Pequeñas historias y distintas miradas

HONGOS

“Soy un rano/nací en otoño/ me gusta la lluvia/ y el helado. De chiquito/ un día averigüé/ que hay sapos y sapas/ parecidos a nosotros, /pero son otra cosa./ Que hay seres que ven/ y otros que no./ Que siempre es posible/ ayudar a ver.” Así empieza el libro Raros de la serie “Historias de ranos”, de Celia Coido con ilustraciones de Lucas Nine, que la autora define como pequeñas historias, más que historias para pequeños lectores y “¡al que le quepa el rano que se lo ponga!”, suelta. Este personaje que se asoma al mundo desde su charco, encuentra afuera un par de ojos grandes que al cruzarse con los suyos gritan “¡sapo!”.

“Quizá me equivoco, pero creo que los ojos no mienten. La mentira –o el problema– empieza con la palabra, con qué palabra le ponemos a lo que vemos. Los ranos no miran una vez, miran como mínimo tres y en ese mirar, mirar y mirar aparece la posibilidad de ver –cuenta Coido–. Lo de llamar a los humanos ‘ojos grandes’ es un reflejar las miradas, ponerlas como frente a un espejo, porque en la generalidad asociamos los sapos y las ranas a los ojos grandes, saltones, y claro, desde el punto de vista de un rano, los ojos grandes no son precisamente ellos; ahí hay un choque y también hay juego entre lo grande y lo chiquito (y entre el ser grande y el ser chiquito), que mejor que cada uno lea, interprete y viva como quiera”. Hoy, sábado 13 a las 17, se presentan Raros y Purcuá + Patas para arriba , tres “Historias de ranos” en el Jardín Botánico Carlos Thays (Av. Santa Fe 3951). Una fiesta en la que el historiador y cantautor Gabo Ferro, traductor al inglés de la serie, hará una lectura y los grupos Koufequín y El leopardo volador harán la música. También habrá ambientación y objetos ranos de Natalia Rizzo y BdeVaca. “El personaje rano germinó –recuerda Coido– en una estadía larga en la que viví en una casa donde también vivían algunos sapos. Un amigo comentó que los sapos y las ranas eran ‘especies’ distintas, que el sapo no es el ‘novio’ de la rana. Y entonces, mirando, mirando y mirando sapos, la idea del rano apareció. Y con él su mirada del alrededor. Mi mirada rano del alrededor”, concluye la autora.

 

Nilda Fernández, clásicos y estrenos

Un punteo suave de guitarra y la voz de Nilda Fernández que entra como una caricia triste que no termina de darse, que tiembla, se ahoga. Canta el poema “Memento”, de Federico García Lorca: “Cuando yo me muera,/ enterradme con mi guitarra/ sobre la arena./ Cuando yo me muera,/ entre los naranjos/ y la hierbabuena./ Cuando yo me muera,/enterradme si queréis/en una veleta./¡Cuándo yo me muera!…” Con su voz herida y singular el cantautor francoespañol repasa y musicaliza en su disco Castelar 704, trece poemas de Lorca. Algo de allí, alguna que otra canción de 500 años y otras de Nilda Fernández –editado este año en la Argentina– sonarán el viernes 19 a las 21 en la Trastienda (Balcarce 460), en una nueva visita del músico a la Argentina. En su concierto anterior, en marzo, Fernández, que nació en Barcelona pero se crió en Francia, contó a Ñ que le tomó el gusto al flamenco en la adolescencia, en una visita a Barcelona en la que, como no tenía dinero, se robó una antología de discos de flamenco. “Luego pensé –contó–, el flamenco se roba, no se compra… De ahí me entró la vena por el  flamenco”.

 

Calaveritas para Fuentes y Caloi

Las Calaveritas son versos pícaros y burlones con los que los mexicanos hechizan a la muerte y se burlan de ella. “Es una ley muy tirana/ y no hay quien la haga variar,/ que toda la raza humana/ al panteón ha de ir a dar”. Los versos son enviados a modo de ejemplo por la Embajada  de México en la Argentina, en la invitación a participar del VII Concurso de Calaveritas “El muerto a la sepultura y el vivo a la travesura”. Los textos deben tener una extensión máxima de una página y el tema es libre, aunque los organizadores sugieren que se tenga en cuenta a los personajes a los que se dedica este año la ofrenda: el escritor mexicano Carlos Fuentes y el dibujante y humorista argentino Caloi. Las tres  mejores calaveritas serán leídas en la apertura del Altar de Muertos, que se realizará el 2 de noviembre en el Museo Fernández Blanco. 

Boltanski, más que arte, vida

La instalación “Migrants”, que inauguró ayer, viernes 12 de octubre, en el Museo Hotel de Inmigrantes (Av. Antártida Argentina 1201) ametralla al visitante con más de 200 voces, cada una en su idioma de origen, que dan sus nombres, sus edades, ocupaciones, fechas de llegada al país y lugares de procedencia. Todas de manera simultánea, sucesiva y desde distintas fuentes. Las voces son acompañadas por una ambientación neblinosa. Realizada por el artista francés Christian Boltanski, la instalación forma parte de un proyecto que involucra varias obras y sedes bajo el nombre de Boltanski Buenos Aires, con curaduría de Diana Wechsler y producción de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. “Lo que trato de hacer es plantear preguntas, contar historias a través de imágenes visuales. Hablo de cosas efectivamente muy simples, comunes a todos. Intento que la gente se olvide que es arte y piense que es vida”, explica el artista.

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