PARMÉNIDES

Parménides de Elea, discípulo de Xenófanes, admitió, como su maestro, la divinidad del mundo, y también no falta quien le supone un panteísmo idealista. Es de temer que los errores modernos, deseando nobleza de alcurnia, busquen predecesores, y atribuyan a los antiguos cosas en que no pensaron. Parménides convenía con Xenófanes en considerar al mundo como un todo, pero no veo con qué razón se da por cierto que partía de la idea del ser absoluto, y que de ella lo hacía dimanar todo; Cicerón, juez competente, que tan versado estaba en filosofía griega y que tuvo a su disposición muchos medios de que carecemos nosotros, no presenta la filosofía de Parménides como tan metafísica; antes por el contrario, su exposición deja entender que la consideraba bastante grosera. En las primeras Académicas (lib. II) afirma que, segúnParménides, el fuego era el que había formado la tierra y lo que la movía; y en otra parte (De Nat. Deor., libro 1), le achaca el que fingía no sé qué corona, que llama Stéfane, una especie de círculo luminoso que envuelve el mundo. Nam Parmenides commentitium quiddam coronae similitudine efficit: Stephanen appellat, continentem ardore lucis orbem, qui cingit coelum, quem appellat Deum.

48. Una idea emitió Parménides que, desenvuelta por sus sucesores, dio origen a todo linaje de sofismas, acabando por producir el escepticismo: sostuvo que el conocimiento era idéntico con el objeto conocido; por donde abrió la puerta a que todos los objetos fuesen considerados como ilusiones de la mente, y así se cayera en la duda universal.
¿Cuál era el sentido que daba Parménides a su proposición? Difícil es saberlo; la materia es de suyo harto metafísica y se presta a cavilaciones. Los que dan por cierto que este filósofo tornaba las palabras en un sentido riguroso, debieron considerar que durante largos siglos se ha sostenido en Europa la doctrina sobre la identidad de lo que conoce con lo conocido, sin que por esto se cayera en el panteísmo idealista. Esta identidad era puramente ideal; no se refería al objeto en sí mismo, sino en cuanto su idea o su forma inteligible se halla en el entendimiento (V. Filosofía fundamental, lib. I, cap. XI, not. XI).

49. Las tendencias de la doctrina de Parménides eran racionalistas, directamente opuestas al sensualismo. Decía que el juez de la verdad es la razón, no los sentidos; que éstos nos engañan; aquélla, no; que los últimos se ocupan sólo de lo contingente, y la primera de lo necesario; y que, por tanto, el testimonio de los sentidos no es verdadero sino en cuanto sufre el examen de la razón. Esta ideología encierra miras elevadas, y es un preservativo contra el sensualismo, que lo oscurece y rebaja todo. Los filósofos posteriores se aprovecharon de ella, y muy particularmente Platón y Aristóteles.

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