Olores que nos conectan

Una de las cosas que más directamente nos conecta con la emoción o con los recuerdos es el olfato. El ser humano puede percibir alrededor de 10.000 olores. El olfato es además un elemento imprescindible del gusto, pues parte de la información de las papilas gustativas se procesa en combinación con el olor de aquello que estamos degustando.  Pensemos por ejemplo en los grandes catadores de vino, antes de probar el vino lo huelen. Cuando percibimos un olor esa información va directamente a la amígdala en donde es procesada. Al ser una parte de nuestro cerebro que se encarga de las reacciones emocionales básicas, podemos reaccionar  a un aroma sin haberlo procesado conscientemente. Más tarde esa información llegará al córtex, a una región que se encarga del procesamiento de los olores. Por tanto, oler, es algo totalmente integrado en nuestro sistema fisiológico, en nuestro cerebro.

Un olor determinado nos puede hacer viajar en milisegundos, en el tiempo o en el espacio a la infancia, a las vacaciones de cuando éramos niños, a la playa en la que jugábamos con nuestro grupo de amigos, a nuestro primer amor,  a ese lugar que visitamos que olía a rosas, o a lavanda, o a pinos… Cuando era niña mi padre tenía que viajar frecuentemente por su trabajo. Si era época vacacional, mi madre y yo solíamos ir con él. Íbamos a diferentes lugares de España. Mientras mi padre trabajaba, visitábamos la ciudad, recorríamos sus calles y solíamos entrar en la iglesia principal para visitarla también. Las iglesias de piedra, antiguas, solían tener un peculiar olor, a cera y con un toque de humedad. Cuando a día de hoy entro en una iglesia con ese olor (en muchas ya no se usan la velas y huelen diferente) recuerdo esos viajes que tanto disfrutaba pues  para mi eran toda una aventura.

Existen además aromas que no percibimos conscientemente, como las llamadas feromonas, pero que procesamos inconscientemente. En el caso de los animales es muy clara la acción de las feromonas. Pero los humanos no somos tan diferentes como pudiéramos pensar y nos vemos también influídos por ellas aunque sea de una manera inconsciente. Parte de lo que suele llamar la química del amor, tiene mucho que ver con la acción de las feromonas y hay bastantes estudios sobre ello.

A pesar de la potencia del olfato, vivimos en una sociedad llena de sucedáneos de olores reales. No vamos a ser tan naifs de decir que el desodorante no es un gran invento, pero poniendo las cosas en su contexto, es también cierto que hemos saturado el olfato de olores artificiales dejando poco espacio a los olores naturales. Gran parte de la comida que consumimos lleva aromas artificiales. Por ello, nuestro olfato está muchas veces como anestesiado. De ahí el motivo de sugerir algunas prácticas, para volver a despertar este sentido tan importante.

Leer este sencillo cuento Zen:

Era un hombre que había oído hablar mucho de la preciosa y aromática madera de sándalo, pero que nunca había tenido ocasión de verla. Había surgido en él un fuerte deseo por conocer la apreciada madera de sándalo. Para satisfacer su propósito, decidió escribir a todos sus amigos y solicitarles un trozo de madera de esta clase. Pensó que alguno tendría la bondad de enviársela. Así, comenzó a escribir cartas y cartas, durante varios días, siempre con el mismo ruego: “Por favor, enviadme madera de sándalo”. Pero un día, de súbito, mientras estaba ante el papel, pensativo, mordisqueó el lápiz con el que tantas cartas escribiera, y de repente olió la madera del lápiz y descubrió que era de sándalo.

Cuando nuestra percepción está embotada, no vemos ni olemos ni lo que tenemos al alcance de la mano. Vamos a ver unas cuantas maneras de despertarlo:

– Un par de detalles antes de activar la percepción del olfato. La primera, creo que obvia, es practicar en lugares agradables al olfato. La segunda, es ser consciente de que el olfato es un sentido que ante un estímulo dado se satura rápidamente, por lo que es posible que muchas de esas percepciones se evaporen fácilmente.

– Trata de explorar un lugar dejándote guiar sólo por el olfato. No hace fala que cierres los ojos, sólo que dejes que el olfato te guíe.

– Explora tu entorno incluyendo el olfato en esa exploración. Date cuanta de que los objetos, además de un tacto, una forma, un color, tienen un olor particular.

– Si eres atrevido, incluye en estás prácticas detectar cómo huelen las personas de tu entorno. Todos, al margen de colonias y perfumes que podamos utilizar, tenemos un olor particular.

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