No sólo Dios, sino la vida misma, respeta y respalda a la persona decidida

Dios habla hoy viernes, 10 de febrero 2012
Pida con fe, sin dudar. Porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. Santiago 1:6
Rut le respondió: «No insistas en que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, moraré.» Rut 1:16
Dr. Roberto Miranda

Dr. Roberto Miranda

Todos hemos oído la expresión “quemar las velas”, la cual se refiere a hacer una decisión que nos compromete, y que no nos permite la opción de volver atrás. Se refiere, originalmente a la mítica decisión del conquistador español Hernán Cortés, quien supuestamente ordenó quemar los barcos en que él y sus hombres habían llegado a Veracruz, México, para iniciar la conquista del imperio azteca. Al eliminar la posibilidad de una vía de escape, Cortés esperaba fortalecer la resolución de sus hombres y así aumentar la posibilidad de una victoria en circunstancias muy desfavorables.

La Biblia nos muestra una y otra vez hombres y mujeres decididos que toman decisiones desesperadas en el nombre del Señor, y que siempre terminan arrancándole la victoria a las garras de la derrota. Pienso en Ester, quien opta por seguir a su suegra y comprometer su destino con ella, aunque esta se siente derrotada e insiste en aclararle que no tiene nada que ofrecerle. Las palabras de Rut todavía resultan inspiradoras: “No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos” (Rut 1:16 y 17). Dice el relato que “viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más”.

La decisión de Rut fue noble y heroica, pero también muy sabia. El sabio consejo y las conexiones familiares de Noemí le permitieron encontrar un esposo rico y generoso, y la bendición de Dios la cubrió hasta el punto de llegar a ser un antepasado del mismo Jesucristo. Cuando un hombre o una mujer vive la vida resueltamente, examinando honestamente su contexto, conociendo con precisión sus limitaciones y capacidades personales, y comprometiéndose íntegramente con las decisiones que toma, inevitablemente la curva de su vida será ascendente, y los obstáculos se apartarán de su camino para abrirle paso en la vida.

La reina Ester optó al principio por lo prudente y seguro cuando el pueblo judío corría el riesgo de ser exterminado por el maligno Amán. Quiso esconder su identidad judía y evitar los riesgos que acompañaban el intervenir a favor de su pueblo ante el rey Asuero. Su tío Mardoqueo la retó a decidirse—a asumir su identidad plenamente, sacarle provecho a la situación estratégica en que se encontraba, y tomar una acción desesperada, entrando a la recámara del rey sin haber sido previamente invitada para interceder por su pueblo. Esencialmente le dijo: “Si permaneces indecisa, optando por una falsa seguridad, tarde o temprano la vida te pasará por encima y perecerás como todos los demás judíos. Pero si te decides a intervenir, aunque encierra mucho riesgo, quizás te tropezarás con la grandeza y harás mucho bien. Y quien sabe si es para esto que has nacido y te encuentras en la posición que actualmente ocupas” (Ester 4:13 y 14).

Ester se encomendó al Señor, adoptó una estrategia clara y ambiciosa, y el resto es historia: Su acción decidida resultó en honra para ella, salvación para su pueblo, y un claro avance para el Reino de Dios.

Es bueno orar, meditar y ser prudente en la vida. Es bueno confesar las promesas del Señor y creer que Él es bueno y fiel a los que en Él confían. Pero en la vida también llega el momento de la acción, de hacer decisiones concretas y asumir riesgos, de medir bien las opciones delante de nosotros y escoger una sola de ellas, comprometiéndonos fría y responsablemente con sus posibles consecuencias. Y una vez que sabemos lo que tenemos que hacer, sólo nos queda lanzarnos a las aguas, llevándonos un salvavidas inflable si es posible, y encomendándonos a los misericordiosos brazos del Señor. El no permitirá que fracasemos. “Si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros”?

Si quieres profundizar en este reflexión, te recomiendo estudiar el sermón del pastor Omar Soto intitulado “Tomar el riesgo y vivir de acuerdo a la verdad”.

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