Peculiaridades del idioma hebreo Fichas Para entender la Biblia – III

En el idioma hebreo no existe el superlativo. Para crear un superlativo debe duplicarse la expresión. Así por ejemplo, cuando un hebreo quería decir «es el lugar santísimo» tenía que decir: entre los lugares santos éste es el verdaderamente santo (el santo de los santos).

Para decir «el mejor de los cantos», tenía que escribir «El cantar de los cantares» (el canto de los cantos), es decir: entre los cantos, el canto por excelencia. Para decir: lo más íntimo a mí, lo que me es indispensable, lo que de verdad me hace falta, lo que ciertamente me complementa, tenía que tener: «huesos de mis huesos, carne de mi carne». Tal expresión, puesta en boca de Adán respecto a Eva, significa algo así como «corazón mío», «alma mía», «vida mía». ¿Verdad que eso sí suena a piropo?

Eso tiene doble sentido…

En castellano, y además en Latinoamérica, para cada sentido tenemos varias expresiones porque el idioma castellano es enormemente rico. Por ejemplo: para decir «niño» tenemos «muchacho», «chico», «mancebo», etc. y además, en México se dice «chango», en Guatemala «patojo», en Nicaragua «chavalo», en Uruguay «botija», etc. y todo para el mismo concepto de «niño».

El idioma hebreo es todo lo contrario, porque el idioma hebreo es un idioma muy escueto. En hebreo tenemos, a veces, para una misma expresión varios sentido totalmente diversos. Un ejemplo clásico es la palabra «rúaj». «Rúaj» significa viento, brisa, soplo, aliento, vida, fuerza, movimiento, espíritu. Como usted ve, «rúaj» significa cosas tan distintas como viento y espíritu.

En cierto modo, en el idioma hebreo cada vocablo tiene el vuelo de una metáfora por la amplitud de imágenes que evoca. Es un lenguaje muy particular, concebido por la mentalidad oriental, distinta a la que nos es familiar en Europa y América, donde cada vocablo se ajusta a una definición lo mas estricta posible y de tal manera la definimos en el diccionario de cada idioma.

La Sagrada Escritura jugará continuamente con los dos sentidos de esta palabra. Cuando en el libro del Génesis 1,2 se dice que «el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas», ese versículo puede, en hebreo, signi­fica también «y un viento fuerte soplaba sobre las aguas», porque la expresión «rúaj Elohim» puede signifi­car «el Espíritu de Dios» y también «un viento fuerte». En el Nuevo Testamento se vuelve a jugar con este equívoco idiomático en varias ocasiones, por ejemplo cuando Juan 3,8 Jesús explica lo que es nacer del Espíritu Santo, ahí vuelve a jugar con los dos sentidos y usa como ejemplo el viento. Lo mismo vuelve a ocurrir en el texto de del libro de los Hechos 2,1-4 justamente con el relato de Pentecostés.

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