Murió Ray Bradbury, autor de «Farenheit 451»

“La ciencia ficción es la ficción de las ideas”. Quien lo dijo es Ray Bradbury, uno de los más reconocidos escritores del género de ciencia ficción de todos los tiempos, que falleció ayer a la madrugada a los 91 años.

“La ciencia ficción es cualquier idea que ocurre en la cabeza y no existe aún, pero lo hará, cambiará todo para todos y nada volverá a ser lo mismo de nuevo. Ni bien tenés una idea que cambia una pequeña parte del mundo, estás escribiendo ciencia ficción. Es el arte de lo posible, nunca lo imposible”, había dicho en 2010 a Paris Review.

Bradbury había nacido en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920. Autodidacta, tras trabajar como repartidor de periódicos, a principios la década del ’40 comenzó a vender sus primeros cuentos. Le gustaba identificar su género con la fantasía, ya que muchos de sus relatos estaban basados en la vida cotidiana, y se consideraba a sí mismo como «un narrador de cuentos con propósitos morales». Propenso a las pesadillas y fantasías, supo transformar sus sueños y miedos de infancia en marcianos telepáticos, monstruos o visiones distópicas de un futuro totalitario en el que los libros son quemados por bomberos, como en sus legendarios Fahrenheit 451-llevada al cine en 1966 por Francois Truffaut,Crónicas marcianas y otros clásicos de ficción y misterio, entre los que se encuentranEl hombre ilustradoEl sonido del truenoMatemos todos a Constance yAhora y siempre, su última publicación.

Sin embargo, no sólo fue escritor de este género, sino que también transitó por el policial y el relato costumbrista y realista, sobre todo en los últimos tiempos. Además, escribió ensayos, poemas y guiones de cine y televisión -como Moby Dick, dirigida por John Houston, y varios capítulos de La dimensión desconocida-. Durante su vida recibió numerosos premios y distinciones, y el asteroide 9766 lleva su nombre.

Pese a haber sido un autor principalmente de ciencia ficción, no estaba fascinado con Internet. «Es una distracción. No es real. Está en algún lugar en el aire», decía. Y enfatizaba la centralidad de las bibliotecas para el aprendizaje y la auto-educación: «Yo leí todo en la biblioteca. Todo. Sacaba como 10 libros por semana, unos centenares de libros por año. Literatura, poesía, teatro; todos los grandes cuentos cortos… ¡todos! Me recibí de la biblioteca cuando tenía 28 años. Allí me eduqué. No en la universidad».

Danny Karapetian, nieto del escritor, aseguró que el legado de Bradbury «vivirá en su monumental corpus de libros, películas y teatro, pero más importante aún: en la mente y en los corazones de quienes lo leyeron. Era el niño más grande que he conocido».

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