POESIA CONTEMPLATIVA

Hace un tiempo, en el seno de ciertas reuniones que compartíamos acerca del stress los viernes por la noche, una buena amiga, esposa de un buen amigo (y ambos, compañeros de este viaje), acercó a nuestro grupo un texto de Heidegger, denominado “Serenidad” (circunstancia que agradezco profundamente, ya que me dio la oportunidad de leer a un pensador que por entonces, aun no había leído)…
A partir de ese texto, me acerqué, con pudor, asombro y agradecimiento, a otros escritos breves del mismo autor, en los que hallé vertientes interesantes y curiosas acerca de un tema que me ocupa, desde hace un tiempo, y que hemos compartido en anteriores mails: la poesía…
Pero no se trata aquí de la poesía, en su aspecto técnico (métrica, ritmo, etc.) sino de su esencia, de lo poético, de la acción de poetizar (como dice el mismo Heidegger en algunos de sus textos)..
Hemos hablado, en otras ocasiones, de la poesía como expresión de los estados contemplativos, de la poesía como la forma verbal más adecuada para expresar lo inexpresable (que es lo que caracteriza, precisamente, a este tipo de estados del ser)…
Y es que hay un aspecto de la vida espiritual que solo la poesía puede expresar, merced a su capacidad de síntesis simbólica y su empática penetración rítmica del alma universal…
La ciudadela del espíritu es inaccesible a la pura razón; esta puede (y debe) llevarnos hasta sus puertas, pero solo la poesía puede ayudarnos a entrar en ella y orientarnos en sus caminos y calles sinuosas…
Aun así, solo la mano del Amigo, solo Su Amistad, puede darnos acceso al Jardín del Centro, donde El y nosotros ya no somos dos sino Uno…
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La poesía nos permite hablar de lo que no se puede hablar, de aquello que permanece ajeno a nuestra capacidad de expresión racional…
Porque lo que más importa en la vida de cada uno de nosotros, es precisamente de lo que menos se habla (explícitamente), aunque es lo que más se deja oír (implícitamente), detrás de las palabras que se dicen…
Lo importante es lo que se dice detrás de lo que se dice…
Lo principal está omitido, pero no ausente: simplemente, no aparece en primer plano (podríamos decir que tiene perfil bajo, jejeje); por lo tanto, puede ser oído si se lo escucha atentamente…
Pero, ¿cómo saber qué es aquello importante, principal y esencial, que no puede decirse y sin embargo se deja escuchar?, ¿Cuál es el signo que nos indica hacia donde dirigir la mirada y el oído, plenos de atención?…
La nostalgia…
Ella (el dolor del alma por no estar en casa) es el principal signo-guión de lo omitido que nos habla: aquello que el corazón ansía, produce el dolor del alma…
Y nuestra principal nostalgia, es la nostalgia de Sentido…
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Anselm Grunn, en uno de sus libros, dice que “hay un aspecto de Dios que solo yo puedo expresar”…
Expresamos, cada uno de nosotros, un aspecto de Dios: deberíamos, por lo tanto, estar agradecidos de semejante honor, agradecidos de ser instrumentos para Su expresión en el mundo…
Hay entonces, un sonido, una palabra, una melodía, que solo nosotros – flautas en Sus manos – podemos expresar, si permitimos que Su Soplo nos recorra y Sus manos nos digiten…
Porque la poesía es, en cierto modo, música hablada en el silencio del espíritu…
Y para ello, es necesario que no ahuequemos, que nos vaciemos (de nosotros mismos), para que nos llene – transitando libremente por nuestro interior – Su Espíritu…
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En uno de sus escritos, Heidegger se refiere al poeta Hebel como “amigo de la casa”…
Borges dice, en uno de sus poemas, que “la casa es el mundo”…
Si recordamos que la palabra “amigo” se encuentra emparentada (etimológicamente) con la palabra “amor” (de eso habla extensamente Fromm en su Arte de amar), podríamos decir, entonces, que todos podemos ser amigos de la casa, cuando amamos al mundo…
Mundo es todo lo que nos rodea; luego ser amigos de la casa significaría amar aquello que nos rodea (lo cual no significa aceptación acrítica sino sencilla aceptación de lo que  el mundo es, en sí mismo, con sus defectos – no a pesar de ellos)…
Pero, como ya hemos dicho en otras ocasiones, “amigo” se relaciona – en hebreo – con la palabra “mano” (sugiriendo así, que amigo es aquel que nos brinda – dando y recibiendo – su mano y toma la nuestra)… A través de la mano (por ciertas asimilaciones numéricas, posibles en el idioma hebreo, y que escapan de este espacio) lo que se intercambia a través de las manos, es precisamente el espíritu…
Amigo podría ser, entonces, aquél que intercambia su espíritu con el mundo, en el mundo y por amor al mundo, mundo que no fue creado p0or nosotros sino por Aquél que, a la vez, nos creó en él…
El mundo está en El y, por eso, quien ama al mundo lo ama a El…
Si, además, el mundo es la casa – como dice Borges – el amigo de la casa es aquel que la cuida: ojala que todos y cada uno de nosotros, podamos llegar a ser buenos amigos de la casa que habitamos, gracias a El…
Bueno, si llegaron hasta aquí, es señal de que me tienen mucha paciencia (como buenos amigos, jejeje)…
Espero que anden bien y que la vida lleve siempre el rumbo de vuestra felicidad…
Les envío a todos y cada uno de ustedes, mis compañeros de viaje, un gran abrazo fraterno…
Con cariño

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