Murió Stéphane Hessel, autor de un best seller para la resistencia mundial

El intelectual francés Stéphane Hessel, autor de un librito que inspiró a movimientos de protesta en todo el mundo, falleció el martes por la noche, a los 95 años. Filósofo, diplomático y escritor, había nacido el 20 de octubre de 1917 en Berlín, Alemania.  Llegó a Francia a los 8 años y a los veinte, obtuvo la nacionalidad. Fue movilizado en 1939 al empezar la guerra y se unió a las Fuerzas Francesas Libres en 1941. Detenido por la Gestapo, fue deportado en 1944 al campo nazi de Buchenwald, en el que ocultó su identidad para escapar a la muerte. Al terminar la guerra, emprendió una carrera diplomática como adscripto al secretariado general de la ONU (1946-1951). En las Naciones Unidas participó en la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero la fama le llegó después.

Aunque escribió numerosas obras, fue su pequeño libro «indígnense!, publicado en 2010, el que le dio celebridad mundial. Tenía 93 años y su manifiesto de «insurrección pacífica» resonó en todo el mundo, con más de 4 millones de ejemplares vendidos en 35 países. Acompañó los levantamientos populares en los países árabes y sirvió de bandera a los movimientos a los indignados griegos, al movimiento «Occupy Wall Street», en los Estados Unidos y al 15 M español, donde tuvo su mayor repercusión. «Indignez-Vous”, su título original,  (¡Indígnense!)  insta a los jóvenes a resistir de forma pacífica la «dictadura internacional de los mercados financieros» y a defender los «valores de la democracia moderna».»Cuando uno se siente indignado por algo, como me pasó a mí con el nazismo, se convierte en un militante», escribe.

Hessel aprovechó el éxito alcanzado a los 93 años. Y en 2011, reincidió publicando «íComprometeos!». En 2012 publicó en Francia «íDeclaremos la paz», libro de conversaciones con el dalai lama. Hoy, después de conocer su muerte, el presidente francés, Francois Hollande, a quien Hessel apoyó públicamente, dijo a modo de homenaje: «Su capacidad de indignación no tenía límites, salvo el de su propia vida. En el momento en el que esta se acaba, nos deja una lección: la de no resignarse a ninguna injusticia».

Lo curioso es que el manifiesto que lo llevó a la fama, no fue escrito directamente por Hessel. El libro está inspirado en un discurso suyo de 2008 en conmemoración de la Resistencia. La editora Sylvia Crossman propuso una publicación basada en sus ideas y, luego de tres entrevistas, convirtió las palabras de Hessel en un texto que después editó. «Mi aporte fue oral», declaró Hessel, que no aceptó cobrar derechos.

Hace poco menos de dos años, en París, Clarín mantuvo una entrevista con Hessel, que seguía trabajando. Repetimos aquí dos tramos de aquél encuentro. .

 

¿Cómo fue la guerra para usted?

Larga. Para mí, es una historia larga y aburrida.

¿Qué le pasó?

En desacuerdo con el gobierno colaboracionista de Vichy, me fui a Londres para unirme a la Resistencia que lideraba De Gaulle. Me mandaron en una misión a Francia. Me capturó la Gestapo, me mandaron al campo de concentración de Buchenwald y me condenaron a muerte. Pero cambié mi identidad por la de un joven francés que había muerto de tifus. Fui enviado a otro campo y escapé, me atraparon y me podrían haber colgado. Pero no.

 

Pero no se retiró.

No. Desde entonces he estado interesado en varios problemas, como el de la inmigración. Me convertí en miembro del Consejo Superior para la Integración aquí en París, también en Alta Autoridad de la Comisión de Comunicación Audiovisual. También trabajé con el problema de Palestina e Israel, hice varias visitas, la última a Gaza el año pasado y varias anteriores en Gaza y Ramalá. Y aquí estoy: la última cosa que hice fue el borrador de este librito.

¿Por qué cree que tuvo éxito?

Creo que salió justo en el momento en el que las mayorías sentimos que no nos dirigen correctamente: algunos padecían tiranías, como Egipto o Túnez, otros unas democracias poco democráticas. Entonces, la idea de llamar a la gente a que se indigne y diga “no” llegó en el momento correcto. Y cuando empezó la cosa en el norte de África, se hizo incluso más actual.

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