Monarquía Hispánica

Monarquía Hispánica, históricamente denominada Monarquía Católica[1] o Monarquía de España,[2] se refiere al conjunto de territorios con sus propias estructuras institucionales y ordenamientos jurídicos, diferentes y particulares, y que se hallaban gobernados por igual por el mismo soberano,[3] el monarca español, a través de un sistema polisinodial de Consejos.

El soberano español actuaba como rey (y en su caso con el correspondiente título nobiliario), según la constitución política de cada «Reyno, Estado y Señorio»,[2] y por tanto, su poder variaba de un territorio a otro, pero actuaba como monarca de forma unitaria sobre todos sus territorios.[4]

La Monarquía incluía las coronas de Castilla (con Navarra y los territorios de Ultramar) y Aragón (con Sicilia, Nápoles, Cerdeña y el Estado de los Presidios), Portugal entre 1580 y 1640, los territorios del Círculo de Borgoña excepto 1598-1621 (Franco Condado, Países Bajos, más aparte Charolais), el ducado de Milán y el marquesado de Finale.[5] [6]

Su extensión temporal es utilizada de forma diversa según la voluntad del autor que use la expresión: usualmente entre el comienzo del reinado conjunto de los Reyes Católicos[7] [8] en 1479 (también puede retrasarse su comienzo al inicio del reinado de Felipe II[9] ) y el final con los tratados de Utrecht y Baden (1713-1714) y los Decretos de Nueva Planta (1707-1716),[10] que produjeron una ruptura en el sistema implantando una mayor homogeneidad y centralización política, relegando el sistema polisinodial.[11] [12] Desde entonces, las denominaciones de monarquía hispánica o católica han permanecido para designar a la monarquía española durante el Antiguo Régimen a lo largo del siglo XVIII.

Monarquía Hispánica, históricamente denominada Monarquía Católica[1] o Monarquía de España,[2] se refiere al conjunto de territorios con sus propias estructuras institucionales y ordenamientos jurídicos, diferentes y particulares, y que se hallaban gobernados por igual por el mismo soberano,[3] el monarca español, a través de un sistema polisinodial de Consejos.

El soberano español actuaba como rey (y en su caso con el correspondiente título nobiliario), según la constitución política de cada «Reyno, Estado y Señorio»,[2] y por tanto, su poder variaba de un territorio a otro, pero actuaba como monarca de forma unitaria sobre todos sus territorios.[4]

La Monarquía incluía las coronas de Castilla (con Navarra y los territorios de Ultramar) y Aragón (con Sicilia, Nápoles, Cerdeña y el Estado de los Presidios), Portugal entre 1580 y 1640, los territorios del Círculo de Borgoña excepto 1598-1621 (Franco Condado, Países Bajos, más aparte Charolais), el ducado de Milán y el marquesado de Finale.[5] [6]

Su extensión temporal es utilizada de forma diversa según la voluntad del autor que use la expresión: usualmente entre el comienzo del reinado conjunto de los Reyes Católicos[7] [8] en 1479 (también puede retrasarse su comienzo al inicio del reinado de Felipe II[9] ) y el final con los tratados de Utrecht y Baden (1713-1714) y los Decretos de Nueva Planta (1707-1716),[10] que produjeron una ruptura en el sistema implantando una mayor homogeneidad y centralización política, relegando el sistema polisinodial.[11] [12] Desde entonces, las denominaciones de monarquía hispánica o católica han permanecido para designar a la monarquía española durante el Antiguo Régimen a lo largo del siglo XVIII.

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