Monseñor Carmelo Juan Giaquinta – “VENCE AL MAL CON

“VENCE AL MAL CON EL BIEN”

Apuntes de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el Encuentro del Proyecto Setenta Veces Siete, el 9 de abril de 2011.

I. SHAHBAZ BHATTI: VÍCTIMA DEL ODIO, APÓSTOL DE LA CONCORDIA

1. El 2 de marzo fue asesinado Shahbaz Bhatti, ministro de Minorías Religiosas, único miembro cristiano del gabinete de Pakistán[1]. Pocos días después, el domingo 6 de marzo, el Papa Benedicto XVI, antes del rezo del Angelus, desde la ventana de su habitación, dijo al pueblo reunido en la Plaza San Pedro: “Pido al Señor Jesús que el conmovedor sacrificio de la vida del ministro pakistaní Shahbaz Bhatti despierte en las conciencias la valentía y el compromiso de tutelar la libertad religiosa de todos los hombres y, de esta forma, promover su igual dignidad”[2].

2. ¿Quién es Shabhaz Bhatti? Es poco lo que yo conozco de él. O tal vez mucho. Pues tenemos su testamento espiritual. A través del mismo podemos entrar en lo más hondo de su ser. Vale la pena escucharlo y meditarlo. Dice así:

«Yo quiero servir a Jesús. Me han propuesto altos cargos de gobierno y se me pidió que abandone mi batalla, pero yo siempre lo rechacé, aun poniendo en peligro mi vida. Mi respuesta siempre fue la misma: ‘No, yo quiero servir a Jesús como un hombre normal’. Este amor me hace feliz. No quiero popularidad, no quiero posiciones de poder. Sólo quiero un lugar a los pies de Jesús. Quiero que mi vida, mi carácter, mis acciones hablen por mí y digan que estoy siguiendo a Jesucristo. Este deseo es tan fuerte en mí que consideraría un privilegio el que, en este esfuerzo y en esta batalla por ayudar a los necesitados, a los pobres, a los cristianos perseguidos de Pakistán, Jesús quisiera aceptar el sacrificio de mi vida. Quiero vivir por Cristo y quiero morir por él. No siento miedo alguno en este país. Muchas veces los extremistas trataron de asesinarme o de encarcelarme; me amenazaron, me persiguieron y aterrorizaron a mi familia. Los extremistas, hace unos años, pidieron incluso a mis padres, a mi madre y a mi padre, que me convencieran para que no continúe con mi misión de ayuda a los cristianos y los necesitados, pues de lo contrario me perderían. Pero mi padre siempre me alentó. Yo digo que, mientras viva, hasta el último aliento, seguiré sirviendo a Jesús y a esta humanidad pobre, que sufre, a los cristianos, a los necesitados, a los pobres. Quiero decir que me inspira mucho la Sagrada Biblia y la vida de Jesucristo. Cuanto más leo el Nuevo Testamento, los versículos de la Biblia y la palabra del Señor, más se reafirman mi fuerza y mi determinación. Cuando reflexiono en el hecho de que Jesucristo lo sacrificó todo, que Dios envió a su mismo Hijo para redimirnos y salvarnos, me pregunto cómo puedo seguir el camino del Calvario. Nuestro Señor dijo: «Ven conmigo, carga tu cruz, y sígueme». Los pasajes que más me gustan de la Biblia dicen: «Tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; era forastero, y me recibiste; estaba desnudo, y me vestiste; enfermo, y me visitaste; en la cárcel, y viniste a verme». De este modo, cuando veo a personas pobres y necesitadas, pienso que detrás de sus rasgos se encuentra Jesús, que me sale al paso. Por este motivo, siempre trato de ayudar, junto con mis colegas, para llevar asistencia a los necesitados, a los que tienen hambre y sed”[3].

3. A una semana de comenzar la Semana Santa , el testamento de Shahbaz Bhatti nos evoca una de las últimas palabras de Jesús en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). La escuchamos en la lectura de la Pasión el Domingo de Ramos del año pasado.

Nos evoca también la última frase pronunciada por San Esteban, el primer cristiano que murió apedreado, y, a imagen de su Maestro, al expirar dijo: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado” (Hch 7,60).

4. El testamento de Shahbaz Bhatti y, sobre todo, su martirio, es la concreción de la enseñanza de Jesús en el Sermón de la Montaña , que hemos escuchado en los primeros domingos de este año: “Ustedes han oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos de vuestro Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5,43-45; domingo VII).

5. En estos inicios del tercer milenio, el testamento y el martirio de Shabhaz Bhatti es, también, la concreción de la exhortación de San Pablo a los cristianos de Roma cuando era inminente la persecución de Nerón: “Bendigan a los que los persiguen y no maldigan nunca…. No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres… No hagan justicia por sus propias manos, antes bien den lugar a la ira de Dios. Porque está escrito: ‘Yo castigaré. Yo daré la retribución, dice el Señor. Y en otra parte está escrito: ‘Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza’ No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien” (Rom 12,14.17-21).

6. En Shahbaz Bhatti se conjugan armoniosamente la figura del cristiano que sigue a Jesús hasta el sacrificio de su vida por el Evangelio, y el hombre público que, desde su profesión y misión en la sociedad, en profunda sintonía con su fe, sale en defensa de los pobres, de las víctimas de la injusticia, de los indefensos, en particular de los más inválidos de todos, que son los perseguidos por sus convicciones religiosas[4].

7. Es notable cómo en el asesinato de Shahbaz Bhatti ha jugado un triste papel el odio religioso. En este caso, acicateado por la ley antiblasfemia de Pakistán que, en este mismo momento, tiene como víctima a Asia Bibi, una cristiana sentenciada a muerte acusada de blasfemar contra Mahoma[5]. Ley indigna de Pakistán, porque es totalmente arbitraria, no ya por defender el honor del Profeta, sino porque fomenta toda clase de arbitrariedades entre privados, incluido el asesinato[6][i].

II. El odio religioso

8. El odio religioso no se da necesariamente en el plano institucional, entre religión y religión. Ni tampoco en el plano doctrinal. El odio radica fundamentalmente en el corazón. Brota de una falsa percepción del otro que lleva a verlo como un enemigo a vencer. Por el motivo que fuere. Por no conocerlo suficientemente. Por no escucharlo debidamente. Por advertir un yerro en el otro, verdadero o supuesto, e identificarlo con él; a partir de entonces el otro queda encapsulado dentro de ese yerro, y debe ser exterminado. Por estar satisfecho en la propia posición y negarse a entablar un diálogo con el otro. Por lo que fuere.

II/A. EL ODIO EN LA PASIÓN DE CRISTO

9. Casi en vísperas de la Semana Santa , imposible no meditar sobre el papel que el odio religioso jugó en la Pasión de Jesús.

Entre Jesús y los sumos sacerdotes judíos, lo mismo que entre él y los ancianos del pueblo, o entre él y los escribas y fariseos, no había dos religiones enfrentadas. Él era tan judío como ellos. Como ellos frecuentaba el templo y la sinagoga. Como ellos leía las mismas Escrituras. Con ellos rezaba y cantaba los mismos salmos.

La novedad radicaba en que Jesús aportaba lo prometido y largamente esperado: “Van a llegar días –oráculo de Yahvé- en que yo pactaré con la Casa de Israel una Nueva Alianza…” (Jer 31,31). Pero ellos, instalados en sus tradiciones e interpretaciones, en vez de salir al encuentro del Prometido, lo sospecharon, lo negaron, lo condenaron, y lo entregaron para que lo crucificaran.

10. San Mateo, que es el Evangelio que se lee en la Iglesia este año, muestra el largo camino de rechazo a Jesús, prácticamente desde el primer día en que los jefes de los judíos oyen hablar de él. Se manifiesta ya en la indiferencia de los escribas ante la búsqueda de los magos venidos de Oriente. Saben dónde ha de nacer el Mesías, pero no dan un paso para ir a conocerlo (cf Mt 2,4-5). Hay capítulos del Evangelio según Mateo que son especialmente significativos a este respecto. Las manifestaciones más importantes de este rechazo son:

– la acusación de blasfemo porque Jesús perdona los pecados (cf Mt 9,3);

– el permanente control sobre Jesús y sus discípulos para ver si infringen las tradiciones de los antepasados a) si comen con los pecadores (cf Mt 9,9-13); b) si hacen el menor movimiento que pudiere parecer un trabajo en sábado, como arrancar unas espigas y comerlas (cf Mt 12,1-8); c) si se lavan o no las manos antes de comer (cf Mt 15,1-14);

– la decisión de acabar con él porque cura en sábado (Mt 12,9-14);

– la interpretación de que Jesús «expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios» (cf Mt 9,34 y 12,24). Conviene leer este último pasaje, porque muestra la demencia en que puede caer el corazón que odia, pues dice que Jesús expulsa a los demonios porque está poseído por Belzebul, el principal de todos ellos:

“Entonces, le llevaron a un endemoniado ciego y mudo, y Jesús lo curó, devolviéndole el habla y la vista. La multitud, asombrada, decía: «¿No será este el Hijo de David?». Los fariseos, oyendo esto, dijeron: «Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios»” (12, 22-24);

– la pretensión de que Jesús les muestre una señal, a pesar de todos los milagros ya realizados (cf Mt 12,38);

– la actitud constante de ponerle acechanzas (cf Mt 19,1-3);

– el acallar las voces de simpatía del pueblo (cf Mt 21, 15-16);

– el intento de apresarlo (cf Mt 21,46);

– la decisión de terminar con él (Mt 26,3-5)

– el pacto con Judas Iscariote (cf Mt 26,14-15);

– el juzgamiento y la condena a muerte:

“Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte; pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos que declararon: «Este hombre dijo: «Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días»».

El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?». Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: «Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo». Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?». Ellos respondieron: «Merece la muerte» (Mt 26,59-66);

– la entrega de Jesús a Pilato, el gobernador romano: «Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron” (Mt 27,1-2);

-la burla a Jesús agonizante en la cruz: “Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!». De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: «Yo soy Hijo de Dios» (Mt 27,39-43).

II/B. EL ODIO AL PUEBLO JUDÍO

11. Más difícil e intrincado de rastrear en la historia es el camino seguido por los cristianos hasta atribuir a todo el pueblo judío lo que fue decisión de sus jefes, y a calificarlo como “deicida”, o “pueblo que mató a Dios”. Y ello a pesar de que en la liturgia católica recordemos repetidas veces a “Abraham, nuestro padre en la fe”. Y en el Nuevo Testamento leemos que los judíos, “desde el punto de vista de la elección divina, son amados en atención a sus padres. Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables” (Rm 11,28-29). Y allí mismo leemos que los cristianos somos “un olivo silvestre… injertado en el olivo bueno” (Rom 11,24).

La Shoa, que pesa sobre la conciencia de Occidente, habría sido imposible si el pueblo alemán, y los cristianos en general, siendo fieles a nuestra más auténtica tradición, hubiésemos visto siempre a los judíos como a nuestros hermanos mayores, y no hubiésemos sucumbido al prejuicio antisemita. Todavía hay cristianos que no conocen lo enseñado por el Concilio Vaticano en 1965: “Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras. Por consiguiente, procuren todos no enseñar nada que no esté conforme con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicación de la Palabra de Dios” (Nostra aetate 4).

III. EL ODIO ENTRE LOS ARGENTINOS

12. En la Argentina no existe el odio entre religiones. ¿Ello autoriza a decir que no existe el odio religioso?

Me animo a decir que, en su raíz, todo odio es religioso. ¿En qué sentido? Previo a la profesión de una religión concreta, en todo ser humano hay algo sagrado: su dignidad, que le es conferida desde el primer momento de su existencia. Y, consecuentemente, en todo hombre se da una tendencia innata a venerar esa dignidad. Es una especie de pre-religión. Constituye la base de todo diálogo humano. Es la piedra fundamental de toda ley y convivencia democrática. Por criminal que fuere una persona, su dignidad supera infinitamente su crimen. Y merece respeto, aun cuando haya que castigarla y ponerla en la cárcel. Incluso, donde todavía rige la pena de muerte, pues ésta no despoja al reo de su dignidad. De allí que el desprecio a la dignidad humana, cualquiera sea su forma (física, moral, judicial, etc,), bien puede ser calificado de odio religioso.

De allí, también, la facilidad con que este odio tiende a teñirse de motivos religiosos más específicos. Incluso, abiertamente antirreligiosos. ¿Por qué el comunismo es militantemente ateo? ¿Por qué el laicismo de Occidente está derivando hacia una abierta cristianofobia?

13. ¿Existen odios entre los argentinos? Permitan que conteste la pregunta resumiendo mi experiencia vital en pocos trazos, que serán necesariamente un tanto burdos.

En la década del 30, en la escuela primaria, en vez de jugar a “el vigilante y el ladrón”, jugábamos a matarnos entre unitarios y federales. Poco después, durante la segunda guerra mundial, proseguíamos nuestra guerra infantil alistándonos con los aliados o con el Eje: “les bajamos tantos aviones; les hundimos tantas fragatas”; “andá, ustedes los tanos son unos c., que rajan ante los abisinios”; etc. Reflejábamos sólo odios ajenos y lejanos. Pero nuestro corazón se predisponía a odiarnos cuando fuésemos grandes.

14. “Perón o Braden” fue la bandera que nos entusiasmó en 1945. ¡Qué grandes nos sentíamos al desafiar al nuevo Imperio americano, que surgía desplazando al británico! ¿Ese desafío nos unió a los argentinos? De hecho, nos aisló del mundo. Cuando en octubre de 1949 llegué a Roma para concluir mis estudios, me sorprendí al constatar que nadie recibía nuestra moneda. Y que los argentinos merecíamos poca atención en los medios, a pesar de la migración todavía en marcha hacia la Argentina.

El aislamiento exterior acrecentó entre nosotros la división interna, que tomó el color de “peronismo-antiperonismo”. Recuerdo el dolor del cónsul argentino en Paris, cuando en 1954 fui a actualizar mi pasaporte: “Padre, le suplico, no lea esos diarios. Son una vergüenza. Yo no tengo más remedio que exponerlos. Pero no los lea”.

15. Las consecuencias de nuestro enfrentamiento interior y aislamiento exterior fueron funestas. Existe una muy visible, que no queremos reconocer: el estancamiento, e incluso la involución de la Argentina. Por esa misma fecha, mientras el Japón, vencido y destrozado por dos bombas atómicas, trataba con dignidad con el vencedor y comenzaba su reconstrucción hasta transformarse nuevamente en una gran potencia, la Argentina , hasta entonces faro de esperanza para los pueblos hambrientos de Europa, promesa de una Nación de veras grande, al apostar a ser arrogante, comenzó a sufrir un proceso de raquitismo y enanismo que la ha llevado a la actual insignificancia internacional, incluso dentro de América Latina, y a la división interna que nos carcome.

16. Nuestra Presidenta, en una ocasión, manifestó su admiración por Alemania, y su deseo de que la Argentina se le parezca. Conviene recordar que, en 1945, Alemania estaba militarmente vencida, ocupada por los ejércitos aliados, moralmente humillada por el nazismo, destruidas sus ciudades a ras del suelo, diezmada su población masculina, desmantelada su industria, recortada y desmembrada su geografía, obligada a recibir a millones de prófugos de los países de Este. Ante esta situación de desastre, el Canciller Adenauer instauró una política realista, llena de dignidad con los vencedores, y de concordia nacional hacia el interior, que la hizo resurgir. Este fue el secreto del milagro alemán. Incluso, con paciencia, se logró lo que se creía imposible: unir a las dos Alemanias. Esta es la Alemania que la Presidenta añora. ¿ La Argentina tiene una política interna y externa semejante?

Tengo la impresión de que la Argentina se hubiese quedado empantanada en 1945: aislamiento internacional y fragmentación interna. Con la salvedad de que el deterioro nunca se detiene. Si no se interviene a tiempo y con inteligencia, como en Japón y en Alemania, el deterioro siempre va para peor.

17. Los años que siguieron a 1945 mostraron el empeoramiento. Los militares que, en 1955, acabaron con la tiranía del segundo Perón, se desdijeron de la lúcida proclama del Gral. Lonardi, “Ni vencedores ni vencidos”, y desde entonces sembraron el más rancio antiperonismo, que favoreció la resistencia peronista, y de rebote fomentó la guerrilla revolucionaria, con el ERP, los Montoneros, y la contra-réplica de la Triple A. Todo ello derivó en la más inimaginable y atroz dictadura, que floreció horrenda en 1976 y se agotó en 1983. En todo ello jugaba, por cierto, el contexto internacional: a) el maccarthysmo americano, que desembocó en la doctrina y practicas de la seguridad nacional; b) el liberacionismo de los países del tercer mundo, que la Unión Soviética supo alentar por el único camino que conocía: la revolución armada. En medio de tales desvaríos y atrocidades, los militares, con la simpatía de muchísimos civiles de todos los partidos y condiciones sociales, se embarcaron en dos aventuras internacionales dementes: una guerra con Chile, que detuvo a último momento la intervención del Papa Juan Pablo II, gracias a la insistencia obstinada del Cardenal Primatesta; y la desastrosa guerra del Atlántico Sur. Muchas lágrimas de aquella época todavía esperan ser enjugadas.

18. Desde diciembre de 1983 gozamos de democracia. A los tumbos. Con dos gobiernos radicales que no supimos defender para que terminasen su mandato. Con dos períodos peronistas la mar de contradictorios: Menem y Kirchner. Con cientos, miles – ¿decenas de miles? – de argentinos que han hecho la experiencia del piquete. Una especie de milicia popular caótica. ¿Entendemos la hipoteca que significa para el futuro argentino una multitud de adolescentes que han hecho la experiencia de taparse la cara, tirar piedras, romper una vidriera, hacer retroceder a la policía?

Los militares quedarán en la historia como los responsables del surgimiento del ERP, Montoneros, Triple A, etc., y de toda la sangre que se derramó en los 70. ¿De qué violencias, quizá incontrolables mañana, seremos responsables nosotros – autoridades y ciudadanos – que hoy toleramos o instigamos el piquete, las barras bravas, el paro general injustificado, la permanente crispación política, la burla las leyes y de la independencia de los poderes del Estado, etc.?

IV. LOS CRISTIANOS Y EL ODIO ENTRE LOS ARGENTINOS

19. Supuesto que existen odios entre los argentinos, y que todo odio es radicalmente “religioso”, formulo una pregunta, aunque a primera vista parezca absurda: ¿los cristianos nos hemos hecho cómplices de este odio instigándolo o alimentándolo con razones seudo religiosas?

No podemos negar que en los años 40, en el mundo católico, incluidos los eclesiásticos, hubo una gran simpatía hacia el Estado social-católico, que parecía encarnar Perón, a imagen del Estado español conducido por Franco, intolerante con la democracia. En algunos ambientes católicos, se condenaba sotto voce al Papa Pío XII por su radiomensaje de Navidad de 1944 sobre la democracia.

Luego, en la década del 60, la desilusión provocada por los militares, que pretendían erradicar de cuajo al peronismo, fue llevando a no pocos cristianos, especialmente a jóvenes universitarios, hacia ideologías de izquierda, inspiradas en el marxismo, y a optar por la violencia armada como medio inevitable para la liberación nacional. Los Montoneros tuvieron una fuerte raíz católica. Ciertos cuadros fueron provistos por desertores de la Acción Católica , incluso con el apoyo de algunos de sus asesores.

Por otra parte, es innegable que sectores importantes de las Fuerzas armadas se propusieron combatir al comunismo como si fuese el anticristo. Y a tal fin no dudaron en escudarse en pretextos religiosos. No pocas veces se erigieron en veedores de la ortodoxia del clero, ante la aparente ineficacia del control episcopal. Así surgió el proyecto, que no cuajó, de que la Dirección del Culto Católico, del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, pasase bajo la órbita del Ministerio del Interior, para domesticar más fácilmente a los curas díscolos.

20. Recordando gestos y documentos de la época, advierto que de un lado y de otro se miraba la realidad socio-política argentina como quien la ve desde el agujero de una cerradura. Desde allí algo ínfimo de la realidad se puede ver, pero sin su contexto. Por tanto, totalmente deformada. Y desde esa deformación visual, unos y otros actuaban. Y no pocas veces justificando su accionar en razones seudo-religiosas. “La defensa del mundo occidental y cristiano”, decían unos. “El Reino de Dios hoy pasa por el PJ”, decían otros. Y así actuaban. Era un pecado condolerse por el asesinato del Gral. Aramburu. Y era un acto patriótico desaparecer a quienquiera, torturarlo, matarlo, por la sospecha de que estar vinculado de alguna manera con un supuesto guerrillero.

21. No podemos etiquetar la época del 60-70 como de “persecución religiosa”, porque la razón política primaba sobre el “odium fidei”. Sin embargo, cuántos inocentes, incluso personas de santidad probada, perecieron por el odio. No es improbable que entre ellos haya auténticos mártires. Pienso en el P. Mauricio Silva, de los Hermanitos del Evangelio, barrendero en las calles de Buenos Aires. Bastaba dar catequesis en una villa para ser sospechado de marxista, ser chupado y desaparecer para siempre.

Una verdadera lástima que la Iglesia no haya documentado mejor esas desapariciones y muertes. Al pensar en ellas, me vienen a la mente las palabras de Jesús: “Llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios” (Jn 16,2).

V. CAMINO PARA SUPERAR EL ODIO ENTRE LOS ARGENTINOS

22. Hemos comenzado esta reflexión con la figura de Shabhaz Bahtti. Fe ardiente y responsabilidad ciudadana: es el camino de dos carriles que él transitó para superar los odios en Pakistán, que, sin duda, será muy largo. Es el camino que también hemos de transitar los cristianos en la Argentina para que ésta logre ser una Patria de hermanos.

23. Primer carril: profundizar en la comprensión del Evangelio del perdón y la reconciliación. Pero no sólo con la mente, sino con el corazón. Y, por tanto, con la oración. No podemos darla por supuesto. Hemos de cultivarla asiduamente. La liturgia de la Iglesia ofrece múltiples formularios de oración por la reconciliación. Si bien a los pastores nos cabe una especial responsabilidad en este campo, sería muy conveniente que los fieles laicos propusiesen especiales iniciativas al respecto.

La oración por la reconciliación conviene que sea acompañada por gestos posibles y sinceros de reconciliación. Este encuentro que Uds. promueven está en esa línea. Pero las posibilidades para tales gestos son innúmeras. Basta dejar actuar al corazón.

24. Segundo carril: acrecentar la responsabilidad ciudadana en pos de la reconciliación de los argentinos. El campo es muy vasto. Y aquí a Uds., los fieles laicos y hombres todos de buena voluntad, les cabe sin duda la primera responsabilidad. Me permito sugerir algunas tareas que me parecen fundamentales:

1º) procurar la verdad histórica de todo lo vivido en su integridad; y, por tanto, evitar sesgar la realidad. Y a tal fin, supervisar la historia que se enseña a nuestros hijos en las escuelas, colegios secundarios y universidades. Los alemanes y franceses nos dan el ejemplo. Ayer tan enemigos, hoy se han puesto de acuerdo para redactar juntos los manuales escolares de historia, y así evitar que estos nutran un nuevo nacionalismo exacerbado en sus pueblos;

2º) promover la autocrítica sincera de todos los sectores de la sociedad argentina, en la responsabilidad que les cupo en los hechos del pasado. En particular, en el peronismo, porque: a) con sus varias y disímiles vertientes, es el sector mayoritario de la población y está presente en todos los estratos e instituciones de la sociedad; b) ha sido un protagonista decisivo de aquellos hechos tan contradictorios (Héctor Cámpora, la matanza de Ezeiza, los Montoneros, López Rega y la Triple A , Isabel Perón, la patria sindical enfrentada a la patria socialista, el nombramiento de los jefes militares que dieron el golpe del 24 de marzo de 1976 y conformaron la Junta de la dictadura, etc.). Toda autocrítica es delicada, pero ésta lo es muy especialmente. Y ello porque al peronismo le falta entrenamiento al respecto, y no ha probado lo saludable que le resultaría la autocrítica al mismo movimiento-partido y a la sociedad argentina;

3º) estar atentos a cómo se lleva a cabo el proceso judicial de todo lo actuado en los 70, sea por los militares, guerrilleros y sus cómplices, de modo que todo sea conforme a la verdad y a la justicia, en el cumplimiento de las leyes nacionales e internacionales, y sobre todo en el respeto de los derechos humanos, incluso de los que fueren reos de crímenes de lesa humanidad. Que mañana los argentinos no debamos avergonzarnos peor que los norteamericanos hoy por Abu Ghraib y Guantánamo.

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[1] Cf. La Nación , 3 de marzo 2011, pg. 5, col. 1.

[2] Cf. L´Ossservatore Romano, ed. española, 2011, nº 11, p.11.

[3] Cf. A.I.C.A.,16-03-11, pp. 300-301: Testamento espiritual del ministro asesinado.

[4] Sobre el clima de intolerancia creciente en Pakistán hacia las minorías religiosas, puede verse: A.I.C.A., 2-2-11, p. 48: asesinato de Salmaan Taseer, gobernador pakistaní de Punjab; 9-2-11, p.82: Arzobispo paquistaní pide a los fieles que se cuiden; 16-2-11, p. 132: “Quemaron imágenes del Papa y del ministro Bhatti; 23-2-11: Joven cristiano asesinado por un musulmán en Pakistán; 16-03-11: Asesinan a un ministro católico en Pakistán, pp.297-303.

[5] Lahore (Agencia Fides) – La familia de Asia Bibi, los abogados y las organizaciones cristianas que la están protegiendo esperan con temor la fecha de la primera audiencia ante el Tribunal Superior de Lahore, donde se presentó el recurso para su causa, dicen a Fides fuentes cercanas a la familia. Las mismas fuentes informan que la familia de Asia ha sido trasladada a Lahore por motivos de seguridad, y especifican la composición de la misma – vistas las informaciones contradictorias que circulan en los medios de comunicación. Asia Bibi tiene 37 años, es cristiana protestante y está casada con Ashiq Masih. El matrimonio tiene cuatro hijos: tres niñas (Sidra 18 años; Esha de 12 años, que es discapacitada; Eshum 10 años) y un niño. Vivía en el barrio «Chak 3» en el pueblo de Ittanwali, no muy lejos de la ciudad de Nankhana Sahib, al este de Lahore, provincia de Punjab. En el asentamiento Chak 3 sólo viven tres familias cristianas; en total, en el pueblo de Ittanwali, viven unas 100 familias cristianas y 1.200 familias musulmanas. Nankhana Sahib es una de las pocas ciudades de Pakistán con una gran mayoría cristiana: viven más de 5.000 familias cristianas. (PA) (Agencia Fides 18/11/2010). (Ver al final, Apéndice II).

[6] Ver al final Apéndice I.

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APÉNDICE I

ENTREVISTA A SHAHERYAR GILL

Esta entrevista ha sido realizada por Mark Riedemann para «Dios llora en la Tierra «, un programa semanal radiotelevisivo producido por la Catholic Radio and Television Network en colaboración con la organización católica Ayuda a la Iglesia Necesitada.

[i] –¿Puede hablarnos sobre usted? ¿Usted nació y creció en Pakistán?

–Gill: Sí, nací en una familia cristiana. Me crié en Pakistán. Fui a una facultad de derecho cristiana en Corea y luego en Estados Unidos. Y ahora trabajo con el American Center for Law and Justice como consejero asociado en Virginia.

–¿Cómo llegó a usted a este tipo de trabajo?

Gill: Solía trabajar con una organización de derechos humanos en Pakistán antes de ir a la facultad de derecho, y nuestra organización daba asistencia legal a las minorías perseguidas de Pakistán, especialmente a los cristianos. Durante mi trabajo en aquella organización vi a un montón de gente en Pakistán que era perseguida por su religión y discriminada por sus creencias. Así que comencé a desarrollar el interés en el derecho y un día decidí ir a una facultad de derecho.

–¿Puede decirme de qué clase de discriminación estamos hablando?

Gill: Sí, en Pakistán la gente es perseguida por su religión. Muchas personas son objetivo de las conocidas «leyes de la blasfemia» que fueron promulgadas en 1986 por un dictador militar, el general Zia ul-Haq, y bajo estas leyes mucha gente ha sido perseguida en las últimas dos décadas.

–¿Qué significa «ley de la blasfemia»? ¿De qué estamos hablando en la práctica?

Gill: Básicamente, de si alguien dice cualquier cosa despectiva sobre el Islam puede ser procesada. La más conocida de estas leyes es la Sección 295 C del Código Penal Paquistaní, que establece que: Cualquiera que, de palabra, sea hablada, escrita o por una presentación visible, profane el nombre sagrado de Mahoma será castigado con la muerte. Otras secciones del código penal prohíben la profanación del Corán y de los lugares religiosos, e incluso el decir palabras despectivas sobre personalidades religiosas.

–Usted afirma que esto afecta tanto a cristianos como a musulmanes. ¿Cómo puede afectar esto a un musulmán?

–Gill: No importa si una persona es cristiano o musulmán; una vez que dice cualquier cosa despectiva sobre el islam, cualquiera que lo escuche puede ir a la comisaría de policía y presentar una queja de blasfemia contra a ella. Pero hay que recordar que estas leyes no son utilizadas sólo contra una supuesta blasfemia sino también para disputas personales entre dos personas. Por ejemplo, alguien decide darle a otro una lección, y así va a una comisaría y presenta cargos contra el otro. Estas leyes se utilizan para fines personales.

–¿Podría ponernos un caso de cómo se reivindican las leyes de blasfemia?

–Gill: Hubo un ataque a una aldea en Kasur por una multitud de cientos de musulmanes contra una aldea cristiana de 135 familias. La chispa que hizo estallar la violencia fue una acusación de blasfemia. Había una disputa entre un cristiano y un musulmán. El cristiano estaba conduciendo su tractor y se le cruzó una moto en la carretera. Pidió al propietario de la moto que por favor la moviera para que pudiera pasar. El propietario le dijo al cristiano del tractor: ¿Cómo podía un «chuhra» decirle lo que tenía que hacer? Un «chuhra» es un término despectivo para los cristianos. Sobre esto tuvieron una pequeña disputa. Algunas personas intervinieron para parar la lucha y todos se fueron a casa. Unas horas después una familia musulmana reunió a otras y atacaron y golpearon a la familia cristiana. Al día siguiente anunciaron en la mezquita que un cristiano había profanado el Corán. Una turba se reunió y atacó a las 135 familias de aquella aldea sólo por una pequeña disputa entre dos personas.

–¿Así que es algo que se politiza con facilidad?

–Gill: Absolutamente. Se puede politizar con facilidad. Los musulmanes en Pakistán son intolerantes ante cualquier blasfemia contra el islam. Tenemos que recordar que estos incidentes pueden no ser, como he dicho antes, blasfemia, sino disputas personales. Así que la gente tiene que comprender que, al menos, deberían primero investigar lo que ha ocurrido y sacar todos estos conflictos personales ante un tribunal de justicia en vez de utilizar la ley de la blasfemia por motivos personales.

–Usted ha mencionado antes la palabra «chuhra», un término despectivo para los cristianos. ¿Cómo son, en general, las relaciones entre cristianos y musulmanes en Pakistán?

–Gill: En general solemos convivir bien. A los cristianos se les permite ir a las iglesias y tener sus servicios religiosos, pero en cuanto hay un conflicto sobre la religión misma y si hay una discusión o algo que vaya más allá – si hay una disputa personal – es muy fácil utilizar la ley. Todo lo que hay que hacer es ir a una comisaría de policía para presentar una queja. Si usted tiene un pequeño conflicto conmigo, yo (como musulmán) no voy a la comisaría porque la pena si acaso será una multa. En cambio si presento una denuncia de blasfemia contra ti, se puede arruinar toda tu vida. Pueden destrozar tu propiedad. Puedes pasarte la vida en la cárcel.

–¿Cuál es el castigo típico para la blasfemia?

–Gill: Hay castigos diversos dependiendo de las violaciones basadas en el código penal bajo la sección de blasfemia. El castigo más duro es la pena de muerte si has dicho algo contra el profeta islámico.

–¿Se ha aplicado alguna vez?

–Gill: Nunca se ha aplicado, pero ha habido gente que ha sido sentenciada a muerte. Originariamente ha sido cadena perpetua, o muerte. En 1991 el Tribunal Federal de la Sharia , que es un tribunal islámico, afirmó que la sentencia de muerte no era un castigo apropiado y que la muerte sólo es un castigo adecuado para la blasfemia contra el nombre del profeta.

–Hemos hablado un poco sobre las leyes de la blasfemia. ¿A qué otro tipo de discriminación se enfrentan los cristianos en Pakistán?

–Gill: Mencioné el término «chuhra». Todo cristiano en su vida ha tenido que sufrir al ver cómo sus vecinos musulmanes, sus amigos u otros le llaman con ese término despectivo. Los cristianos son vistos como ciudadanos de segunda clase. Incluso la constitución hace a los cristianos, o a las minorías, ciudadanos de segunda clase porque uno de sus artículos afirma que el presidente no puede ser un no musulmán. Como cristiano yo no puedo presentarme como candidato a presidente, así que automáticamente por la constitución te conviertes en un ciudadano de segunda clase. La constitución concede derechos fundamentales: libertad de expresión, libertad de religión, pero estas libertades están sujetas a restricciones. El artículo 19 de la constitución, por ejemplo, concede la libertad de expresión, pero está sometida a «restricciones razonables» como la «gloria del islam» o el orden público. Desde 1986, cuando se promulgó la ley originaria de la blasfemia, sección 295 C , hasta el 2009, ha habido más de 900 casos de denuncia por blasfemia. En lugar de prohibir o restringir los incidentes de blasfemia, estas leyes han aumentado los casos de blasfemia. La mayoría de estos casos se han presentado bajo alegaciones falsas. Ahora, una falsa alegación es una blasfemia. Así que estas leyes que se suponen que protegen la gloria del islam han violado básicamente la gloria o santidad de dicha religión cuando la gente presenta acusaciones falsas contra otros.

–¿Se ha encontrado usted personalmente con este tipo de discriminaciones?

–Gill: No ante casos de persecución, pero sí de discriminación. Mis amigos musulmanes me llamaban el «chuhra». Es un término histórico que hacía referencia a los hindúes convertidos al cristianismo durante el mandato británico en el subcontinente. La mayoría de estos convertidos eran intocables y los hindúes no los trataban bien. Se importó este término para los cristianos y quiere decir que los cristianos son ciudadanos de una casta baja.

–Es interesante que mencione esto porque en 1947, cuando se creó Pakistán, se creó como el «hogar de los puros», pero al mismo tiempo el primer presidente estableció que los cristianos debían ser libres de acudir a sus iglesias para rezar. ¿Pueden los cristianos vivir su fe abiertamente? ¿Pueden expresar su fe?

–Gill: Puedo decir a la gente que soy cristiano pero no puedo tratar de que alguien se convierta al cristianismo, especialmente si es musulmán. No tenemos leyes contra la conversión en Pakistán, pero la sociedad en general no toleraría que una persona se convirtiera.

–¿Qué ocurriría si se descubriera que usted como cristiano está intentando lograr conversiones? ¿Y qué le ocurriría a un musulmán?

–Gill: Ha habido casos en el pasado, si recuerdo bien, en que otros ciudadanos han asesinado a gente o la han atacado por convertirse al cristianismo.

–¿Ha recibido casos legales en el American Center for Law and Justice de musulmanes convertidos al cristianismo para pedir asesoramiento y apoyo legal?

–Gill: No a mí personalmente, pero tenemos casos. Cuando trabajaba en Pakistán, teníamos casos de blasfemia en los que representábamos a la gente. En mi trabajo con el American Center for Law and Justice, básicamente proporcionamos asistencia legal a las minorías cristianas en Pakistán. Tenemos el caso en Pakistán del hijo de un pastor que fue acusado por la policía local de cometer un robo. Se arrestó a algunas personas. La policía liberó a todos los demás – todos musulmanes – excepto al hijo del pastor. Fue torturado y le rompieron la columna vertebral. Representamos a este joven. No puede caminar. Es una situación terrible. La policía le amenazó con la muerte si presentaba cargos contra ellos ante un juez. Tratamos continuamente con este tipo de casos de discriminación y éste es un caso de discriminación. Es la verdadera razón por la que soltaron a todos los demás, le detuvieron, y le torturaron en vez de llevarlo a un tribunal para acusarle y permitir que el tribunal decidiera. Esta es la razón por la que tenemos tribunales. Desgraciadamente la policía actuó como juez y jurado porque él era cristiano.

–Lo que usted está tratando es muy delicado porque se trata de la cultura del derecho. ¿Debe ser difícil para usted?

–Gill: Es difícil. A veces me preocupa mi seguridad porque tratas con la policía y los políticos. En otro caso, en Gojra, se asesinó a varias personas. Seis fueron quemados hasta morir y a dos les dispararon. En aquel caso, se acusó a varios musulmanes de vandalismo y del asesinato de cristianos. Se trataba de un conflicto en el que una familia cristiana tenía una disputa con una familia musulmana. La familia musulmana decidió hacerlo público y básicamente presentó cargos formales de profanación del Corán contra la familia cristiana. Esto se anunció en la mezquita. Se reunió una multitud, les quemaron y asesinaron.

–Cuando hay tensiones internacionales, por ejemplo en Irak o Afganistán, ¿afectan a su entorno, a las relaciones locales entre cristianos y musulmanes?

–Gill: Veinte años o más de leyes contra la blasfemia en Pakistán han inculcado en la gente que el castigo por insultar el islam es la muerte. Así que, más que ir a los tribunales, la gente se ha tomado la justicia por su mano. Ahora, llegados a este punto: el islam es también una comunidad orientada hacia la religión, que es algo muy bueno, pero, al mismo tiempo, cuando ven estas guerras contra otros estados musulmanes como Irak y Afganistán, sienten una responsabilidad y solidaridad con estos musulmanes e intentan exigir venganza contra los cristianos locales, porque perciben a estos cristianos como agentes norteamericanos. Este es un factor que es importante considerar para comprender por qué se da un aumento de violencia contra los cristianos.

–Hemos estado hablando mucho sobre las dificultades pero también debe haber historias de ayuda entre las comunidades musulmanas y cristianas o quizá historias en las que los musulmanes han acogido a los cristianos en sus casas cuando han sido atacados o han estado en dificultades.

–Gill: Hay muchas ONGs musulmanas. Son generosas y quieren ayudar pero, al mismo tiempo, que quieren ayudar a los cristianos y a otras minorías, tienen que ir contra sus conciudadanos musulmanes, lo que también amenaza su existencia. Así que básicamente sólo las organizaciones cristianas representan a estas víctimas. Algunas organizaciones musulmanas trabajan con organizaciones cristianas para dar asistencia a los cristianos.

–¿Así que una organización como la suya no sólo juega un papel jurídico, sino también un papel de defensa que es importante para presionar más, por ejemplo, al gobierno paquistaní para que respete las leyes, y respalde las leyes a favor de todas las minorías de Pakistán?

–Gill: El American Center for Law and Justice proporciona asistencia legal a organizaciones paquistaníes que trabajan con él. También hemos escrito una petición a las Naciones Unidas, declarando que todos estos incidentes son una violación del derecho internacional y Pakistán está obligado a observar las leyes internacionales sobre derechos humanos. Y sí, estamos implicados en el debate público y, hace poco, hemos tenido una reunión con funcionarios de la embajada de Pakistán y les hemos puesto al corriente de estos acontecimientos. Espero que hagan algo para brindar justicia a las víctimas y perseguir a quienes comenten estos actos basándose en la religión.

–Muchos de los cristianos locales se han rendido, han recogido sus pertenencias y se han marchado. ¿Por qué se va la gente joven? ¿Y qué tipo amenaza plantea esto a los cristianos en Pakistán?

–Gill: Es necesario que respaldemos a los cristianos de Pakistán. Y la manera de hacerlo es a través de la educación. Los mejores colegios de Pakistán son los colegios cristianos – católicos y anglicanos. Ambos dan la mejor educación, pero, al mismo tiempo, educan sobre todo a musulmanes. El problema con esto es que si no damos una buena educación a los cristianos, no lograrán buenos puestos de trabajo. Siguen siendo analfabetos. Después no tienen ninguna influencia en la sociedad y son blancos fáciles. Y al volverse blancos fáciles es fácil explotarlos porque no pueden responder. No pueden plantar cara. No pueden defenderse.

–¿Hay esperanza para los cristianos? ¿Hay esperanza para su país?

–Gill: Sí, tengo esperanza pero, por supuesto, tenemos que rezar por todo esto. Necesitamos muchas oraciones por ambos, cristianos y musulmanes de Pakistán. Especialmente oraciones por los musulmanes para que Dios les dé discernimiento, conocimiento y espíritu de tolerancia y creo que esto sólo puede lograrse con el poder del Espíritu Santo. Después, es necesario que eduquemos y respaldemos a los cristianos locales para que puedan aguantar.***

APÉNDICE II, SOBRE ASIA BIBI

ISLAMABAD, 28/11/2010 (El País, EFE, La Razón /ProtestanteDigital.com)

El indulto del Presidente paquistaní a Asia Bibi (que aún sigue en prisión) ha sido respondido con manifestaciones de radicales en contra de esta decisión, pidiendo que se aplique la “ley antiblasfemia”. Un cristiano evangélico (presbiteriano) de 22 años ha sido asesinado en la ciudad de Godhpur.

Como ya informamos en otra noticia el presidente de Pakistán ha perdonado la vida a la campesina cristiana Asia Bibi, eliminando así el riesgo de ser condenada a morir en la horca, el castigo máximo que contempla la legislación del país por insultar a Mahoma. Las voces de la comunidad internacional clamando que fuera indultada se intensificaron en los últimos días, tanto de entidades protestantes como católicas (con intervención incluida del Papa). El perdón de la pena de muerte fue anunciado a la cadena CNN por el gobernador de Punjab, Salma Taseer. «No va a ser víctima de esta ley» contra la blasfemia, aseguró. Bibi, de 45 años, fue acusada de insultar al profeta y de cuestionar el Corán durante una acalorada discusión con unas compañeras de trabajo musulmanas, después de que estas se negaran a beber de un cubo que Bibi había tocado. Pakistán nunca ha ejecutado recientemente a un acusado por blasfemia, y este tipo de casos suelen resolverse sin sangre cuando se elevan ante un tribunal superior. La gracia, sin embargo, no cambiará el Código Penal paquistaní, donde el 96% de sus habitantes son musulmanes. Y tampoco está claro que Bibi –aunque de momento haya salvado su vida- vaya a ser puesta a corto plazo en libertad, tras 15 meses encarcelada. Su abogado ha presentado un recurso contra la sentencia ante el Tribunal Supremo que está pendiente de resolución. Está también por ver cuál será la reacción al presunto perdón presidencial de los militantes musulmanes más extremos. Ante el temor a que se produjeran disturbios, Bibi fue trasladada a un lugar seguro, por miedo a que su vida pueda correr peligro si los extremistas “aplican la ley” por su cuenta durante su encarcelamiento.

MARCHA ISLAMISTA Una marcha convocada por grupos religiosos islámicos extremistas partió esta pasado sábado 27 de noviembre de Islamabad para exigir que el Gobierno no derogue la ley antiblasfemia ni conceda el indulto a Asia Bibi, entre otras demandas.Un portavoz del Movimiento Suní aseguró que los manifestantes partieron de Islamabad y llegaron a la vecina ciudad de Rawalpindi pese al gran despliegue de fuerzas de seguridad. El portavoz del Movimiento Sufí cifró en 8.000 las personas que forman la marcha, pero una fuente de la Policía de Islamabad rebajó el número de manifestantes a unos centenares.

ASESINAN UN CRISTIANO POR «BLASFEMIA»

Se llamaba Latif Masih, tenía 22 años y pertenecía a la Iglesia protestante (presbiteriana). Abrió una tienda de telefonía móvil en su pueblo, Godhpur, en la región paquistaní del Punjab. Para la familia, no hay dudas: un vecino llamado Ijaz Ahmed, hijo del ayatolá de la aldea, quería quedarse con el negocio. Tras varias agresiones físicas sin motivo alguno, a finales de mayo la Policía le fue a detener. Le llevaron ante el juez del distrito. ¿La acusación? Había sido visto quemando hojas del Corán. Latif permaneció cinco meses en prisión provisional hasta que el denunciante, el propio Ijaz Ahmed, dudó en una declaración judicial. Aun así, al cristiano se le impuso una fianza. Volvió a su pueblo a primeros de noviembre. Como relata su madre, Masih Rubina Bibi, dos hombres armados con pistolas se acercaron hasta la casa y le conminaron a que los acompañara. Latif, resignado, los siguió. No se alejaron mucho, sólo unos pasos, antes de dispararle cinco tiros. Los asesinos huyeron en una moto. «Había varios policías en la calle, pero no intentaron detenerlos», se quejaba su madre, testigo de la brutalidad.El jefe de la Comisaría local, Rafique Ahmed, se encoge de hombros: «Ningún buen musulmán tolera a un blasfemo». La tragedia de Latif puede repetirse en el caso de Asia Bibi. Como advertía Fides, Tahira Abdullah, musulmana y activista de derechos humanos, aunque el presidente Zardari haya concedido el indulto, «Asia saldrá de la cárcel, pero su vida estará en grave peligro. Los líderes radicales islámicos dirán que una culpable de blasfemia ha sido liberada y querrán hacer justicia por su cuenta. Cualquiera puede matarla porque a quienes defienden el nombre del Profeta se les otorga el paraíso». ***

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