ON LA CRUZ Y EL ARADO

Al término del gobierno de Hernandarias, y a propuesta suya, en 1617 los inmensos territorios del Adelantazgo rioplatense fueron divididos por la Corona Española en dos gobernaciones : la del Gayrá al norte , cuyo centro sería Asunción, y la del Río de la Plata al sur, con su capital en Buenos Aires. (…)
Los primeros gobernadores de Buenos Aires comenzaron entonces a preocuparse de la “banda oriental” del río Uruguay comprendida dentro de su jurisdicción, cuyos primitivos moradores se habían resistido exitosamente a la conquista por la fuerza de las armas. En su lugar recurrióse a los medios pacíficos enviando a sacerdotes “misioneros” para enseñar a nuestros aborígenes las creencias y principios morales de la religión cristiana; se procuraba reprimir sus feroces instintos haciéndolos capaces para convivir en paz con los hombres blancos, y gozar de las ventajas espirituales y materiales de que disfrutaban los pueblos civilizados del mundo. Desafiando peligros y dificultades los primeros “misioneros” franciscanos y jesuitas vinieron de Buenos Aires en frágiles canoas a comienzos del Siglo XVIII. Desembarcando en la región sudoeste de nuestro territorio. Al verlos sin armas y en actitud de paz nuestros indígenas les dejaron avanzar tierra adentro, y aún les recibieron con muestras de respeto y regocijo. Algún tiempo después , ayudados de los industriosos “chanás” , levantaron un pequeño villorio en la isla del Vizcaino, poblada pocos años antes de ganado por Hernandarias, al que pusieron por nombre Santo Domingo Soriano (¿1624?) , y donde aquellos fueron a vivir con sus familias bajo la protección y guía de los “misioneros” quienes les enseñaron las primeras prácticas del cultivo. Otros poblados llamados “reducciones” fueron levantados pocos años después en la zona del actual departamento de Colonia, tales como las de Espinillo, Víboras, Aldao. Poco tiempo después esta paciente labor misionera fue arruinada por la codicia de otros hombres que llegaron a nuestro suelo atraídos por sus inmensas e inexplotadas riquezas naturales.
(Alfredo Castellanos de “Breve historia de la ganadería en el Uruguay)

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