Otávio Velho e Hilario Wynarczyk: Las nuevas formas de creer

Religión y sociedad: Las nuevas formas de creer

El antropólogo brasileño Otávio Velho y el sociólogo argentino Hilario Wynarczyk responden algunos interrogantes sobre las complejas relaciones entre las creencias religiosas y la sociedad actual, la convivencia entre católicos y evangélicos, el auge de las iglesias pentecostales, el concepto de fundamentalismo, entre otros temas. Ambos participaron de las Jornadas sobre Experiencia Religiosa y Comunicación, organizadas por la UNSAM.

Velho, profesor de la Universidade Federal do Rio de Janeiro, presentó su ponencia “La comunicación como paradigma de experiencia religiosa”, mientras que Wynarczyk, de la UNSAM, compartió “Oh Jesucristo, danos poder antes del juicio, para cumplir la misión que nos mandaste. Auge y protesta de los evangélicos conservadores. Argentina 1980-2001”. En las entrevistas realizadas por nómada, los especialistas profundizan algunos conceptos enunciados en esos trabajos para ayudar a comprender los hábitos religiosos en este nuevo siglo.

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Otávio Velho: una mirada sobre Brasil

En la ponencia que presentó en las Jornadas sobre Experiencia Religiosa y Comunicación, usted afirma que la merma de fieles en las iglesias puede equipararse con la baja de simpatizantes en los estadios, aunque la gente siga siendo creyente o amante del fútbol. ¿Qué motivos hay para que los devotos decidan abandonar los templos pero mantengan el culto de otras maneras?

–En principio, es preciso señalar que éste no es un fenómeno general, ni necesariamente permanente: en muchos lugares los templos continúan llenos –así como los estadios– o vuelven a estarlo luego de un tiempo. Y también varía en cada caso: en muchos lugares, los templos de las iglesias más tradicionales se vacían, pero, por ejemplo, los templos pentecostales se llenan cada vez más. En general, se puede decir que la decisión de ir a los templos depende mucho de lo que las personas sienten, que el lugar tiene que ver con ellas y de alguna forma les pertenece. Lo que, de hecho, ocurre con otras instituciones, como por ejemplo, las escuelas, donde muchas veces los alumnos van, pero de manera indiferente, cuando no destructiva. Y hay también, en muchos casos, una demanda por mayor intimidad, por grupos menores y menos asociados a una institución, pues una de las características relativamente comunes de nuestra época es cierto rechazo a las instituciones, incluidas las religiosas. Hay ejemplos históricos, sin embargo, en que dicotomías como esa entre instituciones y experiencia religiosa no son destacadas, de modo que no sabemos cuál será el resultado de ese proceso. Inclusive porque la tendencia a dudar de las grandes dicotomías constitutivas de la modernidad occidental también está presente; cuando no una duda epistemológica más general en cuanto al propio modo de pensar la base de las oposiciones binarias.

–¿Cómo se manifiesta este fenómeno en las prácticas religiosas de los fieles, en cuanto a los preceptos morales, los ritos, etc.?

–También varía, pero sugiere la demanda tanto por ritos más entusiastas como por los que proponen lazos personales de intimidad. El efecto sobre los preceptos morales constituye, sin duda, una buena influencia de búsqueda. De cualquier forma, señala que no debemos restringir nuestro análisis a las instituciones o imaginar que ellas abarcan el conjunto de la vida social. De esta forma, hoy se critica a la propia noción de sociedad, que tiende a cambiarse por otras, como socialidad, que indica mayor apertura y menos pretensión de totalidad. Todo eso como parte de una reevaluación de los propósitos de las ciencias sociales, valorativos e indicativos de un proyecto de vida social que hoy se ve asociado a un cierto eurocentrismo.

–¿Cuánto influye en estos cambios el crecimientos de las iglesias evangélicas pentecostales?

–El crecimiento de las iglesias evangélicas pentecostales es un fenómeno muy generalizado de nuestra época, desafiando a los que imaginaban que tendríamos el debilitamiento de la religión o el predominio de las religiones más “racionales”. El testimonio de los antropólogos en gran parte del mundo es impresionante. En muchos casos hay un traspaso para esas iglesias que vacían a las más tradicionales, que muchas veces reaccionan abriendo un espacio para ese estilo de religiosidad en su interior, como es el caso del movimiento carismático en la Iglesia católica.

Aunque se trate de un crecimiento que no necesariamente va a captar sus adeptos en otras iglesias. De cualquier forma, es una de las transformaciones más visibles del panorama religioso en nuestra época. También hay que señalar sus efectos extra-religiosos, como el estímulo a la mejora material o a la reorganización de las familias y comunidades en situaciones difíciles (como es el caso de las favelas cariocas), así como su presencia en la política. Todo eso está relacionado con el tema de los efectos sobre los preceptos morales que mencionaba antes.

–El concepto de “mercado religioso” se asocia a la sociedad de consumo, con un “modelo americano”, a través de los grupos pentecostales o carismáticos, y un “modelo europeo”, más vinculado a experiencias privadas. ¿Cómo se evidencia esta situación en la actualidad?

–Esa relación a un modelo europeo -como clasificación- se vincula más a una religiosidad que pasa de generación en generación en el seno de una tradición, mientras que el llamado modelo americano -siguiendo con la clasificación- se asocia más a una libre elección individual que atraviesa tradiciones, no es transmitida en el seno de las familias y seguramente se asocia a una cierta inestabilidad de las opciones, que guarda analogía con la llamada sociedad de consumo. El modelo europeo continúa presente y constituye, por así decirlo, una “minoría silenciosa”, sin dejarnos engañar por su supuesto carácter privado, ya que es heredero de importantes tradiciones públicas; a la vez que el americano, más evidente, parece prevalecer sobre todo entre los jóvenes, muchas veces pareciendo cumplir un papel similar al que algunas décadas atrás se asociaba al activismo político. Sería importante la realización de búsquedas con mayor profundidad temporal para que conozcamos mejor las tendencias. Como también que no exagerásemos su importancia que no deja de ser una entre otras

maneras posibles de organizar nuestros datos.

–¿Podría trazar un paralelismo entre la religión y la política? ¿Por qué el término “fundamentalismo” contiene una carga condenatoria?

-Un posible paralelo es el papel que para muchos jóvenes representa la religión en contraste con el de la política en tiempos pasados. A pesar de eso, es esencial señalar la importancia creciente en el mundo de hoy de lo “religioso-político”, o sea, una simbiosis entre la religión y la política.

Muchas veces, eso es asociado a fundamentalismo, pero en verdad, parece tratarse de un fenómeno más amplio. El fundamentalismo clásico protestante pretende guardar cierta distancia en relación a la política.

El fundamentalismo es, en general, asociado a un cierto literalismo, pero también a una actitud atrasada, pre moderna, lo que no parece totalmente correcto: mejor sería considerarlo moderno, mismo cuando aparezca como reacción a determinadas modernidades que se presentan como antirreligiosas. Fundamentalismo es, seguramente, una forma del observador –a la rebeldía de las categorías de lo observado– para referirse a una tendencia literalista y a una cierta intransigencia en su defensa. No obstante, no deja de ser un ejercicio saludable preguntarnos sobre nuestros propios “fundamentalismos”, seguramente ocultos porque están naturalizados.

Pensemos, por ejemplo, en la presencia del catolicismo

en la vida pública de nuestro país de una manera que, porque estamos acostumbrados, no cuestionamos, pero podemos relativizar -o por lo menos darle complejidad- el pretendido carácter laico de la organización del Estado.

-¿Cómo analiza este fenómeno que comenzó a darse en los últimos años, que Brasil, el país con más católicos en el mundo, “exporte” religiones afro, como el candomblé, e iglesias pentecostales?

–Esto se asocia a lo que ocurre dentro de Brasil, donde por un lado muchas religiones que no son católicas crecen de modo significativo y donde también una cierta hegemonía católica que ocultaba esas otras religiones -que en su mayoría no son tan nuevas- se debilita.

Ese fenómeno, de hecho, guarda parentesco con otros movimientos semejantes, como los de la afirmación étnica de negros e indios rompiendo con la ideología del mestizaje. En cuanto a su exportación, es un fenómeno que exige más búsquedas para que lo conozcamos mejor.

Ciertamente, asociarse a una visibilidad creciente que el país viene alcanzando en los últimos tiempos, así como un fenómeno inusitado para nosotros -a esa escala- de emigración de brasileños. Pero precisamos profundizar y refinar esas percepciones, ya que muchas veces esos procesos desafían nuestras categorías usuales de análisis, como la de cultura. ¿Cómo explicar a partir de ahí, por ejemplo, fenómenos como Pablo Coelho, cuya popularidad, a pesar de la desconfianza de los intelectuales, parece no conocer límites?

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Religión y sociedad

Desde la revolución que Lutero y Calvino lideraron dentro del cristianismo en el siglo XVI, la vida religiosa no volvió a ser la misma. Cinco siglos más tarde, la humanidad aún sufre los desmoronamientos de aquella edificación todopoderosa que San Pedro construyó sobre una roca. En Argentina, los encuentros y desencuentros entre católicos y protestantes se remontan a la formación misma del país. Pero fue en los últimos años que los cambios sociales y políticos hicieron que los líderes de ambos grupos de fieles tuvieran que entablar nuevas formas de diálogo. Un hecho sobresaliente es que fueron puestas en discusión las relaciones de las iglesias con el Estado.

“Según los datos duros, la Iglesia católica, hasta hace un par de décadas, se reportaba públicamente conteniendo a más del 90 por ciento de la población. En este momento, es posible que los católicos que se aceptan públicamente como tales estén entre el 65 y el 75 por ciento. Pero los católicos practicantes, los que van con regularidad a la iglesia, es posible que estén en el 5 por ciento. A su vez, los evangélicos están entre el 10 y el 13 por ciento de la población –eso depende de la inclusión o exclusión de determinados grupos– con la particularidad de que en general son muy practicantes. De modo que si comparamos los públicos practicantes, los evangélicos posiblemente sean ahora más que los católicos”. El análisis pertenece al sociólogo Hilario Wynarczyk, doctor en su disciplina e investigador especializado en los procesos de las iglesias evangélicas y sus relaciones con la sociedad civil y el Estado en nuestro país.

Suele decirse que el mundo actual está impregnado de descreimiento. Wynarczyk, profesor de Metodología de la Investigación y Taller de Tesis de la UNSAM, cuestiona esa postura: “No es posible sostener que haya menos gente creyente, y en cambio no hay dudas de que se ha modificado la distribución de las personas dentro del complejo campo religioso, al tiempo que resulta mayor la cantidad de personas que aceptan expresar que no son católicas -en un sentido tradicional y estricto de lo que eso significa- y que sostienen otras creencias. Pero las misas católicas siguen llenas y los cultos de los evangélicos pentecostales también. En enero de 2009 unos 200 mil peregrinos asistieron a la celebración del Gauchito Gil en Mercedes, Corrientes”.

En las Jornadas sobre Experiencia Religiosa y Comunicación, organizadas por la UNSAM en noviembre pasado, Wynarczyk presentó la ponencia “Oh Jesucristo, danos poder antes del juicio, para cumplir la misión que nos mandaste. Auge y protesta de los evangélicos conservadores. Argentina, 1980-2001”. Allí se refirió a otro movimiento, algo tangencial: la formación de partidos políticos evangélicos, una experiencia que fracasó:

“Los evangélicos que intentaron crear partidos creían que el voto podía estar determinado en las congregaciones, pero en realidad estaba determinado en las pertenencias sociales. En la cuestión del voto, creo que no hay dudas: los pentecostales no votan como pentecostales y en su mayoría lo hacen al Partido Justicialista. Los datos con que cuento no son exactos, pero me inducen a sostener esto”.

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Hilario Wynarczyk: una mirada sobre Argentina

Cercanías y distancias

Para comprender al sector evangélico, de por sí muy heterogéneo, Wynarczyk detalla las principales corrientes dentro del protestantismo en Argentina: “Organizadas desde una perspectiva sociológica: por un lado, los protestantes históricos -cuyas iglesias se remontan a los tiempos de Lutero y Calvino-, ubicados ideológicamente como históricos liberacionistas. En este segmento incluimos a los anglicanos y metodistas. La segunda corriente es la de los evangelicales, en la que predominan los bautistas y los hermanos libres. Cuando surgieron, trataron de llevar a fondo la protesta de Lutero, pero después se volvieron iglesias conservadoras, y un sector de ellas pasó a constituir el núcleo duro del movimiento conocido como fundamentalista. El tercer grupo es el de los pentecostales, y dentro de ellos, los neo pentecostales. La suma de los evangelicales y los pentecostales constituye el polo conservador-bíblico del campo protestante y reúne a más del 90 por ciento de la población evangélica. Entre sus marcas distintivas está la sujeción literalista a los textos bíblicos”.

El diálogo entre católicos y protestantes se dio de diferentes maneras en los últimos tiempos, con cruces significativos. Por ejemplo, señala el investigador, “los evangélicos del sector histórico liberacionista tienen relaciones muy buenas con la Iglesia católica a partir de la década del 60, construidas alrededor del movimiento ecuménico. Hubo una subárea de conexión ecuménica muy fuerte entre los progresismos protestante y católico en el terreno común de la Teología de la Liberación y la Teoría de la Dependencia”. En cuanto a los conservadores bíblicos, “han tenido en general una relación fría y distante con la Iglesia católica. A partir de la década del 90 comenzaron un movimiento importante para conseguir la igualdad de cultos”. También, afirma, existe un acercamiento, aunque incipiente, entre algunos conservadores bíblicos e integrantes de las comunidades católica, judía y musulmana “alrededor de temas éticos planteados desde una visión conservadora: hacer que haya más control desde una perspectiva moral sobre las emisiones de la televisión. Hay un movimiento parecido entre los evangélicos conservadores bíblicos sobre temas de bioética”.

Nuevas tendencias

El movimiento pentecostal surgió en Estados Unidos a fines del siglo XIX y comienzos del XX, pero formalmente se considera que nació en 1906, a partir de los evangelicales, con la figura de William Seymour. A Argentina llegó tres años más tarde, a través de un obrero italiano, mosaiquero, Luigi Francescon, que se instaló en la Isla Maciel, por entonces una zona prostibularia.

Wynarczyk explica que “los pentecostales enfatizan la creencia en la actuación del Espíritu Santo en las vidas de las personas y las iglesias, a través de profecías, dones de lenguas (hablar en lenguas extrañas) y ocurrencia de milagros, principalmente a nivel de la salud. Es la idea del poder actuante del Espíritu Santo, por contraste con el cesarcionismo, que significa que los milagros cesaron con los tiempos bíblicos”. Y destaca que esas características son compartidas en parte por el movimiento carismático de la Iglesia católica, en auge en los últimos años aunque surgido en la década del 60, también en Estados Unidos, pero en la clase media, en las aulas de la Universidad de Notre Dame, en Indiana.

A la vez existen diferencias entre pentecostales clásicos y neo pentecostales. Establecer sus rasgos comunes y diferentes sirve para despejar prejuicios que suelen ser alimentados por la ignorancia o la mala fe de quienes, por ejemplo, demonizan a esos cultos evangélicos, que quizá porque son los que más crecen, con la denominación de “sectas”. “El pentecostalismo pone un énfasis muy fuerte en la experiencia de comunicación con Jesucristo, la infusión del Espíritu Santo en la vida de las personas y la manifestación empírica de esta experiencia a través del don de lenguas, las sanidades y las expulsiones de demonios. Los neo pentecostales colocan un acento mayor todavía en la guerra espiritual contra espíritus que provocan problemas de salud, de relaciones familiares y desgracias económicas, pero principalmente en las, así llamadas, sanidades divinas”.

Una corriente dentro de los neos pentecostales, conocida como “movimiento de la nueva reforma apostólica”, sostiene que “en la Iglesia de Cristo el Espíritu Santo está levantando un nuevo tipo de ministerio, el de los apóstoles. Los pentecostales creen que en la Iglesia hay maestros, profetas y apóstoles, cuyos dones se complementan, de acuerdo con las enseñanzas de Pablo de Tarso vertidas en el Libro de los Hechos de los Apóstoles.

Los seguidores de la nueva reforma sostienen que en Argentina, en la década del 80, fueron levantados grandes predicadores con dones proféticos. Pero desde los 90 el Espíritu estaría levantando pastores, y también congregaciones, con dones apostólicos, dones todavía más altos. Los pastores neo pentecostales son líderes muy carismáticos que generalmente ejercen junto con sus esposas. Sus congregaciones giran alrededor de ellos y tienden a ser muy autónomas y a establecer nexos entre agrupaciones neo pentecostales que van más allá de los límites establecidos por las respectivas denominaciones del pentecostalismo clásico. También suelen poner algunos de ellos un énfasis en la llamada teología de la prosperidad. La idea básica es que el poder del Espíritu también puede contribuir a la plenitud en las áreas económicas de la vida”.

¿Qué vinculación hay entre estos grupos y los llamados “pastores mediáticos”? “Lamentablemente, la imagen pública que se ha instalado es esa, pero no es así.

Una parte de los pastores neo pentecostales posee un afán proselitista muy fuerte y aunque sigue una teología que rechaza muchas cosas de lo que considera ‘el mundo’, no tiene reparos en usar todos los mecanismos de ‘el mundo’ para hacer proselitismo. Por ejemplo, si se trata de administrar, ellos usan criterios que no son iguales pero que son parecidos a los de una organización empresarial.

No es que hagan negocios, pero hay un énfasis muy fuerte en la eficacia, en el crecimiento numérico de las iglesias y en utilizar todos los recursos: publicar y vender libros y revistas y, por supuesto, la televisión. Desde luego que el ministerio religioso se torna mediático, pero lo mediático es una herramienta, no es el eje”.

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Iglesia de exportación

Desde hace algunos años, Argentina presencia la expansión de la Iglesia Universal del Reino de Dios, un grupo religioso que produce un sincretismo entre el pentecostalismo y los cultos afro-espiritistas. En Brasil, su lugar de nacimiento, es considerada como parte del campo evangélico y del movimiento neo pentecostal, pero en nuestro país se encuentra fuera de los evangélicos institucionalizados por medio de las federaciones de iglesias.

Wynarczyk destaca un hecho clave: “El dinamismo de la IURD es tan grande que es la única iglesia latinoamericana que se expande hacia el Primer Mundo. Está presente en Estados Unidos y en varios países de Europa”. Desde el punto de vista de la investigación no la conceptualiza como parte del movimiento evangélico sino como una forma de para-pentecostalismo.

El aumento acelerado en cantidad de fieles -en su mayoría de sectores medios y medios inferiores, con presencia de personas de buena posición social pero acuciadas por problemas- trajo un crecimiento material que se comprueba en la compra o alquiler de grandes edificios, como cines y teatros, que son acondicionados para las ceremonias. Esta iglesia pone un énfasis determinante, según Wynarczyk, “en la lucha contra espíritus que bloquean a las personas, y a diferencia de los pentecostales y de los neo pentecostales, genera rituales nuevos, absolutamente atípicos para las iglesias evangélicas”. Su organización también las diferencia del resto del mundo evangélico: “Las iglesias del segmento protestante histórico liberacionista y las evangelicales son bastante democráticas y horizontales; las pentecostales clásicas y unas que sociológicamente se llaman neoclásicas -surgidas localmente en Argentina- también comparten esas características del régimen de administración y gobernación. En la IURD, en cambio, el sistema es episcopal, existe la figura del obispo, y la administración piramidal está manejada por ministros religiosos, con un predominio masculino y una estética particular, vestidos de un modo formal: el cabello muy corto, peinado, con trajes, cinturón en el pantalón que llevan bien alto en la cintura”.

¿Pero por qué en Argentina no es aceptada por el resto de los evangélicos? Las diferencias dogmáticas y en los ritos podrían ser las causas principales. “Algunos significados teológicos y prácticas rituales de la IURD son demasiado chocantes para el resto de los evangélicos. La IURD tiene un liderazgo muy dinámico y activo, con una gran fuerza de avance”, explica y desliza una línea interpretativa latente: “Es posible que si se integraran a las organizaciones evangélicas otros líderes tuvieran temor de perder espacios. No lo sé concretamente, es solamente una leve conjetura. Pero no tengo dudas de que su ideario, sus innovaciones ideológicas y de rituales, son atípicos, una piedra de choque muy fuerte”.

 

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