Pipa contemplativa

Una vez mas, como siempre, debo pedir disculpas por enviar un genérico; pero, como siempre, si lo estas recibiendo es porque estas en mi corazón…
Desde ayer, estoy disfrutando de la hospitalidad de mis Hermanos Mayores, en la Abadía del Niño Dios…  Siempre es bueno volver a casa, a visitar a los hermanos, con quienes el vinculo cordial – de corazón a corazón – no se perdido, pese al tiempo y la distancia…

 

Anoche, después de Completas, con una buena pipa humeante de por medio, he permanecido hasta entrada la noche, en el balconcito de la Hospedería … La luna llena y un cielo poblado de estrellas me acompañaron… No muy lejos, las luces de la ciudad resaltaban contra el horizonte… Tan claro era el cielo nocturno, que la luz reflejada por la Luna encandilaba…

 

Era ya bastante tarde cuando volví a mi habitación…

 

Hoy, muy temprano en la mañana, después de la oración de Vigilias (o Maitines), volví – pipa en mano, por supuesto – al mismo balconcito, esta vez para disfrutar del siempre irrepetible espectáculo del amanecer… Mientras el humo brotaba de la cazoleta tibia, pude ver al Sol subiendo desde la noche a través del horizonte… Solo unos árboles, con sus profusas copas, se hallaban entre él y mis ojos, gracias a lo cual pude comprender que siempre necesitamos algún filtro para que la luz llegue a nosotros sin enceguecernos…

 

Solo nuestra gran omnipotencia – compensadora de nuestra auto-percepción de pequeñez y finitud, claro –  nos hace pensar que podríamos acceder a la iluminación por nuestros propios medios y sin necesidad de “filtro” alguno…

 

Y el humo de la pipa evoco entonces diferentes imágenes y pensamientos…

 

Porque, a diferencia del cigarrillo (rápido, efímero y poco compañero), la pipa requiere un pequeño ritual, desde la minuciosa carga del tabaco, el apisonamiento medido, el control del tiraje y la elección del tabaco previo a todo ello… De ese modo, la pipa puede constituir un instrumento placentero para la contemplación…

 

Y lo contemplado – en la noche y en el amanecer – era la Luz …

 

Luz reflejada por la Luna y luz directa desde el sol; no obstante, en ambos casos, se trata de la misma fuente de luz: el Sol (no por casualidad es el Sol la imagen simbólica de Dios como dador de vida – calor – y sabiduría – luz – en todas las tradiciones del mundo)…

 

Y recordé a Bede Griffith, monje benedictino que se acerco sin temor y sin confusión, a la sabiduría hindú…

 

Y a Thomas Merton, monje trapense, que del mismo modo, se acerco a Chuang Tzu y al Zen…

 

Y como ellos, tantos otros que comprendieron que la espiritualidad no tiene nombre propio ni puede pertenecer a otro dueño que Dios, que es la Fuente …

 

Todo Es Uno, dicen – de diferentes maneras – todos los textos sagrados y todos los iluminados y unificados del mundo…
De ese modo, podríamos tal vez concebir la espiritualidad como una casa con muchas ventanas, por todas y cada una de las cuales, entra la Luz.. .
No obstante, la luz penetra de una manera diferente por cada una de ellas, de acuerdo a la incidencia del rayo y al color o matiz del vidrio que atraviesa…
Solo el cristal bien pulido, completamente transparente, permite el paso de la luz casi sin distorsiones… Pero siempre hay un cristal, como siempre habrá un árbol que amablemente filtre el sol del amanecer para que podamos mirarlo sin enceguecer…
Una misma Luz, muchas ventanas; una misma casa, muchos individuos habitándola, una misma Luz pero muchos ojos mirándola…

Y no importa de donde provenga esa Luz (del este o del Oeste, del Norte o del Sur), la fuente siempre ha sido, es y será Una… Somos nosotros, los individuos, quienes solemos creer que la luz proviene solo del sector del mundo hacia el cual miramos…

 

La espiritualidad es Una, como Una es la Fuente , pero se manifiesta de innumerables formas, de acuerdo a individuos, idiomas, miradas, épocas, lugares…

 

Todas son verdaderas – cuando son espiritualidades genuinas, claro – y ninguna es “la” verdadera… Porque, en definitiva, todo lo verdadero se nutre de la Verdad , pero esta permanece fuera de nuestro alcance y jamás podría pertenecernos a nosotros, seres finitos que ansiamos un poco de Luz…

 

Cabe aclarar que esto no constituye, en absoluto, una critica hacia ninguna forma de espiritualidad sino, mas bien, un recordatorio de que no hace falta ir a buscar la espiritualidad a lugares remotos: cada cultura tiene, en si misma, a su alcance, alguna forma de acercamiento a la Luz …

 

Es acaso mejor el hinduismo que el cristianismo? O acaso a la inversa?… Será tal vez mejor el judaísmo que el islamismo? O acaso a la inversa?… La espiritualidad mapuche es mejor que la de los pieles rojas? O acaso a la inversa?…

 

Podríamos seguir dando ejemplos, pero es tan obvia la banalidad de tales planteos que es mejor abstenerse de continuar con ellos… Tal vez, la mejor forma de espiritualidad sea la que tengamos cerca, al alcance de la mano (así como la mejor ubicación para ver la noche o el amanecer es, sin duda, allí donde estemos en ese momento)…

 

Tal vez, en este contexto, sea lo mejor retornar a nuestra forma conocida de espiritualidad (sin negar la existencia y legitimidad de las demás) y profundizarla en vez de rechazarla, no importa de cual se trate…

 

Noche, amanecer, oraciones litúrgicas, ambiente abacial, silencio campestre, la Luna , el Sol, un amable balcón en una amable hospedería… Y una pipa humeante en la mano, acompañando la mirada contemplativa…

 

Bueno, perdón por el plomazo; solo quería compartir esto con ustedes, mis compañeros de viaje, sin animo de molestar ni ofender a nadie, claro…
Que todos y cada uno de nosotros podamos ser cristales transparentes, a fin de no distorsionar demasiado Su Luz…
Espero que anden bien y que la vida lleve siempre el rumbo de vuestra felicidad…
Les envío a todos y cada uno de ustedes, un gran abrazo fraterno…
Afectuosamente

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