ¿Se usan todavía los “ longarritmos ”? (sic).
  6. ¿Es verdad eso de que das el nombre y por el orden de las letras te dicen el futuro?
  7. ¿Qué número viene después del tres y medio?
  8. ¿Cuánto es pi?
  9. ¿Me enseñás eso de la superficie?
  10. ¿Tres dividido cero es uno, cero o tres?
  11. ¿Los «capicúas» traen suerte?
  12. ¿Viste la de Donald en el país de la matemática?
  13. ¿Hay algo de matemática que sirva para conquistar chicas?
  14. ¿Cuando hay cero grados no hay temperatura?
  15. ¿Conocés esta calculadora?
  16. ¿Sirve esto para jugar a la ruleta?
  17. ¿Tuviste que estudiar mucho?
  18. ¿Sos inteligente, no?
  19. ¿Cómo se lee este número: 52739839303030393873736353535353322?
  20. ¿Por qué elegiste eso?

En fin: la lista podría continuar, y estoy seguro de que quien llegó hasta aquí, tiene muchas otras para aportar. Lo desesperante es que nosotros, quienes tendríamos que tener la obligación de comunicar adecuadamente la matemática, estamos en una situación de deudores permanentes, porque no logramos el objetivo: mostrar la belleza que tiene.
Créanme: no son los alumnos ni los padres. Somos nosotros, los docentes.

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