Moscas secuestradoras de cuerpos

Se suponía que el montón de abejas muertas había de convertirse en comida para una santateresa recién capturada. John Hafernik, profesor de biología en la Universidad estatal de San Francisco, había recogido unas abejas (Apis mellifera) muertas del suelo, bajo unas farolas del campus universitario. Las dejó en un frasco sobre la mesa y se olvidó de ellas. Pronto tuvo una sorpresa. «La siguiente vez que miré el frasco, los cadáveres se encontraban rodeados por numerosas crisálidas de mosca.» Una mosca (Apocephalus borealis) había puesto sus huevos en las abejas, empleando su cuerpo como hogar para sus larvas en desarrollo. El montón de abejas muertas terminó revelando un nuevo sospechoso, desconocido hasta el momento, del síndrome de despoblamiento de las colmenas, una afección misteriosa que durante varios años ha estado causando una reducción en las poblaciones de abejas melíferas, necesarias para la polinización de numerosos cultivos importantes [véase «Salvar la abeja melífera», de Diana Cox-Foster y D. van Engelsdorp; Investigación y Ciencia, junio de 2009 y «La silenciosa pandemia de las abejas», de Aránzazu Meana, R. Martín Hernández y Mariano Higes; Investigación y Ciencia, octubre de 2009]. Al parecer, las moscas parásitas que habían atacado a las abejas de Hafernik se estuvieron apoderando también de los cuerpos de abejas melíferas en otras partes del país. En enero, la revista PLoS ONE publicaba en línea una descripción detallada de este fenómeno.
Hafernik sospecha que ese ataque de la mosca (que también parasita a abejorros y avispas papeleras) a las abejas melíferas sería un fenómeno reciente. «Estas abejas son uno de los insectos mejor estudiados del mundo. Si la mosca hubiera sido desde hace tiempo uno de sus parásitos nos habríamos dado cuenta.»
La mosca deposita sus huevos en el abdomen de una abeja. Varios días después, la abeja parasitada abandona el nido (a menudo de noche) en una misión solitaria a ninguna parte. Estas abejas suelen volar hacia la luz y serpentean incapaces de controlar su propio cuerpo. Una vez la abeja muere, hasta trece larvas de mosca se abren paso desde su cuello.
Miembros del equipo de Hafernik encontraron indicios de la mosca en el 77 por ciento de las colmenas que analizaron en el Área de la Bahía de San Francisco, así como en algunas colmenas del agrícola Valle Central de California y en Dakota del Sur. Investigaciones previas habían encontrado pruebas de que ácaros, un virus o un hongo, o una combinación de estos factores, podrían ser responsables del extenso despoblamiento de las colmenas. En el caso de las colmenas afectadas estudiadas por el grupo de Hafernik, las abejas (y las moscas parásitas y sus larvas) contenían trazas genéticas de un parásito y un virus previamente implicados en el síndrome. Esta doble infección sugiere que las moscas pueden estar dispersando características adicionales de debilitamiento de las colmenas.

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