Neurociencia: ¿Cómo funciona el efecto placebo?

Efecto placebo: milagros de la mente

Medicina alternativa: sin sustancias activas

Poco a poco los investigadores conocen cómo se relacionan los distintos sistemas del cuerpo y cómo esta comunicación activa la capacidad de curación espontánea del organismo. La imagen de la jeringuilla (7) se registra en el tálamo (4) y se evalúa emocionalmente en la amígdala cerebral (5), también en conexión con el sistema vegetativo (locus coeruleus). Entonces llega el estímulo y la información al córtex visual (nuestro “cerebro óptico“) (8), y se realiza la percepción. En la corteza cerebral y el hipocampo (9) (estructura de forma curva situada en el lóbulo temporal del cerebro) tiene lugar el proceso de desciframiento de la información recibida a través de la impresión sensorial. Como el paciente sabe qué es una jeringuilla y cómo se emplea, estima el efecto que surtirá la inyección. Esta expectativa se forma en el córtex prefrontal (10) y se transmite al hipotálamo y a la amígdala cerebral (4).

Neurociencia: ¿Cómo funciona el efecto placebo?

El primero reacciona al impulso nervioso produciendo hormonas que llegan hasta el asta posterior de la médula espinal, recorriendo un corto tramo del sistema circulatorio y regulando la producción de hormonas de las glándulas suprarrenales. Se crea cortisol, noradrenalina y adrenalina, hormonas que pueden activar localmente las células inmunitarias e inhibirlas regionalmente. Además, liberan las hormonas al cerebro. Los diferentes tipos de células inmunitarias se comunican entre sí, en concreto con las citoquinas, que informan al hipotálamo de lo que sucede en el cuerpo. Así, las células inmunitarias controlan la liberación de otros neurotransmisores al organismo.

En los sistemas nervioso e inmunológico, la expectativa de una curación puede relanzar la producción de células inmunitarias en el tejido linfático y la médula ósea o activar los linfocitos: las células enfermas son fagocitadas, combatidas por anticuerpos o envenenadas.

Quien medita puede utilizar sus pensamientos para provocar cambios físicos, como reducir la tensión arterial o aumentar los anticuerpos.

Un ejemplo de la investigación sobre los placebos

una pastilla sin principios activos

En 2001, un grupo de científicos daneses de la Cochrane Collaboration (asociación médica mundial) analizaron 130 trabajos de investigación en los que se habían utilizado placebos. Su conclusión fue que no es posible verificar que causen efecto alguno, salvo como paliativo para aliviar el dolor. Su sentencia demoledora fue: “La utilización de placebos no está recomendada más que en la investigación clínica”. La controversia estaba servida, pero el escepticismo no sembró el desconcierto entre los pacientes. Anne Harrington, de la Universidad de Harvard (EEUU), explica que algunos enfermos de cáncer y sus familiares le piden en desesperados e-mails el efecto placebo como último recurso para paliar su sufrimiento. Es sorprendente porque para que el método funcione, el paciente ha de desconocer la naturaleza del fármaco.

Parte de la medicina actual siente animadversión a realizar acciones en las que, en cierto modo, se juegue a engañar o confundir al paciente. Según esta postura, una ciencia racional de la salud y las enfermedades sólo debería admitir remedios de los que se sepa con certeza contra qué tipo de dolencia están indicados, así como su forma específica de actuar sobre determinas patologías. Pero la medicina que se atiene a criterios estrictamente científicos pasa por alto dos cuestiones. Por un lado, los facultativos conocen poco el mecanismo psíquico o fisiológico que el efecto placebo desencadena para mejorar la salud. Por otro, los médicos tradicionales logran mejores resultados para aliviar algunas dolencias aplicando terapias con escasa base científica. La investigación científica no puede obviar el efecto prodigioso de la mente sobre el cuerpo. La neurobiología moderna viene demostrando desde hace unos años que el influjo de la esperanza y la imaginación sobre el organismo es mensurable.

Salud: ¿El efecto placebo cura el dolor?

El fenómeno mejor estudiado es el efecto placebo sobre el dolor. Mediante un experimento sencillo, el neurólogo turinés Fabrizio Benedetti ha puesto de manifiesto que el uso complementario de medicamentos sin principios activos acelera el proceso de curación mucho más que si se deja a la enfermedad seguir su curso natural. Cuando lo solicitaban, pacientes recién operados de pulmón recibían una inyección de calmante contra el dolor. Además, las enfermeras les pusieron un goteo con suero fisiológico y les dijeron que se trataba de un nuevo narcótico contra el dolor. Algunos pacientes averiguaron la verdad y no experimentaron el efecto placebo. A otros se les ocultó la naturaleza del líquido que contenían las botellas del goteo. Benedetti hizo que se tomara nota del número exacto de inyecciones sedativas que demandaba cada enfermo. La conclusión fue la siguiente: cuanto más consciente era el afectado de la eficacia del suero en el alivio de su padecimiento, la necesidad de un medicamento a base de un principio activo era menor.

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