OTRO MAS

.- Venerable – dijo un día el joven, mientras fumaban sus pipas por el sendero – ¿no deberíamos también nosotros pertenecer a alguna Escuela, como los demás?…

.- Nuestro deseo de pertenencia – respondió el anciano – proviene de nuestro temor a la soledad del Camino… Porque ignoramos que solo existe una pertenencia posible y real: todos pertenecemos a Dios, como sea que cada uno lo conciba…

.- Pero, venerable – insistió el joven, pensativo – ¿y el miedo a la soledad?… ¿Qué debemos hacer con él?…

.- Aceptarlo, amigo mío – respondió el anciano, serenamente – El miedo, que es en esencia inconjurable, se desvanece al aceptarlo…

.- Pero, venerable – tornó a decir el joven, francamente inquieto – ¿Y la soledad?…

.- La soledad individual – dijo el anciano, exhalando suavemente el humo blanco de su pipa – es un hecho de la existencia, pero la conciencia de la Unidad nos permite ver que ello es, en esencia, ilusorio y, por lo mismo, no hay verdaderamente tal cosa como la soledad… Porque incluso alejados en la existencia estamos, no obstante, unidos en la Esencia…

.- Entonces, venerable – dijo el joven, con una incipiente sonrisa – ¿todo es Uno?…

.- Todo Es Uno, amigo mío – respondió con una amplia sonrisa el anciano – y, por lo tanto, si Todo Es Uno, ¿qué tan lejos podríamos estar unos de otros, y todos de El?…

.- Nunca estamos, entonces, realmente solos y por lo mismo, venerable – agrego el joven, entusiasmado – en verdad la soledad no existe…

.- Asi es, amigo mío – respondió el anciano, mirando el crepúsculo a través del humo de la pipa – la soledad es un fantasma que asusta nuestros corazones infantiles, durante la noche de la ignorancia, hasta que despertamos a la conciencia de la Unidad… Ven, caminemos sin temor, en Su amable compañía…

Anónimo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *