Mons. Siluan «Un cristiano debe estar a favor de la vida «

“Un cristiano, sea cual fuere su iglesia, debe estar a favor de la vida y en contra del aborto”

miércoles 28 de septiembre de 2011 Salta

En una visita pastoral llegó hasta nuestra ciudad el obispo de la Iglesia Ortodoxa Antioquena , Su Eminencia Siluan Muci, Metropolita de Buenos Aires y de la Iglesia Ortodoxa de la Argentina.

Hombre joven, Siluan Muci nació en Maracay, Venezuela, en 1967, aunque en su infancia su familia regresó al Líbano, donde concluyó sus estudios secundarios en la escuela La Sagrada Familia de Trípoli. En 1985 obtuvo en esa ciudad el título de ingeniero en electrónica, de la Universidad Jesuita de Beirut, siendo la informática su especialidad. Por entonces trabajó en administración de empresas y análisis de sistemas en fundaciones económicas en Beirut y París, y formó parte de la Unión de la Juventud Ortodoxa en el Mina (Trípoli) y en el Mansourieh (Monte Líbano) entre los años 1983 y 1994. “Siempre sentí la necesidad de trabajar para Dios, hasta que un día decidí hacerme sacerdote”, cuenta el ahora obispo.

En 1995 cursó el primer año de sus estudios teológicos en el Instituto San Sergio de París, Francia, y los continuó en la Facultad de Teología de la Universidad de Tesalónica, Grecia, concluyendo su licenciatura en Teología. En 1996 fue ordenado diácono por Juan Mansur, pastor de la Arquidiócesis de Latakia. En el 2000 fue ordenado sacerdote con el rango de archimandrita. Desde su ordenación sacerdotal, sirvió en la Arquidiócesis de Alepo y asumió tanto las responsabilidades administrativas como las pastorales: fue vicario del Metropolita, encargado del sitio web de la Arquidiócesis y también de la dirección de la revista “Evangelización”, rector de la catedral de San Elías y párroco de la iglesia de San Pedro y San Pablo. Pero el 4 de octubre de 2006, fue electo Metropolita de la Arquidiócesis de Buenos Aires y la República Argentina , en la reunión del Santo Sínodo de la Sede Antioquena , en el Monasterio de San Elías Shoueia del Líbano. Once días después, se realizó su consagración episcopal, presidida por Ignacio IV, en la catedral de Nuestra Señora en Damasco, Siria. En diciembre de ese año, durante la Divina Liturgia concelebrada por ocho arzobispos venidos de Medio Oriente y de Latinoamérica, monseñor Siluan fue entronizado en su sede de Buenos Aires.

Una iglesia pequeña

“La nuestra es una iglesia pequeña, por lo que nuestras acciones son también limitadas. Sin embargo, no somos ajenos a una realidad en la que la drogadicción, la violencia y la falta de respeto por la vida hacen necesaria la fuerza del mensaje de Cristo”, dice el sacerdote.

En Salta, el templo ortodoxo de la calle Pellegrini es parte de la vida de la ciudad. Los incontables descendientes de sirios y libaneses que viven en la provincia conocen sus pasillos amables y mucho de su vida social se ha resuelto entre sus muros. Monseñor Siluan cuenta que estas pequeñas parroquias se reparten a lo largo de la Argentina, y que están abiertas no sólo para los descendientes de sirios y libaneses. “Son los jóvenes a quienes debe llegar un mensaje de esperanza”, dice. “Aún en medio de la violencia de la pobreza, he visto gente que abre su corazón y así encuentra para otros una vía de salvación. Y eso es lo que debemos rescatar: el amor; el poder transformador del amor”. Según señala el sacerdote, es la esperanza el común denominador de todos los cristianos alrededor del mundo.

La Iglesia de Antioquía es la continuación de la comunidad cristiana fundada en Antioquía por los apóstoles Pedro (que sirvió como su primer obispo) y Pablo, los cuales son sus patronos. La historia temprana de la Iglesia de Antioquía es detallada en los Hechos de los Apóstoles, donde, en actos 11:26, el apóstol Lucas registra lo que pasó en esta cuidad donde se les llamó “cristianos” por primera vez. El asiento del patriarcado anteriormente estuvo en Antioquía (Antakya), en lo que ahora es Turquía. Pero actualmente se sitúa en Damasco, Siria, donde reside el patriarca Ignacio IV (Hazim), de Antioquía y todo Oriente.

El poder del amor

“Argentina tiene todo para ser una país grandioso, sobre todo su gente”, dice el obispo, a la que describe como “una brasa, y si alguien se acerca con amor, prende fuego y brilla”.

Sin embargo, Muci señala la necesidad de hacer frente a la posibilidad de que se sancione una ley que legitime el aborto en el país. “Como cristianos, tenemos que estar a favor de la vida. Todos los cristianos, sea cual fuere la Iglesia a la que pertenezca, debe apoyar a la vida como principio esencial de su fe”, arenga el sacerdote ortodoxo.

Una posición similar asume respecto al matrimonio igualitario, al que su Iglesia no acepta como tal. “La familia está constituida por un hombre y una mujer, no por dos hombres o dos mujeres. Así Dios instituyó la sociedad humana desde un principio. Nosotros no aceptamos al llamado «matrimonio igualitario’ porque no creemos que sea tal, pero tampoco aceptamos marginar al diferente”, dice finalmente.

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