NASA Y HARE KRISHNA

En Colombia hay más de 80 etnias indígenas, integradas por cerca de un millón y medio de personas. Cada una tiene su forma de ver el mundo, sus ritos y cosmogonías. Pero suele haber elementos en común como la presencia de sabios consejeros, el uso de plantas medicinales y la cercanía espiritual con la tierra. Estas variables son algunas de las que están presentes en el sistema de creencias del pueblo nasa, asentado en siete departamentos (Cauca, Valle del Cauca, Putumayo, Tolima, Meta, Huila y Caquetá) y que constituye uno de los grupos indígenas más numerosos y organizados del país.

Los nasas ubican su origen en el amor de las estrellas y las aguas de las lagunas. El Espíritu Supremo, al ver que los nasas se mataban entre sí, decidió destruirlos y hacer unos seres nuevos, pero antes envió a un mensajero a través de los rayos para atemorizarlos. Esto funcionó un tiempo, pero reincidieron, así que fue enviado un nuevo mensajero, el portador del hacha, que les enseñó la carpintería y otros trabajos del campo, pero los nasas reincidieron. Envió entonces a otro mensajero, el portador de la honda, que les enseñó a cazar.

En estas idas y venidas de los mensajeros aparecieron los thê’wala, que no eran seres divinos, sino humanos y ellos son los consejeros, que en otras comunidades son conocidos  como mamos, taitas o chamanes. Victoriano Piñacué es un thê’wala nasa, originario del Cauca, es abogado y desde Bogotá asesora a su comunidad. Victoriano los escucha y comparte su opinión a partir de las vibraciones de su cuerpo, que le indican cuál puede ser el camino.

Esto lo puede hacer por medio de plantas medicinales que tienen como eje la coca, que mezclan con plantas dulces o amargas según sea el caso. La intuición es la que determina quién puede ser consejero. Esto ocurre cuando un thê’wala experto nota cierto talento en un niño y lo va guiando por el camino de sus mayores.

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