No hay razón para sentir dolor ante una intervención quirúrgica.

El dolor es una sensación desagradable que avisa cuando algo no anda bien en el organismo, a través de señales que el cuerpo envía al cerebro. En ocasiones se trata sólo de una molestia; a veces puede ser muy intenso, continuo o intermitente. Una vez reconocido el origen del problema su razón de ser se pierde y se convierte en un sufrimiento inútil.
El dolor somático puede tener un origen físico, como consecuencia de la misma enfermedad o traumático, por el cual la persona debe ser intervenida quirúrgicamente. Esta sensación también puede estar exacerbada por un alto grado de ansiedad o estrés.

El control del dolor somático es fundamental para bajar el nivel de ansiedad, prevenir complicaciones después de una cirugía y reducir el tiempo de hospitalización del paciente. Puede ser controlado con analgésicos antinflamatorios no esteroides –AINEs- como diclofenacos, un medicamento antiinflamatorio que inhibe una enzima llamada cicloxigenasa, involucrada en los procesos de inflamación y dolor donde intervienen las prostaglandinas. Mientras que en los componentes emocionales, la preparación psicológica contribuye a eliminar los miedos y a disminuir la ansiedad.

El dolor posoperatorio lo experimentan todos los pacientes. Es constante e intermitente y empeora cuando éste ríe, tose, se mueve o respira profundamente, también cuando se procede al cambio de los vendajes sobre la herida. Tiene varios niveles: agudo, repentino, de limitada duración o crónico, cuando persiste más allá del tiempo razonable de curación, y puede ser superficial, profundo o visceral.

Entre los factores que afectan la magnitud del dolor postoperatorio están la ausencia de conocimientos o conceptos erróneos sobre el tratamiento del dolor por parte del personal médico y paramédico, ausencia de evaluación del paciente o valoración inadecuada de la intensidad del dolor y la eficacia de los tratamientos utilizados; así como falta de información del paciente sobre las consecuencias del no tratar a tiempo este síntoma además de las posibilidades de analgesia en el período postoperatorio.

Antes y después de una intervención quirúrgica los especialistas administran analgésicos de alta potencia, cuya eficacia es mayor si se administran unas horas antes de que el dolor sea demasiado intenso. Se puede incrementar o complementar la dosis con otros fármacos si el dolor aumenta transitoriamente.

Una vez en casa, y cuando el control del dolor ha sido bien llevado, los médicos suelen indicar nuevamente el uso de analgésicos antiinflamatorios no esteroides, como los diclofenacos, para evitar que el dolor se manifieste. A este respecto el médico tratante debe entrenar al paciente y al familiar en la toma de los medicamentos, para que su efecto analgésico sea el adecuado.

Hay profesionales que piensan que el niño por su inmadurez no siente dolor. Dos de los principales mitos se refieren a que el sistema nervioso central y periférico de los niños son distintos respecto a la transmisión del dolor, y el otro es el temor irreal sobre los narcóticos -que incluyen la posibilidad de provocar adicción y depresión respiratoria-, miedos que provienen tanto del médico como de los padres. Para los niños también es importante el tratamiento contra el dolor a fin de contribuir a una recuperación más rápida.

En ese sentido, Miren Viteri, anestesióloga del Hospital de Niños J.M. de los Ríos, ubicado en Caracas, destacó que a pesar que ha habido avances en el manejo del dolor, existe un alto índice de dolor moderado a severo en el post operatorio, porque muchos médicos o centros asistenciales no trabajan con analgésicos preventivos y multimodales.

La especialista en terapia del dolor señaló que estos problemas deben aminorarse, debido a que afectan la recuperación de los pacientes, especialmente en los niños.

Viteri indicó que, luego que se desencadena el dolor por medio de intervenciones quirúrgicas o tratamientos, muchos especialistas no toman las medidas necesarias para que la dolencia disminuya, lo que trae complicaciones. «Debe existir una educación dirigida a los médicos, paramédicos, y familiares, debido a que hoy en día hay técnicas que logran que estas dolencias puedan reducirse por medio de varios fármacos», aseguró.

«Algunos de esos métodos pueden ser la aplicación de opioides, fármacos potentes y anestesias locales, dependiendo del requerimiento de cada paciente para su mejoría», comentó Viteri. Asimismo, informó que en el centro asistencial donde labora emplean técnicas que consisten en que los propios pacientes y sus familiares controlan su terapia del dolor, administrándose el analgésico por medio de una bomba que envía los medicamentos a su cuerpo.

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