Palabras robadas

De una manera azarosa descubrí por qué J. D. Salinger no publicó nunca más un libro luego de su temprano silencio de imprenta en los años 60. Comencé a pensar en el asunto cuando en una entrevista el escritor cordobés Luciano Lamberti se preguntaba “¿Dónde están las míticas novelas y los cuentos de la caja fuerte de Salinger? ¿Eran todas patrañas?”. Seguí rumiando el tema cuando casi al mismo tiempo leí una columna del escritor chileno Carlos Franz en la que se quejaba de “la coartada Kafka”, esto es, la publicación póstuma de los textos inéditos de un autor a pesar de los pudores literarios que lo reprimieron a hacerlo en vida. “Los manuscritos encontrados en las gavetas de los escritores muertos producen una fascinación morbosa –decía Franz–. Especialmente, si sus autores los dejaron incompletos y hasta marcados como impublicables”. Terminé de redondear mi hipótesis sobre la obra inédita de Salinger cuando durante estas vacaciones vi “The Words” (“Palabras robadas”), dirigida por Brian Klugman y Lee Sternthal.

La película es como una de esas novelas de Paul Auster que meten una historia dentro de otra, y éstas a su vez dentro de una tercera. Este juego de cajas chinas es sólo la carpintería de lo que “The Words” pretende contar: Rory, el protagonista, es un escritor frustrado que encuentra en un viejo maletín –comprado en una tienda de anticuarios– el manuscrito inédito de un autor desconocido. Lo lee en trance, asombrado por el poder de ese texto que luego tipea en su computadora línea por línea, sólo para sentir cómo esas palabras pasan a través de sus dedos, a través de su alma. En ellas estaba todo lo que alguna vez aspiró a escribir, y la realidad de lo que nunca llegaría a ser. Alentado por un malentendido, publica la novela con su nombre y se convierte en uno de los autores más celebrados de su generación.
Entonces empecé a sospechar. ¿Y si Salinger encontró “El cazador oculto” o los “Nueve cuentos” en un viejo maletín y ahí se agotó su producción prestada? Esa sí que sería una buena historia, mejor que la de cualquier papel exhumado de sus cajones de muerto.

 

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