Mons. Kaigama: “No nos dejen solos o Nigeria será destruida”

Rímini (Italia) (AICA): Durante el primer día del XXXIII Encuentro “por la Amistad entre los Pueblos” -organizado por el movimiento Comunión y Liberación en la ciudad de Rímini, Italia, del 19 al 25 de agosto-, los participantes centraron su mirada a la situación en África. El arzobispo de Jos y presidente de la Conferencia Episcopal de Nigeria, monseñor Ignatius Kaigama, narró a los participantes la vida cotidiana de los cristianos en Nigeria que, sobre todo en los estados del Norte, “viven constantemente con miedo” porque los extremistas de Boko Haram golpean principalmente a víctimas inocentes, a menudo fieles que están en misa. “Presionen a sus gobiernos, no nos dejen solos porque de otro modo Nigeria será destruida”, exhortó el prelado.
Durante el primer día del XXXIII Encuentro “por la Amistad entre los Pueblos” -organizado por el movimiento Comunión y Liberación en la ciudad de Rímini, Italia, del 19 al 25 de agosto-, los participantes centraron su mirada a la situación en África.

El arzobispo de Jos y presidente de la Conferencia Episcopal de Nigeria, monseñor Ignatius Kaigama, narró a los participantes la vida cotidiana de los cristianos en Nigeria que, sobre todo en los estados del Norte, “viven constantemente con miedo” porque los extremistas de Boko Haram golpean principalmente a víctimas inocentes, a menudo fieles que están en misa.

“¡Presionen a sus gobiernos, no nos dejen solos porque de otro modo Nigeria será destruida!”, exhortó el prelado.

“El martirio de Nigeria: Tenemos necesidad del milagro de Dios”, fue el tema que expuso el arzobispo de Jos, quien se convirtió en el símbolo de esta tragedia y de la resistencia de la Iglesia en Nigeria. Incluso la sede del arzobispado mismo de monseñor Kaigama fue atacado y desde principios de año se cuentan ya casi 800 muertos.

“Es necesaria una respuesta por parte de la comunidad internacional –subrayó- y es necesario concentrar los esfuerzos para garantizar la libertad religiosa a los nigerianos”.

También se refirió el prelado a los jóvenes cristianos de su diócesis que exasperados “piden a la Iglesia dinero para comprar armas para vengarse y combatir contra los musulmanes. Pero yo les digo que no soy un guerrero. Mi función es promover la paz”.

Una paz también amenazada por las dificultades en las que vive la población. Así que la Iglesia local se ocupa también de “agua, sanidad, servicios. Recorro las aldeas, me siento un poco asistente social mientras los funcionarios del gobierno permanecen en sus oficinas con aire acondicionado”.+

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