ORACIÓN DE CONFIANZA DE UN ALMA ATRIBULADA

En el año 1933, durante una hora de adoración, Dios le reveló a Sor Faustina todo lo que ella tendría que sufrir: falsas acusaciones, la pérdida del buen nombre, y muchos tormentos. Cuando la visión terminó, un sudor frío bañó su frente. Jesús le hizo saber que aun cuando ella no quisiese recibir estos sacrificios, igualmente se salvaría y Él no disminuiría sus gracias y seguiría manteniendo una relación íntima con ella: la generosidad de Dios no disminuiría para nada. Consciente que todo el misterio dependía de su conformidad voluntaria, consintió libremente al sacrificio en completo uso de sus facultades. Luego escribió lo siguiente en su diario: “De repente, cuando había consentido hacer el sacrificio con todo mi corazón y todo mi entendimiento; la presencia de Dios me cubrió, me parecía que me moría de amor a la vista de su mirada”. Faustina fue canonizada el 30 de abril del año 2000. De ella es esta hermosa oración:

Cuando el dolor se adueña de toda mi alma
y el horizonte oscurece como la noche,
y el corazón está desgarrado por la tortura de la tribulación,
¡Oh, Jesús crucificado, Tú eres mi fuerza!

Cuando el alma ofuscada por el dolor,
se esfuerza y lucha sin respiro,
y el corazón agoniza en la amargura de la angustia,
¡Oh, Jesús crucificado, Tú eres la esperanza de mi salvación!

Y así pasa día tras día,
y el alma se hunde en un mar de amargura,
y el corazón se diluye en lágrimas,
¡Oh, Jesús crucificado, Tú me iluminas como la aurora!

Y cuando el cáliz de amargura ya rebosa,
y todo conspira contra el alma,
y ella vive momentos de Getsemaní,
¡Oh, Jesús crucificado, en Ti tengo mi defensa!

Cuando el alma consciente de su inocencia
acepta de Dios estas pruebas,
entonces el corazón es capaz de compensar
las molestias con el amor,

¡Oh, Jesús crucificado, cambia mi debilidad en omnipotencia!

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